Guillermo Areas CabreraAbogado y Notario Público
El 14 de octubre del 2004 me dirigí al señor Viceprocurador solicitándole constancia de determinados terrenos localizados en el viejo casco urbano de Managua, que pertenecen al Estado de la República de Nicaragua. Dichos lotes fueron debidamente identificados con documentación expedida por la Alcaldía de Managua y la Dirección de Bienes del Estado (Ministerio de Hacienda y Crédito Público), la cual le acompañé.
Pese a mis múltiples llamadas a su despacho y conversaciones con su asistente (Elisa) para saber de la constancia solicitada, la respuesta fue siempre la misma: El señor Viceprocurador ha estado muy ocupado y no ha podido redactar y firmar su constancia. Llámeme el lunes 10 y quizás sepa algo al respecto”.
La función pública como regla general acarrea sacrificios y mediocridad económica, pero quien escoge dicha carrera adquiere la obligación de servirle al pueblo además de con honestidad —de la que el Viceprocurador es portador— también con diligencia y eficiencia.
No puedo continuar esperando mi constancia de manera indefinida, pues tengo clientes a quienes también les debo diligencia y eficiencia y a los cuales cobro por mis servicios profesionales, de los cuales tengo un hogar que mantener, igual que el Viceprocurador, con la única diferencia de que no estoy en la computadora gubernamental que emite cheques de manera mensual calificando únicamente partidismos políticos o lealtades personales.