Darío enla pluma de Ramírez

Hugo J.Vélez Astacio.

Mientras en la política nacional sobre los acontecimientos de actualidad el presidente Bolaños tardíamente contragolpeaba, pretendiendo revertir el golpe a los que actúan en defensa de intereses mezquinos y bajo pretensiones de mantener el poder que caracteriza a los opresores, déspotas y apátridas, con mucho agrado y placer asistí a principios de diciembre al Teatro Nacional Rubén Darío, a la presentación de la creación literaria de Sergio Ramírez, su nueva novela Mil y una muertes. Ahora le reitero al escritor mis felicitaciones, ocasión en que además deseo expresar lo que bien tuve a indicarle muy rápidamente esa noche de gala, sobre la necesidad de tener de su parte una obra sobre la vida del más grande nicaragüense, nuestro Rubén Darío.

Desconozco si Milagros Sánchez Pinell en su entrevista para La Prensa Literaria, por falta de tino, de manera llana con sabor a empacho y de hastío le lanzó de esa forma la pregunta: ¿Cuándo dejaremos de ver a Rubén Darío en sus obras? O fue a propósito para obtener de su parte una respuesta tan atinada por llevar gran verdad y mucho corazón y gran sentimiento hacia el genio de nuestra tierra natal, el mismo al que le cubren por igual sus palabras dirigidas al apóstol Martí, que “pertenecía a toda una raza, a todo un continente; pertenecía a una briosa juventud. ¡pertenecía al porvenir!” Ya que como bien dice Sergio Ramírez, Rubén Darío “resume al país, la universalidad del país, su vida tan dolorosa, tan llena de accidentes, —donde— el problema de su alcoholismo no interfirió en su genio”.

En el Simposio Internacional celebrado en León en enero del 2003, sobre la vigencia y actualidad de Rubén Darío en el siglo XXI, fue evidente y unitario en las distintas exposiciones de los críticos literarios y humanistas la trascendencia y la influencia de su obra por lo que requiere ser difundida y conocida por todos “en un lenguaje muy claro y directo, digamos muy inspirado —como respondió Ramírez— para que los muchachos de las escuelas conozcan al verdadero Darío”. Sin desmérito al maestro don Edelberto Torres, se hace necesario que una pluma como la de Sergio Ramírez Mercado escriba y logre en gran manera hacer realidad su anhelo de escribir la biografía de nuestro panida.

Dice Jorge Eduardo Arellano —en alusión y algo parecido a lo que decía León Bloy sobre sus lecturas a San Pablo—, que “cuando intento comprender el mundo, sus grandezas y miserias; cuando deseo penetrar en la compleja realidad del ser humano, etc., leo a Nuestro Padre y Señor Rubén Darío”.

Yo tengo un sueño. Sueño leer a Nuestro Padre y Señor Rubén Darío, en palabras escrita por el maestro de nuestra literatura moderna, el gran escritor Sergio Ramírez Mercado. La juventud, y todos los nicaragüenses y la posteridad estoy seguro de que reconocerán su aporte y su obra, por lo que en lo particular lo exhorto y le pido “manos a la obra”, quiero hacer realidad mi sueño. En recordación a su primera novela, esta obra sería “tiempo de fulgor”.

El autor es Administrador de Empresas

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