- Se luce en triunfo del Chinandega
Edgard Tijerino
Entre tantas imágenes que el ansioso, presionado y finalmente victorioso público chinandegano, quisiera retener del primer juego de la final, sobresale como la Torre Eiffel en París, esa de Juan Oviedo, conectando el hit de oro con las bases llenas en el fondo del quinto inning contra el zurdo Arián Cruz.
Encima del trabajo monticular realizado por Vicente Padilla y de los jonrones conectados por Aníbal Vega y Edgard López.
Oviedo funcionó como un “as” sacado de la manga por el manager Roberto Kelly, cuando fue a batear por el zurdo trescientista Freddy Chévez, para eliminar el viejo antídoto de zurdo contra zurdo, más efectivo en niveles pequeños de beisbol, como éste.
Siempre se argumentó, que las ventajas del Chinandega eran múltiples: pitcheo abridor más profundo encabezado por un big leaguer como Padilla, que cobrará 3.2 millones a los Filis en la temporada del 2005; bateo más ruidoso, violento y naturalmente productivo; una defensiva simplificadora, y mejor material tanto en el banco de suplentes como en el bullpen.
Frente a esa montaña de factores, la garra, la inspiración, la búsqueda de la proeza, factores que los leones han utilizado desde antes que el primer ferrocarril, llegara a Occidente.
Y en el inicio del quinto, Roa y Talavera mostraron sus relucientes dentaduras y uñas bien afiladas, golpeando primeros strikes de Padilla para construir una ventaja de 2-1, borrando el jonrón solitario de Aníbal Vega que enloqueció las tribunas.
El tablazo de Edgard López con dos outs, hizo girar la pizarra 3-2, en el inicio del quinto frente al sorprendente abridor de los rugidores Devorn Hansak, en lo que fue una clara señal de lanzarse al ataque.
Era necesario la estocada de Dartagñan, y esa la asestó Oviedo. Se afianzó bien en el cajón de bateo, se enfocó en los movimientos de Hansak, y fue encima del lanzamiento con voracidad.
El batazo a lo profundo de los jardines elevó a cinco la producción del Chinandega, suficiente con Padilla dispuesto a ir más allá de cinco entradas y un pitcheo de relevo consistente.
Cierto, flaqueó Chico Rayo, pero no Boanerges Espinoza, con un gran respaldo de Jimmy González y Edgard López, quienes ejecutaron un par de jugadas que podrían formar parte del repertorio del Circo del Sol en Las Vegas o Nueva York.
¿Qué será lo diferente hoy con Miguel Pérez retando a Lenín Picota? Quizás, un poco más de garra y de inspiración, diría el poeta.