- Aún por investigarse, el desarrollo de la fotografía en Nicaragua —cuando se escriba— se revelará uno de los aspectos culturales más interesantes del país. Ya se dio un paso previo: el primer álbum —inédito— sobre el tema, originado de un Concurso de Fotografías Antiguas en 1885. ¿Su autor? Luis Morales Alonso pero falta mucho por hacer. En este sentido, con las siguientes líneas deseamos contribuir al conocimiento histórico de ese desarrollo
Jorge Eduardo Arellano
Casi todas las muestras que se rescataron ese año sobrevivieron a las catástrofes humanas y naturales que han asolado Nicaragua y se incorporaron a dicho álbum, procedente del citado concurso en el que participamos como miembros del jurado calificador, acompañados de Franco Peñalba, Américo González y Alfonso Zamora, los tres últimos destacados fotógrafos profesionales. Tal evento, además, nos motivó para remontarnos a los orígenes de ese arte moderno que tuvo sus inventores en el francés Louis-Jacques-Mandé Daguerre (1839) y el inglés A. Fox Talbot (1841), el primero creador de la placa metálica o daguerrotipia y el segundo de la reproducción sobre papel o talbotipia.
Al respecto, el doctor Francisco Mena Guerrero ha sido el único de los nicaragüenses que ha historiado los albores de la fotografía en su trabajo Revisando la historia (Estudios Centroamericanos), San Salvador, num. 128, julio, 1958, pp. 285-288). Ahí también reprodujo una colección de retratos —personajes históricos, sobre todo franceses— tomados directamente o de óleos famosos, recibida como herencia de su abuelo materno. Éste la había adquirido en París, ciudad a la que visitaba, en 1869.
Para entonces, el invento de Daguerre ya era conocido en el país que, librado del expansionismo filibustero, iniciaba una nueva época de verdadera paz reconstructiva y republicana. Así lo revela una “Tarifa decretada el 5 de agosto (de 1867) del derecho de internación que debe pagarse sobre cada libra de peso español que contengan los artículos comprendidos”, entre ellos —especificaba— “Daguerrotipos con sus últiles i cualquier instrumentos para tomar retratos”.
UNA COLECCIÓN PIONERA
Por otra parte, la pionera Colección Mena Guerrero incluye numerosos retratos —impresos sobre cartón— de personajes granadinos tomados en París antes de concluir el tercer cuarto del siglo XIX e incluso algunos producidos en talleres de extranjeros radicados en Granada. Nos referimos a dos: los del italiano Antonio Cassinelli, a quien citaremos más adelante; y al francés Ferdinand Sanson.
UN TRABAJO ÚNICO
Mas la historiografía de la materia fue iniciada entre nosotros por el investigador histórico Luis Cuadra Cea en un trabajo único: Palabras fotográficas, el cual se localiza en el libro Hojas de laurel (León, Tipografía Los Hechos, 1931, pp. xxviii-xxx), compilado por el poeta y periodista Atanasio García Espinosa en homenaje al fotógrafo leonés José Santos Cisneros. Se trata de una lista de los primeros nicaragüenses y extranjeros que se dedicaron —por afición o profesionalmente— al arte fotográfico.
LOS PRIMEROS «NICAS»
Los primeros “nicas” que practicaron la fotografía fueron “por el año de 1855” los doctores Gregorio Juárez (1800-1979) y Ramón Cervantes, ambos residentes en León y el primero muy conocido por su sabiduría enciclopédica. “Ellos —especifica Cuadra Cea— aprendieron de las publicaciones de los noveles procedimientos perfeccionados por el físico Daguerre”. Y la fotografía conocida de mayor antigüedad parece ser la que divulga en su libro Granada (Managua, Imprenta Nacional, 1971), el historiógrafo Alejandro Barberena Pérez; correspondiente a la esquina suroeste de la plaza de Granada, data su toma de enero, 1856.
