El milagroso San Sebastián es llevado en procesión cada año en esta temporada.

San Sebastián, patrono de los dirialeños

Fieles le atribuyen muchos milagros Arlen Cerda/Corresponsal GRANADA.- Cada año, entre el 18 de junio y el último domingo de julio, el municipio de Diriá celebra sus fiestas patronales en honor a San Pedro Apóstol. Sin embargo, historiadores y feligreses del pueblo consideran que su patrón tradicional es San Sebastián, el mártir cristiano que conmovió […]

  • Fieles le atribuyen muchos milagros

Arlen Cerda/Corresponsal

GRANADA.- Cada año, entre el 18 de junio y el último domingo de julio, el municipio de Diriá celebra sus fiestas patronales en honor a San Pedro Apóstol. Sin embargo, historiadores y feligreses del pueblo consideran que su patrón tradicional es San Sebastián, el mártir cristiano que conmovió a los chorotegas, la raza indígena que habitaba el antiguo “Diriáx” en tiempos de la colonización española.

Hoy, San Pedro y San Sebastián comparten el título de patrón sin problemas, aunque el mártir recibe apenas una celebración tridual.

Hace más de tres siglos y medio, los indígenas chorotegas de Diriá escogieron a San Sebastián como patrono de su pueblo, entonces una comunidad aborigen, ubicada en un alto valle, bajo la soberanía del cacique Diriangén.

San Sebastián con sus saetas atravesadas en el cuerpo, su pluma en la cabeza, su espada a la cintura y su escasa vestimenta convenció a los nativos de ser el protector ideal para el pueblo. Si por el proceso de evangelización cristiana había que abandonar a los ídolos precolombinos adoptarían, entonces, a un nuevo patrón con el que pudieran identificarse.

El Diriáx, nombre del pueblo en lengua Náhuatl que significa “valle en lo alto”, no comprendió bien quién era la imagen que los españoles le presentaron como “patrón”. Para los indígenas San Pedro Apóstol con su extraña túnica, barba abundante, llaves y libros en las manos no era consecuente con sus hábitos. “Ellos (los indígenas) no tenían libros, no usaban las llaves porque guardaban sus pertenencias de valor en ollas enterradas bajo la tierra, ni barba porque los indios son lampiños”, recuerda Ronald Bendaña, historiador y diácono de la Iglesia Católica.

Así empezó la devoción y tradición compartida entre San Pedro Apóstol —patrón de la Iglesia— y San Sebastián —patrón del pueblo—. Los indígenas aceptaron a San Pedro como su “patrono oficial”, pero para ellos San Sebastián era “su hombre, su santo porque representaba la valentía con la que los indios se identificaron”, explica Bendaña.

Hace como medio siglo, entre la década de los cincuenta y sesenta, un granadino de raíces dirialeñas dio un repentino estornudo y se tragó accidentalmente una gacilla abierta que tenía sostenida entre sus labios. Don Antonio Contreras desesperado con el zarcillo en la garganta tomó agua, comió algodón, tragó banano para “pasar” la gacilla, pero no consiguió nada. Su familia y amigos consultaron médicos y todos coincidieron en que sólo una operación salvaría a don “Toño”.

En tanta desesperación, la fe era la única esperanza para él y decidió entonces abandonarse en San Sebastián, el patrono de la cuna de sus padres. “Si me sale esta gacilla sin dañarme nada y sin operación yo te bailo El Torovenado toda mi vida”, prometió don Antonio Contreras a San Sebastián.

Recuerdan que don “Toño” pasó todo un mes con la gacilla en su sistema digestivo hasta que sin necesidad de una operación la expulsó aún abierta, pero sin hacerse ningún daño. Don “Toño” atribuyó lo ocurrido a un milagro de San Sebastián y, como lo había prometido, organizó y realizó por el resto de sus 30 años de vida el baile de El Torovenado.

En Diriá a San Sebastián se le atribuyen varios milagros. Según sus devotos “él hace cualquier milagro que uno le pida con fe”, pero con la muerte de don “Toño” la tradición de San Sebastián empezó a decaer. Un nuevo promesante asumió sus fiestas: don Oscar Morales, quien asegura que el santo lo curó del bocio que padecía en la garganta cuando tenía sólo 4 años.

LA HISTORIA DE SAN SEBASTIÁN

Según la Iglesia Católica, San Sebastián era un soldado romano convertido al cristianismo que desafió al emperador de Roma y fue condenado a morir, por primera vez, saetado por los arqueros de Mauritania. Pero como si se tratase de una revelación divina, San Sebastián sobrevivió a los flechazos y vivió hasta que por segunda vez lo mandaron a matar, esta vez a punto de golpes de mazo. Su cuerpo fue destrozado y abandonado en el basurero municipal de Roma para ser comida de buitres.

Cuenta la historia de santos y mártires de la Iglesia Católica, que el cuerpo destruido de San Sebastián fue rescatado por sus amigos y algunos seguidores y ellos se encargaron de darle cristiana sepultura en un lugar conocido como las Catacumbas en la Vía Apia, de Roma, hoy llamadas las Catacumbas de San Sebastián.

San Sebastián se convirtió entonces en mártir de la Iglesia a los 32 años. La imagen de su cuerpo semidesnudo, atado a un árbol con unas cuatro flechas enterradas en sus brazos, pecho y piernas fue pintada y esculpida para recordar su martirio. San Sebastián es uno de los primeros santos de la Iglesia Católica y es considerado el patrón de los atletas y soldados. Sin embargo, en Nicaragua también se le considera el patrón contra las plagas, una razón más para que los indígenas de la época lo consideraran el patrón ideal.

La actual imagen de San Sebastián celebrada por los dirialeños es una escultura de metro y medio, tallada en madera por el célebre Nazario de Franco a finales del siglo XIX, para reemplazar la imagen original del mártir, traída por los españoles y robada en 1875.

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