Diálogo entre Daniel y Arnoldo

León Núñez

Después de algunas semanas de ausencia, fui a Acoyapa a la despedida del año viejo. En la tarde del 31 de diciembre conversé con los miembros del “comité de rumores”, y llegué a tiempo para evitar su división.

Pretendían crear dos comités. Un comité de propalación de “rumores falsos”, principalmente calumniosos, y un comité de “rumores verdaderos”. Pero desistieron de sus propósitos cuando les demostré que en Nicaragua esta división no tenía sentido ya que la diferencia entre lo verdadero y lo falso era meramente teórica; que prácticamente la línea fronteriza entre lo que es verdad y lo que es mentira era tan imperceptible que podría decirse que esa línea no existe.

Posteriormente me trasladé, junto con el “comité de rumores” en pleno, a la tertulia de la peña literaria “El Bejuco”. No había una agenda que cumplir, de tal manera que la reunión se desarrolló “a la libre”.

Después de muchas intervenciones, un ex analista político —que por cierto es un experto en la mecánica del rumor— propuso que Acoyapa fuera reconocida como la capital del diálogo político, porque en esa ciudad se habían celebrado últimamente las conversaciones más trascendentales para la vida de Nicaragua. A este respecto recordó la importancia de los diálogos acoyapinos entre don Enrique y Maquiavelo; entre don Enrique y Su Eminencia el cardenal Obando; entre don Enrique y don Daniel; entre José Rizo y el médico de don Enrique, y entre Su Eminencia y su ahora queridísimo paisano don Daniel.

Continuó manifestando mi coterráneo que a pesar de que han sido muchos los diálogos que se han celebrado en Acoyapa, faltaba que se escenificara una conversación entre Ortega y Alemán para tomarle mejor el pulso político a este país. Dos de los presentes ofrecieron caracterizar teatralmente a Daniel y a Arnoldo. La conversación entre estos dos personajes fue imaginada a solas, en El Chile, un día antes de que Daniel llegara a esa finca acompañado de Eddy Montenegro.

A pesar de que los dos actores no se habían preparado para esta “obra teatral” improvisaron un diálogo interesante e imaginativo —parecía como si fuera algo real— lo que los obligó al final de la función a pedir a todos los presentes que consideraran que cualquier parecido de la imaginación con la realidad era pura coincidencia. El diálogo entre Daniel y Arnoldo discurrió de la siguiente manera:

Arnoldo: “Ideay, hombré Daniel. ¿Cómo estás? Feliz Navidad. Sentáte. ¿Querés tomar algo?”

Daniel: “No, muchas gracias”.

Arnoldo: “Aquí no estamos en Ucrania. Vos podés comer y beber con confianza. Vos sabés que soy un hombre incapaz de envenenar a nadie”.

Daniel: “Ya lo sé Arnoldo. Pero no me apetece nada”.

Arnoldo: “Yo creo, Daniel, que fue buena tu idea de que conversáramos en secreto antes de hacerlo en presencia del mentado Eddy, pues ante todo quería felicitarte por el ‘trabajo de filigrana’ que has hecho para ‘enganchar’ a Su Eminencia; para hacerle creer que don Enrique le está ‘serruchando el piso’ en el Vaticano”.

Daniel: “Estás equivocado Arnoldó. A mí no me gusta ‘enganchar’ a nadie, y menos a Su Eminencia, a quien ahora quiero como si fuera mi padre”.

Arnoldo: “Ve hombré, yo creo que debés dar ya la orden para que me pongan en libertad. Ya te entregué el Poder Judicial. Ya te dije que mis

‘muchachos’ van a votar para que René Núñez sea el próximo presidente de la Asamblea Nacional. Por otra parte, mi bancada está apoyando todas tus ‘iniciativas’ legislativas, así como las reformas constitucionales que te interesan. Recordá, además, que apoyé a Omar Cabezas y te entregué la Alcaldía de Managua, pues vos sabés que hice todo lo posible, en forma muy sutil, para que Pedro Joaquín perdiera”.

Daniel: “Lo siento Arnoldó. Yo todavía no debo ponerte en libertad”.

Arnoldo: “¿Por qué? Te lo estoy dando todo. Es más, te dije que a través del nuevo Instituto de la Propiedad los sandinistas van a conseguir gratis propiedades por más de dos mil millones de córdobas. Oíme Daniel… por favor…”

Daniel: “Escucháme Arnoldó. Con tu permanencia aquí, en El Chile, te estoy pagando todo lo que me has dado. Pero por tu libertad tendrás que darme algo más”.

Arnoldo: “¿Qué quieres que te dé? “

Daniel: “Voy a ponerte en libertad en la primera quincena de noviembre del 2006. Pero debés, con ‘discreción e inteligencia’ políticas, hacer los esfuerzos necesarios para que yo gane las elecciones presidenciales. Y quiero advertirte que si las pierdo, la sentencia que te impusieron de 20 años quedaría firme y serías trasladado a la Cárcel Modelo de Tipitapa —sin ningún privilegio— a vivir los últimos años de tu vida”.

Arnoldo se quedó callado, pensativo, tratando de asimilar el golpe. Minutos después, con semblante de resignación, terminó de conversar con Daniel sobre la posición que ellos defenderían en el diálogo político. Incluso acordaron los temas sobre los que ellos iban a discrepar públicamente. Al finalizar el diálogo, Arnoldo le pidió nuevamente a Daniel que lo pusiera en libertad, y que le prometía hacer lo que él ordenara, pero Daniel no le contestó. Se limitó a despedirse de Arnoldo con un abrazo y una amable sonrisa.

El autor es abogado y escritor

Editorial
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