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“La mala educación”
Hoy comienza el año escolar del 2005, si es que lo permiten los sindicalistas radicales que han amenazado con impedirlo por medio de una huelga, en demanda de aumento salarial para los maestros por un monto mayor y en forma distinta al que fue aprobado por el Gobierno.
Sin duda que las y los maestros merecen un mejor salario. Es más, los educadores nicaragüenses deberían ser como los del Japón, por ejemplo, que son los profesionales mejor remunerados en aquel país, pero a los que también se les exige los más altos requisitos de calidad, puesto que la educación es la condición indispensable del crecimiento económico y el desarrollo social.
En realidad, es vergonzoso el bajísimo nivel de la enseñanza que se imparte en las escuelas públicas del país, como también es una vergüenza nacional que los maestros nicaragüenses reciban sueldos inferiores al costo de la canasta básica de subsistencia, no obstante que su remuneración actual es como diez veces mayor que durante el régimen sandinista, que ha sido el peor enemigo que han tenido los maestros a lo largo de toda la historia nacional.
Pero el problema salarial de los maestros no se resuelve actuando contra la misma educación —que además ya está suficientemente dañada—, ni castigando a los padres de familia y a los escolares con huelgas que más bien parecen obedecer a la estrategia de un partido, o más bien de un caudillo reaccionario a quien no le importa destruir al país con tal de satisfacer su ego político y su ansia de poder.
En realidad, el bajo salario de los maestros no es un asunto aislado; es parte de la problemática educativa global de la nación que debe resolverse de manera integral y, como lo aconseja precisamente el principio fundamental de la pedagogía: paso a paso y acabadamente.
Se conoce que los países que tienen elevados índices de educación marchan también a la cabeza en crecimiento económico y prosperidad individual y social. Entre esos países destacan los asiáticos Singapur, Taiwan y Japón, así como Finlandia encabeza a los europeos y Canadá y Estados Unidos son líderes en América. Por el contrario, en los países atrasados y pobres, como Nicaragua, los niveles educativos son también bajísimos.
Pero en ningún caso se conoce que los países que tienen buena educación y que por eso mismo son altamente desarrollados y prósperos, hubieran logrado esos envidiables estándares porque sus maestros hicieron muchas huelgas y sus líderes tenían como oficio la desestabilización social y política. Y a ningún especialista en desarrollo humano y educativo, que esté en su sano juicio, se le ocurriría recomendar huelgas magisteriales para “resolver” los problemas de los maestros y de la educación.
Lo que se ha comprobado y deberían tenerlo muy en cuenta las autoridades de educación, los maestros y sobre todo sus levantiscos líderes, es que las causas de los desastres educativos como el de Nicaragua son diversas, siendo la primera de ellas la mala calidad de los maestros y en segundo lugar la poca o ninguna atención y presión de los padres de familia para forzar el mejor rendimiento escolar de sus hijos que asisten a las escuelas.
Allí es donde se debería concertar la atención y la acción mancomunada de autoridades gubernamentales en el área educativa, con los maestros y los padres de familia, a fin de elevar la calidad de la educación. Eso quiere decir que la educación debería ser tratada como el eje del desarrollo que realmente es; y entender que desarrollo significa modernización de la economía y de la sociedad, democratización de las instituciones políticas, ejercicio honrado y transparente de los poderes públicos y reasignación de recursos para favorecer la inversión social indispensable —como es la de educación, incluyendo el mejoramiento salarial de los maestros— en vez del gasto improductivo y burocrático, particularmente los desmesurados que provocan los poderes del Estado inflados, como la Asamblea Nacional y la Corte Suprema de Justicia.
Pero el problema mayor es que resulta muy difícil que los liderazgos burocráticos y parasitarios que controlan los movimientos sindicales y que son tan nefastos los caudillos corruptos de la política nacional, comprendan algo tan sencillo y razonable como eso.