Adolfo Bonilla
La principal justificación de los conductores de autobuses de Managua para cometer todo tipo de tropelías en la vía pública es que tienen que cumplir con un itinerario, so pena de multa; de ahí que urge hacer una revisión profunda y realista de los itinerarios de las rutas del transporte colectivo de la capital para eliminar de una vez por todas este pretexto.
Al hacerse esto habría que tomar en consideración que el bus se detenga —en cada parada— el suficiente tiempo para que los pasajeros suban y bajen con tranquilidad y seguridad. Además, el chofer de ómnibus debe abrir las puertas del vehículo hasta que éste esté parado por completo y cerrarlas antes de que el mismo reanude la marcha. El nuevo itinerario debe contemplar el tiempo que tarda el vehículo en entrar y salir de las bahías especiales de las paradas y las trancas de tráfico en distintas horas del día y distintas zonas de la ciudad.
Por otra parte, el itinerario debe significar una hora determinada no sólo en los chequeos donde se marca una tarjeta, sino en cada parada de buses, lo cual implica modificar la política común de los choferes de ir con lentitud desesperante en algunos trechos del recorrido para luego salir desaforados a fin de poder cumplir con el horario en los puestos de chequeo. Es en estos casos cuando los conductores —para recuperar el tiempo de retraso— corren a exceso de velocidad y ejecutan todo tipo de malas maniobras que incomodan a los pasajeros y ponen en peligro la integridad física de los mismos y de las demás personas en la vía. Además que por eso mismo es que no se detienen a recoger pasajeros que esperan pacientemente en muchas de las paradas, lo cual aparte de no cumplir con su responsabilidad es una ofensa grave a los ciudadanos.
Al revisar el mencionado itinerario hay que saber que el ciudadano utiliza el autobús con el propósito de llegar a su destino a un costo bajo, pero en condiciones de seguridad y comodidad personal, ya que cuando la persona quiere llegar más rápido o más pronto a su lugar de destino utiliza taxi o sale más temprano a tomar el autobús.
Pero existe algo más que tiene una importancia primordial, cual es que los choferes deben finalmente llegar a comprender que lo que transportan son personas humanas y no objetos ni animales, y que los pasajeros no sólo tienen derechos sino también igual dignidad que ellos. Es decir que los conductores deben aprender a manejar un vehículo con carga humana y deben aprender a relacionarse con sus clientes con respeto y cortesía.
Por último, la ciudadanía tiene que estar claramente consciente de que los que mandan en esta materia no son los choferes ni los empresarios del transporte ni el Gobierno, sino que son los propios usuarios del transporte colectivo, quienes tienen que organizarse para defender y proteger su derecho a un servicio de transporte moderno, cómodo, seguro y barato. Mientras no exista organización de este tipo en este sector, las cosas no sólo seguirán igual, sino que pueden empeorar. He ahí el reto que se le plantea a los millares de capitalinos que utilizan este servicio (¿?) cotidianamente.
El autor fue dirigente sindical y es usuario del transporte colectivo