Carlos René Ramírez
Frecuentemente escuchamos que es urgente y necesario “combatir la pobreza”, pero pocos coinciden en señalar que la pobreza está enraizada en el sector rural donde vive la mayoría de la población nacional. La brecha entre ricos y pobres se ensancha cada día estimulada por las precarias condiciones del que no tiene recursos.
El hombre del campo es el que sufre diariamente el tormento de su pobreza intelectual y económica porque no ha recibido el apoyo que dentro del concepto de que “el Estado es el gestor del bien común”, los resultados son evidentes: analfabetismo, desnutrición, insalubridad, sin acceso al crédito agrícola, proclive a la explotación de los voraces intermediarios que se regocijan al comprarles sus cosechas a precios deshonestos, si les prestan dinero es con intereses de usura y si por malas cosechas no puede pagar les quitan su tierrita, sus animales y hasta sus enseres domésticos (si los tienen).
En los diez años que fungí como vicepresidente de la Organización de Cooperativas de América (OCA) visité muchos países del continente americano y Europa, observando los ejemplos de organizaciones cooperativas de toda índole como verdaderas empresas autogestionarias competitivas con las empresas mercantilistas.
El problema en Nicaragua radica en nosotros mismos hemos desprestigiado el cooperativismo, haciendo —como en la década perdida— organizaciones que no eran verdaderas cooperativas y que los pseudosdirigentes, especialmente los gerentes y administradores, robaron y expoliaron a los asociados. Eso a pesar del maravilloso ejemplo que existe y que pude constatar en Israel, de la experiencia extraordinaria en Costa Rica donde hay un movimiento cohesionado de economía social con el apoyo estatal y especialmente del gobierno de don Luis Alberto Monge, en su época y en reconocimiento el cooperativismo tico lo designó como presidente honorario vitalicio del movimiento cooperativo.
La pobreza rural se combate con todos los elementos del desarrollo rural, con coordinación, devoción y mística.
Y ante la imposibilidad de atender al campesino individualmente, debemos organizarlos en cooperativas con gestión empresarial, sin la demagogia de los años ochenta, sin politización, promoviendo a la gente que reúna los dos factores del éxito: 1) Factor de trabajo; 2) Factor de honradez. Además, los que dirijan el entorno de promoción, capacitación, etc., deben ser personas honestas, incorruptas y que nunca hayan afectado a los campesinos de cualquier forma.
El autor es experto en cooperativismo agrícola