Testigo ocular del poder

Alejandro Leal Méndez

En su libro Eyewitness to Power, David Gergen testimonia sus años en la Casa Blanca de Washington, desde la Presidencia de Richard Nixon hasta la de Bill Clinton. Pues bien, el citado escritor concluye que los presidentes intelectualmente más brillantes fueron, efectivamente, el primero y el último al cual le sirvió. Clinton fue el táctico y Nixon el gran estratega. No escapa al análisis de Gergen que tanto Nixon como Clinton tenían personalidades fallidas, tal como demostraran los casos Watergate y Mónica Lewinsky, respectivamente. En el caso de Nixon, por tratarse de un asunto de Estado el escándalo culminó en su renuncia. Clinton sobrevivió al vergonzoso episodio y con su carisma único, sin duda alguna continúa siendo la personalidad política actual más sobresaliente del partido demócrata norteamericano.

Invito al lector a que se haga la siguiente pregunta: ¿Qué hubiese escrito Gergen si en vez de haber trabajado en la Casa Blanca durante los mandatos citados, hubiese trabajado en Casa Presidencial entre los mandatos de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán? En primer lugar, estamos claros de que ese personaje no existe en Nicaragua (y en el caso de que existiera, sería merecedor de un monumento), pero en síntesis, la pregunta constituye el primer paso para realizar un ejercicio de reflexión, ya que en este país viven más de tres millones de Gergen’s (me refiero a los nicaragüenses que aún viven y ya vivían para el primero de los gobiernos mencionados), quienes siendo testigos de la gestión y obra de los mandatarios en cuestión, han demostrado, premiado y/o castigado con su voto o abstención, lo que ellos han representado y representan para Nicaragua.

En lo personal y por mi condición de extranjero residente, al verme limitado por razones constitucionales a no involucrarme en asuntos políticos de esta gran nación, a cuyo pueblo amo y le debo tanta admiración y respeto, aclaro que la presente constituye simplemente una invitación, dirigida solamente para aquellos que deseen llevar a cabo de manera libre y espontánea el ejercicio de reflexión aquí contenido, el cual consiste en lo siguiente: lea una vez más el primer párrafo del presente escrito, posteriormente, respóndase a sí mismo las preguntas que a continuación cito, y por último, haga un análisis profundo que le permita sacar sus propias conclusiones. Las preguntas son las siguientes: ¿Son Daniel Ortega y Arnoldo Alemán los presidentes intelectualmente más brillantes en la historia de Nicaragua? ¿Reúnen Daniel Ortega y Arnoldo Alemán méritos suficientes para ser calificados como tácticos y estrategas? ¿Daniel Ortega y Arnoldo Alemán han demostrado tener personalidades fallidas? Si su respuesta es afirmativa, ¿cuáles son para usted los casos Lewinsky y Watergate de los referidos mandatarios? Por último, ¿considera usted a Daniel Ortega y Arnoldo Alemán las personalidades políticas actuales más sobresalientes? ¿Por qué?

Como dije anteriormente, por razones constitucionales me abstengo de revelar mis respuestas y el análisis político resultante de las mismas, lo cual no me impide (gracias a la oportunidad que me brinda este prestigioso medio y el amparo que me brinda la Constitución) el ejercer mi derecho de libre expresión apolítica, para manifestar lo siguiente de manera innominada (palabra que en género masculino está de moda): Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios; no se conoce el secreto del éxito pero sí el secreto del fracaso: tratar de quedar bien con todo el mundo; como diría una vez Winston Churchill: “Una semana en política es demasiado”; los verdaderos actores políticos deben ser los votantes y los gobernantes su instrumento, no viceversa; y por último: al parecer, el ejercicio del liderazgo necesita que la persona cometa deslices y haga enmiendas, porque solamente quien cayó y reconoce el traspié, puede evitar repetirlo en el futuro.

El escritor es ciudadano venezolano, abogado autorizado para ejercer en Nicaragua.

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