LA CAMERA LUCIDA DRAWINS
Mucho antes de la Guerra Nacional, sin embargo, habían pasado por estos lares el descubridor de las ruinas de Copán, John L. Stephens y su dibujante Frederick Catherwood, norteamericano el primero e inglés el segundo. Pues bien, Catherwood utilizaba una camera lucida drawins: sistema antecesor de la fotografía con la cual numerosos viajeros, corresponsales gráficos y científicos norteamericanos y europeos realizaron dibujos primorosos.
Consistía ese instrumento óptico, inventado en 1807 por William Hyde Wollaston, en un prisma de cuatro caras, montado sobre una base y arriba de una hoja de papel. Acercando el ojo a la orilla superior del prisma, el observador podía ver la imagen reflejada sobre el papel del objeto colocado frente al prisma, de forma que se podía trazar la imagen reflejada. Tal aparato, pues, permitía el dibujo preciso de los objetos.
No vamos a enumerar todas las obras cuyas ilustraciones fueron elaboradas con esta camera. Basta señalar que todavía en 1883 el sueco Carl Bovalius se sirvió de ella para dibujar las estatuas de la isla Zapatera, como lo revela claramente en su Nicaraguan antiquities: “En algunas de esas isletas medimos y dibujamos unos cuantos ídolos, pero desgraciadamente no pudimos utilizar allí nuestro aparato fotográfico. Después de varios días pasados en las isletas y de un corto viaje a Granada en busca de material fotográfico, partí a la isla de Zapatera…” (Managua, Banco de América, 1970, p. 10).
LA NOTICIA MÁS ANTIGUA
Preferimos divulgar el documento más antiguo que conocemos de la existencia de la fotografía en Nicaragua, localizada en una carta del señor J. Miguel Cárdenas y su señora, ambos de Rivas, el 24 de mayo de 1857. Dirigida a su hijo Adán, quien estudiaba en Pavía, Italia. Cárdenas y su esposa le comunican que, cuando se aparezca un fotógrafo, se tomarán retratos para enviárselos. (Véase dicha carta en La Prensa Literaria, 14 de septiembre, 1971).
LOS PRIMEROS DAGUERROTIPOS
Sin duda, esos “retratos” eran daguerrotipos, técnica temprana de la fotografía en el mundo que, al menos en América Latina, tuvo una finalidad: preservar el retrato familiar. Lógicamente, en Nicaragua esta preservación se dio primero en la clase principal. Varios miembros de ella, antes de 1850, solían tomarse daguerrotipos en Europa, sobre todo en París. Fueron los casos de la señora “Luisa Chamorro” y del señor “Fernando Sequeira Luna”, la primera de Granada y el segundo de León, pero arraigado en la segunda ciudad, donde murió en 1862. Ambos, pues, figuran entre los personajes que dejaron daguerrotipos de sí mismos: acaso los primeros de Nicaragua, pues datan de la tercera o cuarta década del siglo XIX.
Afortunadamente, el Concurso de Fotografías Antiguas permitió el rescate de otros dos daguerrotipos que compartieron el primer premio: Jerónima Arce de Fonseca (9 x 12 cm.), madre del heroico combatiente de la Guerra Nacional José Fonseca, y Perfecta Hernández (9 x 12 cm.). Si el primero es un plano medio, el segundo un cuerpo entero; pero ambos —cuyos modelos eran de extracción popular— tienen color y se facturaron en placa sensibilizada al yodo.
LAS PRIMERAS FOTOGRAFÍAS COLECTIVAS
Distinta era la técnica de otro documento gráfico pionero: una de las más antiguas, si no la primera, fotografía en grupo. Tomada en la década de los sesenta del siglo pasado, fecha aproximada que se le atribuye al par de daguerrotipos anteriores, plasma una docena de personalidades políticas nicaragüenses en Puntarenas, Costa Rica, encabezadas por Máximo Jerez (1818-1881) y Pedro Joaquín Chamorro Alfaro (1818-1890).
