Guillermo Cárdenas Montalván
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Tendencias económicas en América Latina para el 2005
Guillermo Cárdenas Montalván
En la mayoría de las controversias se tiende a asociar el proceso de globalización con el fin del Estado-nación. Entendemos que es preciso forjar una perspectiva mucho más proporcionada. Desde luego, la entrada a esta nueva fase de globalización evoluciona y altera el poder del antiguo Estado-nación. Una evaluación del marco de adopción de políticas de los Estados-nación es crucial al reconstruir cualquier política estructural para los próximos tiempos.
Durante el período de rápido crecimiento de los años cincuenta y sesenta en las actuales economías desarrolladas, los Estados y gobiernos participaron activamente en la economía. A medida que aumentó el tamaño del sector público y se desarrollaron los marcos reguladores, las políticas macroeconómicas keynesianas estándares, con sus instrumentos monetarios y fiscales, desempeñaron un papel central en el control de las economías. El nuevo contexto, que proporciona agentes económicos más o menos directamente con un alcance global, limitó el poder y alcance de estas políticas, a la vez que favorecía la desregulación y la privatización del sector público. Los antiguos instrumentos que permitían al Estado-nación controlar más o menos exitosamente sus economías, se han visto drásticamente limitados.
Hoy en día la renovación de los sectores agropecuario e industrial constituye una parte esencial del proceso de “desnacionalización” del comercio. El crecimiento de los países en desarrollo está estrechamente vinculado a las exportaciones de productos manufacturados y agropecuarios. Para incrementar su competitividad internacional los países deberán mantener el empuje de las reformas económicas, lograr mayor acceso a los mercados externos por medio de alianzas estratégicas con los sectores privados extranjeros, establecer mejores vínculos de comunicación internacional y adoptar nuevas técnicas de producción y de gerencia.
Los países que cuentan con una fuerza laboral y grupos empresariales bien capacitados y que mantienen flujos comerciales y de inversión abierta se hallan en mejores condiciones de absorber y difundir internamente tales técnicas. Los países que no asignen énfasis al desarrollo de los recursos humanos en todos sus niveles y al establecimiento de nexos con las fuentes de información internacional encontrarán dificultades para competir exitosamente en los mercados mundiales de exportación.
El sector informal reviste especial importancia. Este sector ha crecido rápidamente al estancarse el crecimiento económico general en los años ochenta, y actualmente el desafío consiste en lograr su integración más plena en la economía nacional. Esto requiere la modernización de las microempresas y el mejoramiento de las posibilidades de crecimiento de la pequeña y mediana industria. Esto constituirá un importante paso no sólo para mejorar la eficiencia de la economía en general, sino como parte de las reformas sociales, dado que los niveles de ingresos de muchos de los integrantes del sector informal son muy bajos.
Las empresas pequeñas y medianas son las que están en mejor posición para canalizar la creatividad empresarial, las que resultan más eficaces para aplicar nuevas tecnologías, y las más activas en la creación de nuevos empleos. Parte del proceso de modernización del sector privado tiene como finalidad promover un enfoque más abierto que facilite la integración del sector informal y de las microempresas en la economía. Los programas de apoyo a las microempresas y al sector informal constituyen elementos fundamentales de este proceso.
El mejoramiento del nivel de vida sin perder la competitividad internacional requiere un aumento de la productividad. Ello puede lograrse de una forma eficaz desde el punto de vista del costo mediante las adopciones de técnicas gerenciales y de producción desarrolladas en otros lugares. Este proceso se puede ver facilitado por la inversión directa extranjera y la creación de alianzas estratégicas entre empresas locales y extranjeras.
Los países que cuentan con una mano de obra altamente capacitada y con un buen nivel de educación y regímenes abiertos de comercio y de inversiones se encuentran en mejor posición para absorber y difundir internamente las técnicas innovadoras de producción y de administración. Aquéllos que no logren acelerar el desarrollo de sus recursos humanos y establecer vínculos internacionales quedarán rezagados en un mercado global cada vez más competitivo.
Los países latinoamericanos no deben limitarse a ser exportadores de productos básicos y de bajo costo de mano de obra. Estos países necesitan aprovechar la creatividad de su población, fortaleciendo los recursos humanos por medio de la capacitación y el desarrollo del conocimiento científico y la nueva tecnología. Por este motivo es muy importante lograr una mayor integración de los segmentos más vulnerables de la sociedad en la economía moderna.
No puede existir crecimiento económico sin una sociedad estable. Una sociedad más integrada solamente puede enriquecer este proceso por medio de la creatividad y apoyo de un gran número de agentes económicos que estén preocupados por su éxito, y que en definitiva conduzca a una mayor cohesión social, que es esencial para un crecimiento económico acelerado y sustentable en el futuro.
Una condición previa esencial para superar la marginación y la pobreza es que la sociedad en su conjunto apoye un proceso de participación política que conduzca a un proceso democrático basado en el consenso y a un gobierno estable, sensible y transparente. Esto fortalecerá la cohesión social, promoverá la participación de todos en los procesos productivos y ayudará a forjar acuerdos que propicien una distribución más equitativa de los beneficios del crecimiento económico.
Esto no significa que los recursos y estrategias se hayan agotado. Hay espacios en diferentes horizontes para que, en el futuro proceso de crecimiento económico, el Estado-nación sea un actor efectivo. El nuevo desafío para el Estado-nación puede consistir en articular las acciones de las políticas en cada nivel, lo que le permite tener una ventaja mutua e importante en un proceso controlado de globalización. Hasta la actualidad, el proceso de globalización ha realizado una contribución significativa, creando un nuevo tejido internacional y, en muchos casos, obligando a los nuevos Estados-nación a cooperar. Sin embargo, el futuro de la globalización reside en las acciones de cooperación que los Estados-nación inicien como respuesta a estos desafíos.
El autor es economista y Msc. en mercadeo