Uriel Cuadra Argüello*
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El Túnel
Uriel Cuadra Argüello*
El presente artículo describe algo sensacional, que en la actualidad ya es conocido por algunas personas que se han enterado de este extraordinario suceso.
Resultó que al efectuarme en México una arteriografía, en un hospital de Monterrey, me inyectaron en la parte baja de la columna vertebral un líquido que se llama de “contraste”, pues hace resaltar las arterias lo cual facilita la toma de la radiografía. Es así con una aguja de doce centímetros de largo que se inyecta el líquido en la parte baja de la columna, esto es al cálculo hasta canalizar la arteria, una vez logrado se empieza a inyectar.
Es doloroso, y en especial en los muslos. Decían que la mortalidad por ello era de uno en mil. Miré fijamente una máquina y dije: “Al despertarme tendré que encontrarla, de lo contrario estaré muerto”. Algo sensacional y jamás visto me sucedió. Resultó que había un túnel con rayos rojos en la parte interna y por él entré. La sensación de tranquilidad y felicidad que ahí encontré es difícil de expresar. Jamás había sentido una sensación igual. Me informaron que eran cinco pasos los que tenía que atravesar para poder salir del túnel. Yo recorrí cuatro, y volví de regreso. Vi nuevamente la máquina y dije: “Estoy vivo” y regresé nuevamente al túnel.
El ayudante de Sigmund Freud había tenido una sensación igual. Después de este suceso empecé a leer sobre el tema: “Vida después de la muerte”, “Muerte después de la vida”, etc. Me decían, al contarlo, que era casi imposible, que podía ser probable que fuese por el efecto de las anestesia que me habían puesto al impulsar el líquido. Seguí buscando información y logré leer que en tiempos del profeta Abraham ya se conocían de casos similares.
En ese tiempo no existía tal anestésico, me llevó tiempo reflexionarlo, cuando en Aguascalientes (México) una señora de bastante edad me refirió algo igual. Ella se quedó impresionada cuando le fui diciendo lo que había sentido. Entonces me dijo: “Yo creí que me estaba volviendo loca”. Le contesté: “Hay muchas personas que hemos pasado por ello, no sé por qué causa, lo cual ignoro, si le puedo decir que a la mayoría que le inyectaron este tipo de líquido no sé lo que nosotros hemos logrado”. ¿Será suerte? O será una respuesta a la constitución de nuestro cuerpo. Si ha sido otra persona le diría que fue un milagro, yo no. Desconozco la razón de lo sucedido y no puedo decir algo sin saber verdaderamente lo que es. Estoy lejos de ser fanático y por tal razón no me pronuncio. Sé verdaderamente que no estoy loco, pues a Jung, personaje del psicoanálisis, le sucedió igual y a otros tantos conocidos por la historia pasaron por el túnel. Lo que sí afirmo es la felicidad que sentí, jamás había experimentado algo igual o parecido, recuerdo ahora leyendo a Sai Baba, el célebre místico hindú, en uno de sus libros Torrente de virtud, cita: “Drama, virtud, moralidad, rectitud” ¿Será algo de ello que yo tengo y logré este bello efecto? Si esto es así ¿cómo será la paz y tranquilidad del más allá?
* El autor es ingeniero