Su tamaño era el de la llamada “Tarjeta de visita” (Carte-de-Visite) —que popularizó el francés André Disdéri— y fue difundida, considerándola la joya que es, por el escritor y periodista Genaro Lugo (18??-1931) en la revista Recopilación (num. 2, 31 de julio, 1928). Allí Lugo anota que una copia de ella la trajo a Nicaragua, en 1896, Alejandro Zelaya, hijo de una de las personalidades reconocidas en el grupo: el licenciado José María Zelaya (alias “Zelayón”). Y agrega:
“Esa copia se la regaló a don Genaro Lugo el propio don Alejandro. El señor Lugo hizo venir de New Orleans una docena de copias reproducidas de la pequeña fotografía y una de ellas regaló al Presidente de entonces, General don José Santos Zelaya. Una de esas copias la colocó el mismo señor Lugo en un marquito que por mucho tiempo pudo verse en la oficina del Club Liberal Nacionalista que existió en una de las piezas de la casa que ocupa hoy el Sr. Manuel Riguero, casa que perteneció a don Alejandro Remotti. Todos estos detalles se consignan por el interés histórico…”
Con ese mismo interés destacamos la importancia de otra fotografía colectiva, tomada en León en 1865, según dato suscrito al dorso, que se rescató en el Concurso de 1985. Perteneciente a Jorge José Calderón Gutiérrez, plasma en formato de tarjeta de visita tres filas de jóvenes y señores —veinte en total— hasta ahora no identificados; pero tres de ellos, suponemos, deben responder a los nombres de los hermanos José, María, Juan y Camilo Gutiérrez, naturales de Ocotal y residentes en León, de acuerdo con información del propietario.
LOS HERMANOS CHRISTIAN Y PAUL EISENTUCK
Prosigamos nuestra reseña transcribiendo unas líneas del trabajo de Cuadra Cea: “Cinco años después (de 1865) llegan (a la ciudad de León) los hermanos Eisentuck (1860), que también fueron diplomáticos y originaron el famoso reclamo alemán de 1876”. Cónsules del imperio prusiano desde 1870 —añadimos—, se llamaban Christian Morit y Paul, padrastro éste de Franziska von Hedeman, casada con el dentista nicaragüense Francisco Leal. (Los tres aparecen en fotografías tomadas posteriormente al “famoso reclamo”).
De los hermanos Einsentuck —continúa Cuadra Cea— se conservaban retratos de personajes políticos, “así como fotografías de edificios públicos y particulares que nos dan una idea cabal de cómo era la fisonomía colonial de esta Metrópoli en su pasado esplendor de Capital”. Pero debemos aclarar que si los Eisentuck, como afirma el historiador citado, llegaron a León en 1860, dicha ciudad había dejado de ser capital ocho años atrás (en 1852). Y, por otra parte, la “fisonomía colonial” de la misma había disminuido sustancialmente con la destrucción e incendio en 1824 de mil casonas ubicadas en su área central; de tal manera que todavía en 1850 se hallaba —como le testimonia E.G. Squier— llena de escombros.
LA OLEADA DE FOTÓGRAFOS EXTRANJEROS
Agrega Cuadra Cea en su artículo pionero: “Luego viene una serie no interrumpida de artistas, viajeros extranjeros en su mayoría, virtuosos del objetivo y de la luz, que llega a producir la instantánea y aprisionan las emociones sobre la placa de plata bruñida y las transparentes negativas de colodión”. Se refería, concretamente, a los siguientes fotógrafos:
“Madame Coty (1861), turista entusiasta, la primera en fotografiar la Catedral; los italianos Casse E Cassinelli (1877); el francés Eugene Breaubrie (1875), que podía hacer casi cien miniaturas a la vez; Alvar (1880), quien trabajaba el ferrotipo iluminado al increíble precio de cinco y diez centavos; Eloy Sol (1883), cuzcatleco (originario de El Salvador), de admirables porcelanas de aterciopelados estuches; Bernardo Maritano (1884), quien instaló su galería en el local que hoy ocupa el Cine Excelsior; el tudesco Herrmann (1883), envuelto en una falsificación de los primeros billetes de nuestro Tesoro Nacional…; Valiente (1887), fotógrafo del mundo elegante…; el mexicano Gallardo (1881), que trajo las placas secas; los cubanos Juan y Paco Aguirre (1892), el segundo de los cuales registra una estancia de un cuarto de siglo en el país”.
