Jorge Eduardo Arellano
Doña Magdalena Úbeda de Rodríguez, la nueva Directora del Instituto Nicaragüense de Cultura, ha cultivado la disciplina intelectual. Pero la generación joven —y no tan joven— desconoce este aspecto de su personalidad, como tantos otros de muchos valores nicaragüenses. Fogueada en la política, también ha ejercitado la pluma con vigor lapidario. No sólo en artículos, sino en poemas (conozco, al menos, su Canción del retorno y La Paula), aparecidos en La Prensa Literaria, donde fueron muy apreciados por Pablo Antonio Cuadra (1912-2002) y otros amigos y admiradores.
Con gran entusiasmo, José Francisco Borgen (1909- 1982) me habló de ella en los años sesenta. En la siguiente década, un par de ocasiones la visité en su casona de Estelí, ciudad que hizo suya y ama a partir de su traslado de La Concordia, Jinotega, tal como figura en la primera obra de referencia que le dedica unas justas líneas: el Diccionario biográfico histórico de Managua (León, Editorial Hospicio, 1945, p. 106) de Gratus Halftermeyer.
En esta modesta obra se estampa su fotografía dieciochoañera y algunos breves datos curriculares que es necesario difundir. “Alumna aventajada del Colegio Sagrado Corazón de su ciudad natal, obtuvo brillantemente su título de Maestra de Educación en la Escuela Normal de doña Chepita Toledo de Aguerri (1866-1962) en marzo de 1945, ganando la nota más alta entre sus compañeras. Escribe con galanura de estilo, y a pesar de su juventud ya se ve en ella la juiciosa escritora que algún día ha de ir más allá”. Y el cronista capitalino no estaba equivocado.
En la inédita monografía Estelí y sus aspectos culturales (1979), que tutorié a Mercedes Ubau Torres y Berenice Pineda Uriel, se refiere su esclarecida inteligencia, mentalidad superior y noble alma diáfana, más su fecha de nacimiento: el 12 de junio de 1928. Y añaden las coautoras: “Desde muy joven se trasladó a Managua, en donde completó el bachillerato e ingresó a la Universidad Central para realizar estudios de Derecho interrumpidos al clausurarse dicho centro de estudios. Pasó a la efímera Universidad Libre y fue en esos años que comenzó a trabajar como Maestra de Educación Primaria”. Entonces al magisterio lo presidía una entrega ejemplar.
En Estelí, sobre todo, su vocación magisterial y letrada adquirió matices relevantes. Volviendo a la aulas universitarias, obtuvo el título de Profesora en Educación Media en la Universidad Centroamericana e impartió clases de Literatura en el Centro Regional del Norte.
Su trayectoria posterior, más o menos reciente, es conocida. Así se ha divulgado en estos días. Yo sólo quisiera felicitar al presidente Bolaños por el nombramiento que hizo en la persona de doña Magdalena y recordar que la escritura y firma poética ella las lleva en su sangre. Pues es hija del famoso “Maese Úbeda”, personaje incorporado —y descrito magistralmente— a la novela Cosmapa (1944).
Con motivo del sesenta aniversario de la edición príncipe de este clásico de nuestra literatura, Fernando Solís Borge recordó que el poeta y erudito chinandegano Miguel Ángel Úbeda —padre de doña Magdalena— desempeña un doble papel: como representante de la clase media —es él oficinista de la hacienda bananera Cosmapa— y de la intelectualidad que surge de ese estrato: un bohemio trasladado al entorno rural; desbordante mestizo, coopera con el personaje central —Nicolás Guerrero— para pulir y dar brillo a la protagonista: Juana Corrales.
El suscrito confía en la capacidad de la nueva titular de Cultura para asumir eficientemente su responsabilidad oficial.
El autor es académico de la Lengua