El Fondo Monetario Internacional

Charles Ripley

Estamos escuchando mucho sobre el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta institución es parte de la controversia en la huelga magisterial nicaragüense. Los maestros reclaman mejores salarios mientras que el presidente Bolaños arguye que no puede aumentarles porque aumentaría el déficit presupuestario y habría represalias impuestas por el FMI.

Sin embargo, antes de analizar la situación actual tenemos que entender el desarrollo histórico de esta institución controvertida.

El FMI (también con el Banco Mundial y las primeras etapas de la Organización Mundial de Comercio) nació en Bretton Woods, New Hampshire, en 1944. Su meta inicial fue evitar otra crisis como la Gran Depresión que plagó al mundo antes de la Segunda Guerra Mundial. Basado en ideas económicas de liberales como John Maynard Keynes, el papel del FMI era mantener un estable tipo de cambio entre los países miembros, ayudar financieramente a miembros cuando tuviesen un déficit comercial e imponer restricciones en los países que prestasen o gastasen demasiado (un concepto liberal, por ejemplo, es que gastar mucho dinero en la economía causa galopante inflación).

Irónicamente, los participantes del Bretton Woods no enfocaban en los países subdesarrollados. Se preocupaban de las economías destruidas por la guerra devastadora. (El nombre original del Banco Mundial fue el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento). De hecho, durante los cincuenta, Gran Bretaña había recurrido al FMI, tanto que a través de los sesenta y setenta tenía que seguir aplicando ajustes estructurales.

Sin embargo por la necesidad fuerte de los países subdesarrollados, la institución empezó a enfocar en países africanos y latinoamericanos. Tales países han estado prestando dinero de las reservas disponibles del FMI. Con esta “aprobación”, otras instituciones como el Banco Mundial y bancos privados reciben una luz verde para prestar más.

La controversia sale a la superficie cuando un país tiene que llevar a cabo las condiciones vinculadas a los préstamos. Las condiciones pueden ser, por ejemplo, la liberalización económica —la que trae consigo una economía abierta sin restringir la competencia extranjera—, y/o cortes presupuestarios.

A veces tal receta económica puede ser necesaria. Pero otras veces puede ser desastrosa. Un ejemplo es Kenya, un país que después de seguir reformas de liberalización bancaria experimentó una quiebra titánica de catorce bancos, la que causó un desastre económico para el país empobrecido. El país africano no estaba listo para la competencia bancaria. Y hubo manifestaciones masivas en el Medio Oriente cuando condiciones cortaron subsidios al pan, un producto de primera necesidad para la gente. El presidente Mubarak de Egipto lo motejó: “El Fondo Internacional de Miseria”.

Ahora tenemos una crisis escolar en Nicaragua. Aunque manifestaciones se pueden calmar por medio de despidos, la realidad de salarios horribles e insultantes persiste.

¿Cuál es la solución? Los países dominantes del sistema financiero —básicamente Estados Unidos, el único país que tiene el poder de veto en el FMI— tienen que ser más flexibles y menos dogmáticos. Aunque los burócratas que hacen la política no sufren los sacrificios, ellos pueden tener empatía para los maestros y médicos que son claves para el desarrollo de este país.

Cuando tengan, podemos cumplir la meta inicial del FMI: estabilidad.

El autor es profesor de idioma

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