A Herrmann, instalado en Managua, se le debe otra tarjeta de visita: “Josefina Calderón Ramírez”, tomada hacia 1895, que figura en la presente obra (I, No. 37). La fotografía lleva la siguiente dedicatoria: “A mi querida prima/María Calderón./Su afma/Josefana”, precediendo el logotipo: “Fotografía Artística/de/Ricardo Herrmann./ / Nicaragua,/América Central”. La señorita Calderón Ramírez era considerada una de las mujeres más bellas de Nicaragua.
FRANCISCO VALIENTE Y EL PRIMER ÁLBUM
¿Cuál era el nombre completo de Valiente? ¿Y de dónde era? Por José Jirón Terán averiguamos que Francisco Valiente —homeópata, pintor y fotógrafo colombiano— vivió en Costa Rica. Allí, entre 1891 y 1892 tuvo su estudio en el cual ofrecía la elaboración de fotos de todo tamaño, retratos al crayón y en papel bromuro, al óleo sobre tela y porcelana, según anuncio del Diario del Comercio (San José, 31 de mayo, 1892). Precisamente, le hizo un retrato en los últimos materiales —óleo sobre porcelana— a Rubén Darío, comentado en el mismo diario el 6 de diciembre del año anterior (José Jirón Terán: “Más sobre Darío y Francisco Valiente”, en Investigaciones en torno a Rubén Darío. Managua, Dirección de Bibliotecas y Archivos, 1891, pp. 83-86).
El mismo Jirón Terán detalla que Valiente y Darío se conocieron en Managua, presentados por Mariano Zelaya, y que el segundo le dedicó al primero su soneto Leda, incluido en Cantos de vida y esperanza (1905), escrito originalmente en 1892 para el álbum personal del artista colombiano. Más éste no sólo se vinculó a Nicaragua a través del gran poeta, sino también por haber ejecutado el primer álbum fotográfico del país: Vistas fotográficas/de la/República de Nicaragua/tomadas por/don Francisco Valiente T.,/artista fotógrafo/establecido en San José de Costa Rica. Consta de 40 fotos y debió aparecer a mediados de 1890, como se desprende de la dedicatoria del ejemplar conservado: “A la señorita Cándida Rosa Matus/. Su atento servidor Roberto Sacasa. Managua, 23 de Mayo 1890”. Sacasa, quien financió la edición —impresa en los Estados Unidos— era el Presidente de la República.
Esta obra culminó la carrera del artista entre nosotros, pues la había iniciado en León en 1887, adquiriendo fama de “hábil como ninguno para imaginar poses románticas en boga”, por citar la apreciación de Cuadra Cea. El referido álbum (17.5 x 26 cm) lleva en su carátula el título en dorado de Album of Photographs y contiene, entre otras fotos de exteriores, 10 de Managua, 8 de Rivas, 6 de Granada, 5 de León y 3 de Corinto. Muchas de ellas, como era de esperarse, se reproducían en publicaciones periódicas de la época, por ejemplo en El Porvenir de Centro-América, revista ilustrada de San Salvador, El Salvador, en 1895.
MÁS FOTÓGRAFOS EXTRANJEROS
Entre los extranjeros residentes en nuestras poblaciones durante la última década del siglo XIX, figuraban cuatro fotógrafos profesionales: tres en Granada (los italianos Cassinelli y Maritano más el español Teodoro Calorie) y uno en San Juan del Norte: el jamaiquino John Calm, quien en 1892 tenía apenas un año de vivir en esa población cosmopolita. De acuerdo con la fuente que proporciona estos datos, titulada Breves noticias de la República de Nicaragua (Managua, Tipografía Nacional, 1892) en ninguna otra ciudad operaban establecimientos similares.
