Vencedores, los iraquíes

Roberto Solórzano Chacón*

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Vencedores, los iraquíes


Roberto Solórzano Chacón*




Mientras en Nicaragua, la noche del 29 de enero del 2005 nos cobijaba con un agradable frescor, la madrugada del 30 abría el cielo iraquí con los rayos de la esperanza y la ansiedad. Esperanza porque el mundo, sobre los hombros de Irak, deseaba ver una respuesta cívica y resolutiva contra la guerra, el dolor y la muerte; ansiedad, porque las amenazas de 400 carros bombas contra las instalaciones de votación por parte de las fuerzas extremistas y su chantaje para que los ciudadanos no salieran a votar, permitía especular sobre si la fiesta cívica del pueblo iraquí podía convertirse en una fecha conmemorativa de sangre.

Gracias a Dios, la fiesta se impuso y de los catorce millones de iraquíes inscritos para votar, entre el 60 y 70 por ciento lo hicieron, a pesar que los carros bombas —en número limitado— estallaron, los cohetes cruzaron los cielos de Bagdad y los traqueteos de las AK-47 se dejaron oír. Según reportes de CNN y Fox News, en los lugares de mayor conflicto como fue Fallujah, donde recientemente se libró una sangrienta batalla, más del 95 por ciento de los votantes inscritos ejercieron su derecho. El porcentaje promedio general de un poco más del 60 por ciento se debe a que en las zonas sunnis, el porcentaje de voto fue mucho menor, así como el voto de los exiliados y los que viven en el exterior, donde sorprendentemente se calcula fue del 25 por ciento solamente.

Pero lo importante en este evento es que de forma valiente y no violenta, la población iraquí le dejó saber a sus compatriotas, a sus vecinos, al mundo árabe y a todo el universo, que prefieren vivir bajo el amparo de la democracia y no bajo “la verdad” que unos pocos desean imponer por la fuerza sobre la mayoría. La imperfección de la democracia es preferible para ese heroico pueblo que la perfección prometida por las fuerzas de la dictadura. Esto es considerablemente más significativo cuando se toma en cuenta que estas son las primeras elecciones libres en su historia.

El presidente Bush compareció ante las cámaras televisivas brevemente el domingo 30 de enero evitando las acostumbradas sesiones de preguntas y respuestas que normalmente siguen a sus declaraciones. De forma sencilla, sin arrogancia ni triunfalismo, agradeció al pueblo iraquí por su heroico actuar, así como a los valientes candidatos para ejercer cargos de responsabilidad y sobre todo para darle su más sentido pésame a las familias de los caídos civiles y militares iraquíes y soldados estadounidenses que con su sangre han garantizado una oportunidad de libertad y democracia a un pueblo que ha demostrado que se la merece.

Recientemente se ha calificado la política de EE.UU. hacia Irak desde acertada hasta grave, así como el actuar del presidente Bush al aplicar dicha política. La izquierda organizada hizo lo posible para avergonzar a aquellos que apoyábamos al presidente Bush. Hoy, tienen que aceptar que el grito democrático salido de la garganta de Irak, valida en gran parte dicha política, la que, contra adversarios magníficos (Francia, Hollywood-Michael Moore, senador Kerry, entre otros), George W. Bush supo mantener y hacer prevalecer, no para gloria de Estados Unidos de América, sino para victoria de los iraquíes, los verdaderos héroes. Que el Dios de Muhammad, el Dios de Israel y de los cristianos, bendiga a tan admirable pueblo.

* El autor es empresario

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