Mabel Vásquez Orozco
Pocas veces he aplaudido porque los diputados hagan una acción a favor de los ciudadanos que los elegimos. Pero en el recién finalizado año 2004 hicieron algo increíble e inesperado: aprobaron la ley sobre las tarjetas de crédito, que ahora está pendiente de su reglamentación y publicación pero ya está vigente.
Esta acción sin lugar a dudas traerá sosiego a muchos nicaragüenses a quienes ese pedacito de plástico en muchas ocasiones les ha generado noches de insomnio, estrés, desesperación, enemigos, embargos y juicios.
Dado los apremiantes problemas económicos urgidos de soluciones en la que se encuentra la mayoría de los hogares nicaragüenses, un día ilusionados decidimos tener una tarjeta de crédito con la sana intención de resolver los imprevistos que tocan a nuestros hogares y que nos encuentran sin un córdoba en nuestro bolsillo. Estábamos ajenos a que esta acción se convertiría no en la solución de nuestros problemas si no en otro de mayor magnitud, por los cobros antojadizos y exorbitantes que las empresas financieras aplican, como si no les bastara con los intereses ya establecidos que les permiten obtener buenas ganancias con los 200 mil usuarios existentes en el país.
Esta admirable iniciativa, desprendida de los intereses que se perfilan en ese controversial Poder del Estado, será un escudo protector de los indefensos. Considero que por primera vez los cobros inadecuados serán regulados y penados, según sea el caso, y que los reclamos serán escuchados y solucionados de acuerdo a esta ley.
Aplaudo a los diputados y espero que esta ordenanza se respete y que las empresas emisoras de tarjetas actúen de acuerdo a la legislación, pues considero que el cobro del cinco por ciento es suficiente para llenar sus arcas financieras y es una tasa razonable para sus mercantiles propósitos.