Muchos autores médicos comentan que la edad óptima para la procreación es entre los 25 y 34 años de edad. La fertilidad de la mujer comienza a disminuir después de los 20 años y la velocidad de esta disminución se acelera después de los 35 años, lo cual se debe a cambios en los órganos sexuales y a un menor número de coitos, pero, además, esta condición es influenciada por la mayor posibilidad de aparecer otras enfermedades como la diabetes (azúcar en la sangre), hipertensión arterial (presión alta), obesidad, etc.
Otras enfermedades ginecológicas que afectan la fertilidad son: tumores benignos de la matriz (miomas), enclometriosis (tejido de la matriz), también enfermedades de la pelvis por herencia.
La tasa de pérdidas de embarazos tempranos aumenta con la edad, se acelera después de los 35 años y parece estar relacionado con alteraciones cromosómicas.
Otras consecuencias son las complicaciones obstétricas y entre las más comunes figuran: diabetes mellitus gestacional, pre-eclampsia, placenta previa, anormalidad del trabajo de parto y de la contractibilidad del mundo de la matriz, y una menor tolerancia al estrés que genera el trabajo de parto.
Otras consecuencias del avance de la edad son el aumento de la incidencia de las muertes maternas, cesárea debido a una disminución de la hexibilidad articular y de las fibras musculares del útero o matriz.
Se sabe también que la paternidad avanzada aumenta la tasa de alteraciones cromosómicas dominantes como la acondroplasia, retinoblastomas, síndrome Martán, la enfermedad crouzon y otras mutaciones ligadas al cromosoma X.
Debido al mayor riesgo de una progenie anormal en mujeres mayores de 35 años, siempre está indicado el asesor genético, el ultrasonido entre las once y trece semanas de gestación (o embarazo), la posible evaluación de marcadores bioquímicos en el suero materno y las pruebas invasivas si la paciente lo desea. Lo más importante es no adelantar la maternidad, pero tampoco esperar a los 35 años o más para convertirse en madre, si lo desea.
PRESERVAR LA FERTILIDAD
La edad no es la única barrera que puede impedir a una mujer ser madre.
Tabaco. Fumar puede afectar seriamente la capacidad para engendrar hijos. El tabaco daña los ovarios y causa un rápido “agotamiento” de los óvulos. Además, eleva las probabilidades de aborto. En el varón, también afecta al número y a la movilidad de los espermatozoides.
Peso. Tal y como recoge la Sociedad Americana de Reproducción Humana, “más de un 20% de las mujeres tiene problemas de fertilidad como resultado de trastornos con el peso, que cuando se corrigen, permiten embarazos de forma espontánea”. De hecho, tanto el exceso como el defecto de kilos puede provocar infertilidad.
Infecciones. Las enfermedades de transmisión sexual, como la clamidia, la gonorrea, el virus papiloma humano o el herpes, pueden causar enfermedad pélvica inflamatoria y esterilidad. Use el preservativo cuando no quiera quedarse embarazada.
Visitas al médico. Las consultas periódicas al ginecólogo pueden ayudar a prevenir o detectar problemas reproductivos, como la endometriosis, miomas u ovarios poliquísticos. Se debe acudir al especialista siempre que las menstruaciones sean irregulares y muy dolorosas.