Fernando Centeno Chiong
Una de las mayores preocupaciones del periodismo nacional es el auge de la nota roja, especialmente a través de la pantalla de televisión, lo cual fue señalado en numerosos debates, escritos y comentarios no sólo por periodistas sino por personas que siguen de cerca el ejercicio de este noble oficio.
Decía el ex decano de la Facultad de Periodismo de la UCA, Enrique Alvarado, que se ha considerado al periodismo como una profesión que informa, orienta y educa, pero que en los últimos tiempos ha asumido también una función de entretenimiento especialmente a través de la televisión. Prueba de esto son los noticieros de notas rojas y pleitos de barrio, o los llamados talk show, que tanta incidencia están teniendo en los hogares nacionales. El asunto no es que si la televisión te ofrece este tipo de programas y no estás de acuerdo con ellos, tenés la opción de apagar el equipo o sintonizar otro canal, sino que ese equipo lo tenés reproducido en la sala, la habitación, la biblioteca y hasta en la cocina.
En otras palabras, el problema es que se ha convertido en una intrusa en tu propia casa. Está allí las 24 horas, y al alcance del adulto, el adolescente y el niño con el peligro que muchos de éstos no saben discriminar entre lo que es bueno y puede ser malo en el amplísimo menú que ofrecen los canales de televisión tanto locales como extranjeros.
Esa intrusa sirve también para proyectar juegos de vídeo que en la mayor parte de los casos contienen altos grados de violencia, que afectan el desarrollo mental de quienes los manipulan.
Asimismo, está demostrado que no es recomendable dejar a niños, que apenas empiezan a aprender a hablar, sentados o acostados frente a una pantalla con programas que aunque se diga son dirigidos a ellos, no tienen el contacto de una relación de tercera dimensión que necesitan en el período de crecimiento más importante de la vida como es entre cero y tres años.
El desarrollo de la tecnología en el campo de las comunicaciones, especialmente a través de la imagen, es impredecible y en esa medida dependeremos más de los aparatos de televisión o computadoras en nuestra vida diaria, perdiendo la recreación del núcleo familiar abandonado ya desde hace más de medio siglo y que se propiciaba a través de las tertulias o conversaciones.
Nuestra Constitución establece que una de las funciones de los medios es contribuir al desarrollo de la nación. ¿De qué desarrollo estamos hablando, con la proliferación de programas de violencia?
Está en manos de los periodistas reivindicar el prestigio y credibilidad especialmente de la televisión, la cual se ha visto deteriorada por situaciones que ojalá sean pasajeras.
Hay un mejor papel que reflejar sangre y violencia y ése debe ser uno de los retos este año, para que la pantalla chica no sea realmente una intrusa en tu casa, sino que asuma su función educadora y orientadora, y de esta manera incida más en el proceso de cambio que tanto necesita este país.
El autor es periodista y catedrático universitario.