En cuanto al cubano Juan Aguirre, quien agregaba una T. a su nombre, se hallaba en Managua a principios de este siglo, al frente de una tienda especializada en materiales de fotografías. Pero desde 1889, por lo menos, residía en la capital con su hermano Francisco (Paco), pues ese año retrató a Rubén Darío recién llegado de Chile: entre marzo y junio, para ser más precisos. La fotografía (un hermano busto en posición de tres cuartos) se conserva en la Colección Mena Guerrero, tiene el logotipo Aguirre, 1889 y la firma del poeta. (Éste se la obsequió, pocos meses después, a Concepción Escalón, hija del Presidente salvadoreño de la época que, a su vez, se la traspasaría a su protegido el médico nicaragüense José Dolores Soto, quien finalmente se la donó a su actual propietario en Cojutepeque, El Salvador, el 6 de septiembre de 1956).
Igualmente, uno de estos hermanos cubanos estuvo en León el 9 de marzo de 1894, participando en el recibimiento triunfal a las tropas nicaragüenses que venían de Honduras encabezadas por el general Anastasio J. Ortiz, tras derrotar al gobierno conservador del general Domingo Vásquez. “Un fotógrafo, el señor Aguirre —revela la fuente consultada— tomó tres vistas interesantísimas del acto de la condecoración: una en el momento en que el señor ministro (José, D.) Gámez saludaba al general Ortiz; otra, cuando levantando la medalla en alto anunciaba que la destinaba para el pecho del valeroso guerrero; y la última en el momento en que la prendía con sus manos en el lugar anunciado. De estas vistas, el Ministerio de la Guerra, ha mandado comprar suficiente número para las principales autoridades militares de los departamentos, para los Gobiernos amigos de Centro América y para los principales periódicos ilustrados de Europa y América. El hecho pasará de esta manera con todos sus detalles a la posterioridad” (Revista de Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, Tomos XVI y XV, enero 1955 a diciembre, 1956, p. 110). Sin embargo, ninguna de las tres se ha podido rescatar.
Pero volvamos a citar las “Palabras fotográficas” de Cuadra Cea que suministran más nombres de fotógrafos extranjeros radicados en Nicaragua:
“Band y Swaatzer (1895), que trajeron el papel solio; el azteca Carlos Anaya (1896), notable por sus artísticas fotografías nocturnas al magnesio; el inglés Smith (1899), que inundó el país con sus producciones baratas; los americanos Heidmann E Krumbholz (1903), que usaban el papel platino y el pincel al aire, habiendo obtenido el último, en su segunda visita (1908), excelentes retratos de Rubén Darío…; y el español (Celestino) Castany Camps (1905)”.
Hacia 1929, año en que Cuadra Cea redactó su artículo, Castany Camps tenía ocho años de haber reabierto su estudio fotográfico, según Los Domingos (Managua, núm. 186, 25 de diciembre, 1921), revista ilustrada donde aparece una foto del Palacio Nacional de Nicaragua —el desaparecido en el terremoto de 1931—; y poesía, asimismo, los mayores talleres en Managua y sucursales en varias ciudades.
Otros fotógrafos extranjeros establecidos por entonces en la capital eran los de J. de Orehuela y H.G. Morgan. El primero, un andaluz, falleció en 1909 y se le valora como autor de finos modales de retoque. Del segundo, norteamericano, la Colección Mena Guerrero posee un retrato de José Santos Zelaya, el futuro gobernante liberal, con esta dedicatoria estampada detrás: “A mi amigo D. Barrientos./ Aprecio y estimación. San Salvador, Agosto 1890. J.S. Zelaya”. Mide 14 x 10 cm. y, desde luego, lleva el logotipo: H.C. Morgan. Éste, que se asoció a otro fotógrafo de apellido Bennett, murió el 2 de octubre de 1924 y, por el siguiente obituario, desempeñó una decisiva labor pedagógica:
“El dulce Maestro de dos generaciones en Arte Fotográfico, Señor. Henry G. Morgan, dejó este mundo entre la consternación general. Enviamos a su viuda, la estimada hermana de la Estrella Sra. María I. de Morgan y a la distinguida señorita Enriqueta Morgan, hija del extinto, nuestra sentida condolencia; y para el espíritu liberado de la carne deseamos mucha luz” (La Estrella de Oriente, Managua, Año IV, núm. II, Octubre de 1924, p. 216).
