Peter R. Bernal
Los mejores discursos de toma de posesión han sido definidos por frases: John F. Kennedy es recordado por aquélla de “no te preguntes lo que tu país pueda hacer por ti sino lo que tú puedas hacer por tu país”. Abraham Lincoln, por estas palabras pronunciadas en 1865: “Con malicia hacia ninguno, con caridad hacia todos, con firmeza en lo que es correcto según Dios nos lo hace ver, esforcémonos para terminar la tarea en la que ya estamos, cerrar las heridas de la nación…” Lincoln mantuvo la Unión con lo que él llamo “sangre y valor”. George W. Bush se suma a esos grandes y añade: “Sepan todos los que viven bajo una tiranía y en la desesperanza: Estados Unidos no olvidará vuestra opresión”. Esta declaración me recuerda a otros como Woodrow Wilson, Ronald Reagan y el propio Kennedy que se destacaron por confrontar cualquier sufrimiento, apoyar a países amigos y enfrentarse a enemigos con tal de garantizar la supervivencia o el triunfo de la libertad.
Los estadounidenses describen su nación como el más grande país del mundo. Su política exterior se basa en que por naturaleza son hombres y mujeres con ciertos valores. La doctrina cristiana ha sido parte de su estilo de vida desde los días de su fundación, el amor a Dios y al prójimo, el estar dispuestos a extender la mano a los necesitados, los oprimidos, los olvidados no importa en qué región del mundo los haya sorprendido alguna tragedia. En las inauguraciones de los 43 presidentes de este país se ha utilizado la Biblia para el juramento y se ha pedido a algún clérigo que invoque el favor divino. El más utilizado por demócratas y republicanos lo ha sido últimamente el doctor Billy Graham. Este año la inauguración la inició el reverendo Luis León, ministro de la histórica Iglesia Episcopal San Juan (la iglesia de los presidentes), un cubano nacido en Guantánamo, Cuba, que vino a EE.UU. con los “Pedro Pan” al igual que el senador Mel Martínez.
Retomando el discurso de Bush, éste dijo: “La supervivencia de la libertad en nuestra tierra depende cada día más de la libertad en otras tierras”. Aplaudo la idea, pero hay que enfrentar la realidad a este reto histórico del Presidente.
Con todo respeto, quiero recordar algunas de esas tierras donde todavía no existe plenamente la libertad, sean o no amigas de EE.UU., entiéndase China, Cuba, Corea del Norte, Vietnam, Bielorrusia, Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Kuwait, principados de los Himalaya, el mismo Pakistán y qué decir de la región donde se derrama sangre de ambos lados, en Irak, donde el domingo pasado hubo una elección cuyo resultado no sabemos qué traerá y donde el extremismo religioso sobrepasa todo entendimiento o comprensión. ¿Qué puede suceder teniendo en cuenta ese panorama? ¿continuará Irán su escalada armamentista y sus vínculos con los extremistas? ¿de Siria, que? ¿y el conflicto israelí-palestino? ¿y qué del sufrido pueblo libanés rodeado de tirios y troyanos?
La administración Bush se ha proyectado primordialmente como de política exterior y la Presidencia como una de guerra. Le corresponde continuar los esfuerzos realizados hasta el momento, añadiendo componentes nacionales. Por ejemplo, “Freedom House”, una organización especializada en asuntos de violación de los derechos humanos y que disfruta de enorme prestigio, considera 89 países con el 44 por ciento de la población mundial como libres, pero 54 son clasificados como “parcialmente libres” y otros 49 como “los no libres”. Increíble, el 56 por ciento de los terrícolas no son totalmente libres. Hace poco se colocó a Rusia entre “los no libres” por la concentración del poder en manos de Putin.
El ejemplo que está siguiendo Bush con sus declaraciones tiene raíces en el fundador puritano/calvinista de Boston, John Winthrop, acerca de que EE.UU. tiene un papel a jugar en la propagación de la libertad a nivel mundial. Ahora bien, Bush se ha convertido en el primero en declarar en un acto público de la magnitud de una toma de posesión, siendo el primer hijo de un ex Presidente que ha logrado la reelección (ni John Quinci Adams pudo) que EE.UU. no puede disfrutar de seguridad mientras otras naciones no tengan libertad, palabra que utilizó 27 veces. En enero se cumplió el cuarto centenario de la publicación de Don Quijote de la Mancha, la máxima expresión de nuestra literatura. En ella el Quijote le dice a Sancho: “La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; por la libertad y la honra se puede y se debe aventurar la vida”. ¿Qué tal? Soy optimista, las condiciones en Irak, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Rusia y, por qué no, hasta en la China pueden cambiar de rumbo. Poco probable, pero posible.
El autor es analista político.