La esperanza es azul y blanco

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La esperanza es azul y blanco





La marcha cívica del recién pasado lunes 10 de enero, en demanda de un referendo para aprobar o rechazar las reformas constitucionales que aprobaron los diputados de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán con el propósito de cambiar el sistema de gobierno e instaurar una dictadura bicéfala de dos patas, superó las expectativas de los observadores.

En realidad, siendo un día laboral, sin que hubiera financiamiento ni gran despliegue propagandístico, sin transporte gratuito como los centenares de camiones y buses que acarrean a los manifestantes del FSLN y el PLC, y sin los “incentivos” que estos partidos dan a sus seguidores y a los muchos oportunistas que van a las concentraciones partidistas “para ver qué agarran”, se esperaba que en la marcha cívica del 10 de enero participara a lo sumo un millar de personas.

Pero llegaron muchísimos más, todos voluntarios, nadie atraído por halagos ni forzado por presiones. Y a pesar de que en algunos medios de comunicación que sirven directa o indirectamente al interés de los pactistas, quisieron desacreditar la marcha diciendo que los participantes eran empleados públicos y que inclusive algunos fueron despedidos porque no quisieron asistir, nadie creyó sus mentiras porque la verdad resplandeció a la vista de todos.

Por otra parte, llamó mucho la atención de los observadores el color azul y blanco que fue el único que se desplegó durante la marcha cívica y que cubrió a los manifestantes. Daba la impresión que la Madre Patria se levantaba, envuelta en la bandera nacional, para conducir a sus hijas e hijos al rescate del honor, la moralidad política, la libertad y la institucionalidad democrática que han atropellado y pervertido sus secuestradores: los caudillos corruptos y autoritarios Daniel Ortega y Arnoldo Alemán al frente de sus respectivas camarillas partidistas.

De manera que la marcha cívica del lunes 10 de enero demostró que hay una fundada esperanza en que se puede derrotar las maquinaciones maléficas de Ortega y Alemán, siempre y cuando los ciudadanos honestos y democráticos se movilicen y demuestren su fuerza política al margen de colores partidistas, bajo la exclusiva bandera azul y blanco de Nicaragua, para lograr que ésta vuelva a ser República.

Ciertamente, los pactistas corruptos y autoritarios pueden desafiar a la comunidad internacional, desconocer las resoluciones de la Corte Centroamericana de Justicia y la OEA, y no les pasa nada. Pueden burlarse de la voluntad popular que eligió en los comicios del 2001 a un Presidente con determinadas atribuciones constitucionales y en el camino se las cercenan; y pueden atropellar el principio democrático básico del balance de poderes públicos y mancillar los valores de la moralidad política, quedando en la impunidad porque no hay en el país una fuerza coercitiva que les ponga freno.

Pero contra la acción popular manifestada en las calles de Managua y demás ciudades del país, nunca podrían prevalecer. Es decir, si la marcha cívica del lunes recién pasado creciera y se extendiera por todas partes de Nicaragua, no sólo frenaría a los políticos corruptos sino que los sacaría, literalmente hablando, de las instituciones donde se han atrincherado sin legitimidad ni vergüenza nacional.

Lo importante es que este movimiento no pierda su carácter cívico y apartidista, aunque su objetivo es en el fondo político —pero en el sentido bueno de la palabra— ya que es para sanear las instituciones y poner el ejercicio de la política en manos honorables y responsables. O sea que en este movimiento cívico, ajeno a ideologías y estructuras partidarias y animado por una gran fuerza moral que ha de ser irresistible, nadie debe involucrarse buscando cómo ganar influencia y poder para sí mismo, sino únicamente con la voluntad de luchar para que Nicaragua empiece a cambiar de manera positiva.

A mediados del siglo XIX la bandera azul y blanco cubrió a los nicaragüenses que salvaron al país de la dominación filibustera que fue traída por el partido liberal. En las postrimerías del siglo XX la bandera azul y blanco vistió a los nicaragüenses que rescataron la República de la dictadura totalitaria y extranjerizante de Daniel Ortega. Y ahora la bandera azul y blanco cobija a quienes se alzan para rechazar la nueva dictadura, bicéfala y de dos patas, que Ortega y Alemán le quieren imponer a Nicaragua.

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