Como se ve, Morgan y su esposa pertenecían a una secta teosófica.
También en 1906 aún funcionaba en Granada el estudio del ya citado Cassinelli, conocido por Galería fotográfica Cosmopolita y ubicado en la entonces llamada Calle del Gran Lago, actualmente de La Calzada. Al menos, éstos tres “Fotógrafos” —Orehuela, Morgan y Cassinelli— aparecen con ese oficio en la Guía general de Nicaragua publicada aquel año.
LAS GUÍAS DE FALCINELLI GRACIOSI Y DE MATAMOROS
Una guía precedente a la general de 1906, que presenta apenas unas 10 fotografías, es la célebre de H. Falcinelli Graciosi: Guía ilustrada de Nicaragua (octubre, 1898), en la cual se recogen 77 fotografías tomadas mucho antes de su impresión en Italia. Aparte de personalidades políticas del gobierno del Gral. J. Santos Zelaya, rescata exteriores y paisajes de León, Granada, Managua, Matagalpa, Jinotega, Masaya, el Ingenio San Antonio y San Juan del Norte.
Por su lado, la República de Nicaragua (Managua, Tipografía y Encuadernación Nacional, 1905) complementa la obra anterior. Editada por el nicaragüense Toribio Matamoros J., esta tercera guía ofrece 30 fotografías, especialmente de Managua, que muestran el progreso impulsado por la misma administración de Zelaya. Ambas fuentes, pues, son indispensables para nuestra historia de la fotografía.
LAS COLECCIONES DE LA BIBLIOTECA DEL CONGRESO
Mayores fuentes para el recuento del tema se hallan disponibles en el edificio Madison de la Biblioteca del Congreso en Washington. Nos referimos a su rico material iconográfico que comprende 38 fotos de monumentos religiosos, tanto de León como de Granada, tomadas en la segunda década de este siglo.
Más valiosa, al menos para la historiografía nicaragüense, es la colección donada por la señora A. Margarette Archambault en memoria de su hermano J.H., quien viajó como ingeniero a Nicaragua. Las fotografías fueron tomadas entre 1898 y 1900, y recogen vistas de Rivas y San Juan del Norte, al igual que escenas de la vida cotidiana, paisajes y haciendas de café y cacao. En total suman 11 fotos.
Otra colección contiene 25 imágenes tomadas durante el frustrado intento de abrir un canal por compañías norteamericanas, entre 1885 y 1893 aproximadamente. Registran, principalmente, las operaciones en los alrededores de San Juan del Norte, escenas de trabajadores en los sitios de vivienda y otras actividades relacionadas con el dragado del canal.
Una tercera colección, donada por Robert E. Moody, incluye 23 fotos tomadas alrededor de 1927. La integran escenas de un cafetal, de los “marines” entrando a Matagalpa y fotos de las áreas de El Tuma, Quilalí y la misma Matagalpa.
Se conservan, además, unas 40 vistas anteriores a 1902 —año de su impresión— que recogen a ella escenas costumbristas como peleas de gallos, procesiones de la Semana Santa, días de mercado, recolección del cacao. Las fotos fueron tomadas, sobre todo, en Managua, León, Granada, San Juan del Norte, San Jorge y Masaya.
«A TRAVÉS DE LA NICARAGUA DESCONOCIDA»
Otro tipo de fuente, pero de carácter bibliográfico, lo constituyen las fotografías que tomaron, a su paso por el país —a partir de 1890 más o menos— viajeros foráneos. Ellos las insertan en sus libros como ilustraciones. Su lista abarcaría varias páginas. Pero como la presente no es una bibliografía exhaustiva, nos limitamos a seleccionar la curiosa y poco conocida obra del inglés Melvy G. Palmer: Throuh Unknown Nicaragua (London, etc., Jarrols Publishers, 1945).
