El valor del pasado

PabloSanabria*

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El valor del pasado


PabloSanabria*




Hay quienes exhortan a la población a que olvide el pasado. ¿En qué sentido? ¿En el de perdonar a quienes nos han dañado y desilusionado o en el sentido de actuar como que nada hubiera ocurrido? Lo primero es posible desde una posición cristiana, pues Jesús dice que debemos perdonar a los que nos ofenden y nos ultrajan. Lo segundo sería totalmente impropio pues el pasado contiene nuestra experiencia humana sin la cual quedaríamos expuestos a la comisión de los mismos errores y nos incapacitaríamos para actuar sabiamente en el presente.

El valor del pasado se puede entender a través de la fábula del zorro y del león, de Esopo. Cuando el león envejeció, ya no pudo cazar con la misma destreza. Entonces, para no morirse de hambre, se metió en su cueva y fingió que estaba enfermo. Los animales del bosque venían a visitarlo creyendo que estaba indefenso e inútil. Cuando se acercaban, el viejo león les caía encima y los devoraba. Una vez vino a visitarlo el zorro. Éste, recordando la ferocidad de su enemigo natural, decidió prudentemente quedarse afuera y desde allí le habló.

—Yu hu, señor león.

—Yu hu, señor zorro.

—Me han dicho que usted está enfermo.

—Sí, —respondió el león—. Pero, por favor, entre para que hablemos viéndonos cara a cara.

—No, señor león —dijo el zorro—. Mejor hablamos desde aquí porque he visto que hay muchas huellas de animales entrando a su cueva, pero ninguna saliendo.

El zorro representa la sabiduría y la prudencia que nos enseña la experiencia. ¿Por qué el león, de pronto, se convertiría en un indefenso amigo de los animales del bosque? ¿Por qué querría dialogar con ellos? De la misma manera, por lo general, las personas van a actuar en el presente muy similarmente a como lo han hecho en el pasado. La variación de la conducta sólo puede deberse a dos razones: (a) A una conversión ideológica o religiosa y (b) a una estrategia que pretende ocultar nuestra verdadera naturaleza.

En Nicaragua la mayor parte de la clase política ha dejado a un lado sus convicciones ideológicas y las ha sacrificado ante los intereses económicos y partidarios. Por otro lado, no parece prudente creer en una conversión religiosa de nuestros líderes. ¿Qué alternativa nos queda? La mayoría de nuestros políticos se cambian de máscara en dependencia de los tiempos y de las circunstancias. Si no me creen, piensen por un momento en la composición y recomposición de las alianzas políticas actuales. Consideren las reparticiones de posiciones, de cargos de poder, el tono de los discursos, las maniobras “legales”.

Nuestra memoria política nos enseña que seguimos luchando contra los viejos azotes: las dictaduras, la corrupción, la demagogia, el saqueo, la pobreza, la codicia de los funcionarios públicos, el discurso que manipula los intereses de los pobres, el slogan propagandístico pre-electoral, las alianzas (algunas de ellas desconcertantes).

El pueblo nicaragüense necesita reasumir las riendas de su destino, hacer sentir su presencia y su poder, demandar respeto de sus gobernantes. ¿Que nos olvidemos del pasado? Nada más absurdo. Eso sería como creer que el león, viejo y enfermo de la fábula, de pronto se ha hecho amigo de los inocentes animalillos del bosque y sólo quiere dialogar con ellos.

* El autor es abogado

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