Douglas Carcache
El taxista que me trasladó del aeropuerto Juan Santamaría al Hotel Bougainvillea, Abraham Machado, me sorprendió cuando me contó que se sentía orgulloso de la van que conducía porque le había costado mucho trabajo en Florida, Estados Unidos. ¿Y es que los ticos también emigran? Por supuesto…
Corríamos sobre una autopista de San José, la capital anhelada de muchos migrantes nicaragüenses que, presionados por la pobreza, cruzan la frontera y pasan mil penurias para afianzarse en un trabajo y después conseguir un permiso de residencia en el país vecino.
Desde Nicaragua solemos ver a Costa Rica como el país del empleo, donde todo el mundo trabaja y sobran puestos para los desempleados de la vecindad, pero ya dentro nos podríamos encontrar cientos o miles de ciudadanos ticos que desean un ingreso económico mejor y también buscan la oportunidad de irse al norte, a Estados Unidos.
Más tarde, el sociólogo José Luis Rocha me aclaró la historia migratoria de los costarricenses, señalando que hasta el año 1990 se habían ido a Estados Unidos más de 43 mil ticos, y para el año 2000 ya eran más de 72 mil.
Es una migración creciente, a pesar de que a Costa Rica siguen llegando más turistas e industrias de alta tecnología. Rocha, quien trabaja con el Servicio Jesuita a Migrantes de Centroamérica, estima que entre 1980 y el año 2000 la emigración de costarricenses hacia Estados Unidos ha aumentado más de 144 por ciento. En 1980 los ticos trabajando en Estados Unidos eran casi 30 mil.
Ahora, hasta en las cuentas del Banco Central costarricense han empezado a ver como algo especial el ingreso que recibe el país en concepto de remesas familiares, porque durante el año 2003 los migrantes ticos enviaron cerca de 250 millones de dólares. O sea que en el 2004 la cifra pudo ser mayor.
Si recordamos un poco, al Contralor General de Costa Rica, Alex Solís, destituido el 13 de diciembre pasado, fue acusado en la Asamblea Legislativa por falsificar firmas y hacer préstamos de dinero a personas de la zona de “Pérez Zeledón” para que emigraran de forma ilegal a Estados Unidos. Se supone que con ese financiamiento, los migrantes ticos pagaban a los “coyotes” (traficantes) que los trasladaban.
La historia migratoria de Abraham Machado comenzó en Golfito, donde se crió trabajando al machete en plantaciones agrícolas. En la adolescencia decidió probar suerte en San José, como obrero, y años después dio el salto a Estados Unidos. ¿Y qué hacen los ticos allá? le pregunté. “Allí, cuando lo ven a uno, ya le están pasando el palo de escoba y el trapito para limpiar las ventanas…”
Así se abrió campo hasta reunir lo necesario para comprar el carro en que ahora traslada turistas desde el aeropuerto de San José. “No soy muy trabajador pero sí muy ahorrativo, y una cosa compensa a la otra —me dice al despedirse— Ya con los ‘añillos’ uno ve resultados”.