Subtitulada The adventures of a naturalist on a wild-goose chase. A través de la Nicaragua desconocida se publicó tardíamente, ya que abarca la estadía de su autor en el país, durante 24 meses, entre 1904 y 1905, habiéndose dedicado en Camoapa —para mantenerse— a la fotografía. En total, publicó en su obra 73 fotos, principalmente de paisajes y personas, viviendas y escenas cotidianas de la Costa Atlántica y del centro, o sea, la región de Chontales.
LOS NICARAGUENSES PIONEROS
Volviendo a las “Palabras Fotográficas” de Luis Cuadra Cea, transcribamos la lista que facilita de los nicaragüenses pioneros: “Entre los connacionales, como dignos cultivadores de este arte, notaremos al Dr. Samuel Sediles (1863); a J. Bonifacio Noguera (1888); a don Nicolás de la Rocha (1890), que vino (a León) de Granada; al maestro Antonio Brenes (1890); a don Gregorio Rodríguez (1905), de alta técnica y sabia distribución de la luz, el primero en introducir la kodak, popularizándola; y a Francisco Quezada (1920), de irreprochable gusto artístico, laureado en certámenes centroamericanos”.
Muy escueto, Cuadra Cea no aporta más datos sobre ellos; de manera que no sabemos nada de Sediles, Noguera y de De la Rocha. Apenas localizamos una serie de fotos de Rodríguez —quien firmaba con su apellido únicamente— en el Álbum del centenario de la inauguración de la histórica Universidad de León, Nicaragua (Managua, Tipografía Nacional, 1917); entre ellas, la Galería Norte del edificio de la misma institución.
Apenas conservamos un retrato de Quezada, fotógrafo de León cuya Fotografía Moderna se anunciaba desde los años veinte con la firma Quezada E Cía. Ltda.: “Juan Bautista Cuadra” reproducido en la revista Centroamericana a mediados de los años cincuenta. Y en cuanto a José Santos Cisneros, el único que ha merecido un homenaje en libro con textos de intelectuales y una muestra amplia de sus trabajos —unos 60—, como lo fue Hoja de laurel (1929) citado al principio de este ensayo, llegó a ser —en su momento— el más alto representante de la fotografía en Nicaragua.
ALANIZ Y CISNEROS
Antes de él había poseído ese rango Guillermo Alaniz, instalado en León a principios de siglo y fallecido en 1913, a quien Cuadra Cea valora como “luchador infatigable para producir la obra de arte” y “genial creador de fórmulas especiales adaptadas al clima regional”. Tropical —debió decir—. La obra de Alaniz abarcó, por lo menos, la impresión en el extranjero de más de mil tarjetas postales nicaragüenses.
Discípulo predilecto de Alaniz fue Cisneros, nacido en el barrio San Felipe, de León, el 1 de noviembre de 1887. A los 22 años empezó a estudiar fotografía con su maestro, de quien sería socio en 1911 y pasó a ser dueño del taller en 1912. “Desde esta fecha —se leía en un periódico de la época— ha venido ensanchándolo de manera activa, llegando a ser el primero de esta ciudad (León); pues actualmente posee buenos materiales, la que, en 1919, estando en uno de los primeros ensayos, hizo explosión —el preparado— habiéndole quemado la mano derecha, en la que aún se ven las cicatrices”. Por su lado, Juan Felipe Toruño escribía sobre él en Hoja de Laurel (1929):
“¿Quién no conoce a Cisneros? Su labor no es simplemente la del retrato de personas, que pagan su fotografía; no, su labor es más amplia. Él recorre la república y toma vista de las calles, de los volcanes, de los edificios y de todo aquello que tiene interesante Nicaragua y eso lo envía al extranjero para que se conozca nuestra patria”.
LOS ÚLTIMOS PIONEROS
Otros pioneros de la fotografía en el país fueron el español Esteban López de Diego, introductor del sistema de la fotografía “en caballito”; y los nicaragüenses Cordero (no sabemos su primer nombre) en Granada, Justo Pastor López —experto e ingenioso en su oficio—, padre de los fundadores de Galería del Arte y Adán Díaz Fonseca, cuyo estudio establecido en Managua en 1920 sobrevivió a los terremotos de 1931 y 1972.