La fuente de nuestro atraso

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La fuente de nuestro atraso





La pregunta de fondo en esta crisis política es: ¿ por qué Nicaragua va de tumbo en tambo, sin avanzar, siendo además más proclive a la inestabilidad que sus hermanas regionales? La respuesta es obvia: seguimos gobernados por el sistema caudillista, que es toda una cultura, producto de la pobreza, desorden y mala educación en que vivimos, impidiéndose la construcción de instituciones sólidas. Seguimos apegados a valores condicionantes del atraso, como el personalismo, la mentira, autoritarismo, ansia obsesiva de poder, cortoplacismo, resistencia a rendir cuentas de fondos públicos, tendencia a conseguir granjerías, en vez de trabajar. Ése es casualmente el caldo de cultivo que necesitan los caudillos para seducir. De ello deriva la “heteronomia”, que es alta dependencia externa.

En 1979 la mayoría de los nicaragüenses creyeron que sustituyendo a los Somoza, por jóvenes revolucionarios se erradicaría el abuso. La verdad fue que aquellos “muchachos” impreparados fueron absorbidos por la cultura política tradicional, que actúa como el agua regia que todo lo disuelve, y terminaron tan atrabiliarios y corruptos como el régimen que con heroísmo derrocaron.

Para la comunidad donante, el contubernio PLC-FSLN es una opereta en la que dos élites políticas acaparan poder e impunidad, asumiendo que la ayuda internacional vendrá de todas maneras. Los países amigos temen, con razón, que eliminados los controles que una oposición democrática procura, los fondos suministrados serán dilapidados y consecuentemente los disminuirán o cancelarán. Si eso acaece, este Pacto causará graves daños. Por otra parte, observan con desaliento que los esfuerzos del presidente Bolaños de rendir cuentas claras son saboteados al despojarlo de sus atributos constitucionales.

Algunos alegan que el presidente Bolaños carece de habilidad política. Pero ello no invalida su empeño patriótico, aunque le resulta difícil implementarlo. Lo lógico hubiera sido que limpiara el sistema apoyándose en el partido que lo llevó al poder. Sin embargo, los compromisos del CEN del PLC y la obsesión de liberar a su caudillo mediante el Pacto, hicieron imposible rescatarlo. Prefirieron los rencorosos directivos del PLC facilitarle el paso al sandinismo, en vez de arreglarse con sus congéneres. Lo cierto es que ahora el PLC y FSLN constituyen una simbiosis que dispone de cómplices que otrora funcionaban como frenos a los desmanes de la dictadura.

En todo caso, el caudillismo rechaza la democratización de los partidos impidiendo que la opinión pública seleccione dirigentes eficaces y probos, que estimulen la participación ciudadana que ahora se muestra apática y desconfiada, que sólo se inmiscuye en política en época electoral cuando es seducida por líderes demagógicos. Aunque también hay personas de recursos económicos significativos que permanecen indiferentes, como si fueran extranjeros, en vez de aprender de la historia reciente y colaborar con el cambio.

Cuando accedió al poder el doctor Arnoldo Alemán implantó una vez más el sistema caudillesco. Por lo cual resultaba inevitable que tarde o temprano negociaría una entente con Daniel Ortega, también caudillo, quien se aprovechó de las libertades públicas para montar asonadas y manipular la gran demanda social. Repitió así el PLC la fórmula histórica que refuerza con un pacto al poder central, mientras tranquiliza con cuotas de poder al caudillo homólogo que pretende controlar la calle. Pudiera esa fórmula ser beneficiosa, si actuasen juntos los caudillos para sanear los poderes del Estado, pero lo que hacen es prostituirlos como en la actualidad, donde cada sentencia tiene precio.

Felizmente, al asociarse los dos caudillos multiplican su desprestigio y dan oportunidad para que la ciudadanía los desafíe e implante los fundamentos de la democracia, usando la libertad de prensa y de organización. Para ello debe convocar a los ciudadanos con amplitud, sin sectarismos ni apego a personalidades, y sin nuevas élites. Ése es el reto en los dos años que faltan para crear una fuerza política alternativa . Es absurdo creer que se debería llegar a una entente con los caudillos, que van al diálogo con posición de fuerza, después de aprobar las reformas constitucionales; y sólo para ceder —el caudillismo bicéfalo— en aspectos secundarios a fin de conseguir legitimidad en lo actuado.

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