Orlando Flores Ponce
Tan fuerte es el deseo de crucificar al Presidente, que si lo llevan y lo crucifican se repetiría la historia de hace dos mil años: moriría en la cruz y entre dos cruces, con la diferencia de que aquí no se sabe quién es el bueno y quién el malo, porque para el pueblo los dos son malos.
También recuerdo que el sumo sacerdote de ese tiempo, Caifás dijo: “Es necesario que uno muera para que se salve el pueblo o la nación”. Palabras proféticas porque así en su muerte entró Jesús a darle la salvación al mundo. Si toda esta historia se repitiera en Nicaragua, va a resultar exactamente lo que predijo el señor Presidente cuando tomó posesión de su cargo: “Yo voy a pasar a la historia como el mejor Presidente de Nicaragua”.
Cada vez que lo vilipendian más se acerca a su gloria y a su propia profecía, ya que es el abanderado en Latinoamérica y en el mundo entero en su lucha contra la corrupción, el robo, la rapiña, contra los opresores de la libertad de prensa, la hipocresía, el enriquecimiento ilícito, en contra del narcotráfico y el lavado de dinero.
Y todavía tenemos que recordar aún más, y es que el santo nuestro, Bernardo, el de las apariciones de la Virgen en Cuapa, tuvo una visión en la que vio a un monstruo de dos cabezas que quería destruir a toda Nicaragua y con su cola llegó hasta las puertas de su casa.