Con hambre y sin amor

Miguel Barbosa Rivas

En esta vida todo es transitorio, nacemos para morir; pero el hambre y el amor, en sentido amplio, son los principales pilares que han sostenido el mundo; en nombre de ellos se han construido —y también se han destruido— imperios, naciones, familias, hogares y personas. El hambre es una de las peores tragedias de la pobreza humana; pocas cosas nos entristecen más que ver a un niño mendigando por las calles y sufriendo de mala nutrición. El problema del hambre tiene que ver con la conciencia de todos, de ética y de amor a nuestros semejantes; es un principio de fe cristiana.

“El hambre surge principalmente por erradas políticas instrumentadas por los hombres y no por la naturaleza: el campesino no tiene incentivos para cultivar la tierra, los productos pueden ser robados o confiscados por funcionarios corruptos, y los agricultores de los países en desarrollo no tienen chance de competir con los protegidos y subsidiados agricultores de países más desarrollados”.

El hambre además de producir millones de muertes en el mundo por estas erradas políticas, también destruye la dignidad intrínseca de la persona. No basta ayudar en estado de guerra o catástrofe; es importante impulsar proyectos que aporten dignidad a las personas con ingresos bajos, hay que ampliar las opciones para mejorar y alargar la vida.

Nicaragua padece de hambre. En otro tiempo productivo, el país está actualmente empobrecido por malas políticas capitalistas o socialistas, donde las tierras robadas o confiscadas se han pasado a sus compinches y los productos son mal pagados por las mafias locales e internacionales. Ello nos convierte en uno de los países más pobres de América Latina.

Dejando aparte la baja producción agrícola, considero que en Nicaragua el principal problema a resolver es la pobreza, por falta de empleos, bajos salarios y alimentos demasiado caros, que unidos a una educación donde los jóvenes no aprenden algo útil para sus vidas (no se promocionan bachillerato y carreras técnicas), una deficiente cobertura de salud tanto a nivel primario como secundario (por insuficiente presupuesto y politización) y falta de viviendas dignas e higiénicas (agua potable, alcantarillado, basura, criaderos de zancudos), tenemos un pueblo enfermo, hambriento y a merced de los políticos ambiciosos y corruptos, como de los traficantes de drogas y trata de personas.

Nicaragua carece de amor. Y… ¿dónde está el amor, el amor a Nicaragua, el amor al pueblo? ¿hasta cuándo se dejará de pensar en los intereses personales y de partido, en el Estado-botín? ¿hay ética y amor en el Poder Judicial, Poder Electoral y Asamblea Nacional? Por su desempeño, parece que no, salvo honrosas excepciones. Ello confunde, desespera, deprime…

El poder rompe la inequidad. Depende de liderazgos fuertes y coaliciones amplias que logren avanzar en la democracia y la construcción de instituciones políticas y sociales más humanas, participativas y equitativas, especialmente para movilizar la agenda política a favor de los más vulnerables: debemos terminar con la apatía, participar activamente, capacitarnos y construir ética ciudadana. Esta agenda política o “proyecto de nación” debe ser a corto, mediano y largo plazo, sin interrupciones por intereses personales, de partido o del caudillo de turno. El hambre desespera, y la desesperación impide la evolución, y lo que no evoluciona… se revoluciona.

Repito, en esta vida todo es transitorio. Si el PLC y FSLN son incapaces de renovarse y lograr una superación intelectual y ética, mas que otro partido o alianza tradicionalista que comparta el poder, necesitamos una mejor fuerza política nacional que le inspire confianza a los electores y con capacidad para destronar al pacto libero-sandinista; en la que todas las agrupaciones civiles y partidos afines e incluso con diversas tendencias ideológicas, unidos por Nicaragua, podamos estructurar una alternativa verdaderamente democrática y con una nueva savia que tenga un fin común: más amor al país y disminuir el hambre que agobia día a día al pueblo y lo conduce a la enfermedad corporal o moral, y en consecuencia, a una muerte prematura. El cambio es una necesidad impostergable. Necesitamos personas prominentes, líderes dispuestos a efectuar los sacrificios necesarios en aras del bienestar del pueblo. La visión debe ser, ante toda ambición personal o de partido, encontrar y amar a esta sufrida y empobrecida nación. ¡Salvemos a Nicaragua!

El autor es médico del deporte-reumatólogo. Director de Educación Continuada y Postgrado; Facultad de Medicina, UCN.

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