El español frente a los extranjerismos

Róger Matus Lazo

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El español frente a los extranjerismos


Róger Matus Lazo




Al señor Adolfo Bonilla

En LA PRENSA del 11 de diciembre (página 11 A), el señor Adolfo Bonilla, traductor e intérprete simultáneo, publica un interesante artículo titulado Irrupción del inglés en el español, en el que manifiesta —con sobrada razón— su alarma por la amenaza del inglés a la propia identidad de nuestro idioma, tesoro que debemos cuidar y conservar, como responsabilidad que incumbe a todos, incluyendo a las Academias de la Lengua.

UNA POSICIÓN DIFERENTE?

Debo decirle al distinguido señor Bonilla que comparto su preocupación. Así lo consigné en 1996 en mi ponencia para ingresar a la Academia Nicaragüense de la Lengua, que titulé precisamente Presencia del inglés en el español de Nicaragua. Pero no comparto sus afirmaciones ni sus ejemplos. Comencemos con estos últimos. Cito textualmente:

1) “… existe la tendencia a utilizar la forma del diminutivo en inglés: pequeña siesta, pequeño pueblo, pequeña casa, pequeño niño, cuando en español los términos son: siestecita, casita, pueblo, niñito”.

El uso del adjetivo antepuesto al sustantivo (epíteto) no sólo es correcto en nuestro idioma, sino que tiene relieve expresivo. No es lo mismo “burguesito” que “pequeño burgués”. Se trata de un recurso frecuente entre escritores de todas las épocas. Dice Garcilaso en la Égloga primera: “…por ti la verde yerba, el fresco viento,/ el blanco lirio y colorada rosa/y dulce primavera deseaba”.

Gabriela Mistral en El placer de servir afirma: “Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios: adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña”.

Jorge Eduardo Arellano en la etopeya a su esposa Consuelo dice: “…siempre vela por mi sueño junto a ella en nuestro/pequeño paraíso”.

Y Manuel Seco, de la Real Academia Española, escribe en El hablante y su lengua: “Otro factor es la materia sobre la que versa la comunicación, que obliga a exponer de forma diversa un comentario deportivo y un comentario político, o las noticias sobre los progresos de un pequeño niño …”

2) Otro ejemplo es que como en inglés no existe el reflexivo como en castellano se traducen literalmente expresiones como las siguientes: “varios temas fueron abordados… cuando castizamente sería: se abordaron varios temas…”

En español, la voz activa predomina sobre la pasiva, cuyo uso es cada vez más infrecuente, sobre todo en la lengua coloquial. En los registros escritos hay muestras abundantes de su uso, prueba de su origen de pura casta española, y no tiene nada que ver con la construcción inglesa. Su empleo está plenamente justificado, particularmente cuando las circunstancias comunicativas exigen que el sujeto no realice la acción verbal sino que la reciba: “Fue golpeada brutalmente”.

3) Otro error se comete cuando se dice golpeó su cabeza, me duele mi brazo, etc. Lo correcto sería: “se golpeó la cabeza, me duele el brazo…”

Aquí estamos igualmente frente a un uso que no tiene en absoluto influencia inglesa. Alonso Zamora Vicente nos cita este rasgo encontrado en la lengua antigua, registrado incluso en el Poema del Cid: “de las sus bocas”. El mismo Garcilaso lo emplea en la citada Égloga primera: “… y yo hago con mis ojos/ crecer, llorando, el fruto miserable”.

El distinguido autor del artículo afirma que en la actualidad, “la irrupción del idioma inglés en el español no sólo desfigura, sino que completamente destruye”. Y agrega todavía: “Tiende inclusive a cambiar la sintaxis, la ortografía, la redacción, la estructura y a veces hasta la pronunciación”. Y concluye el párrafo, ya muy desilusionado: “Lo más trágico es que es un proceso inevitable e indetenible”.

Tampoco puedo compartir este criterio con el señor Bonilla. Lo más estable en un idioma es la sintaxis. Desde la primera Gramática castellana de Antonio de Nebrija (1492) hasta la nueva Gramática de la Real Academia Española por publicarse, pasando por la Estructura lógica de la teoría lingüística (1955-75), de Chomsky en la que formuló los principios de la gramática generativa transformacional, advertimos las mismas estructuras básicas de nuestro idioma: un sujeto y un verbo y sus elementos modificadores. Son los “universales” que existen en toda lengua. Lo más movible de un idioma está en el terreno del vocabulario, fenómeno que no menciona el señor Bonilla y que merece atención, particularmente por la influencia inglesa en las últimas décadas del siglo XX y los primeros años del XXI.

¿Todos los préstamos empobrecen nuestro idioma?

El predominante lugar de los galicismos en el español durante el siglo XIX y principios del XX lo tiene ahora el inglés en todos los dialectos de la lengua española. El fenómeno tiene múltiples razones y explicaciones, pero —como afirma José Moreno de Alba— todas ellas resumibles en una: el imperio económico de Estados Unidos.

Pues bien. ¿De qué manera un extranjerismo empobrece nuestro idioma? Cuando se abusa de este tipo de vocablo, es decir, cuando se lo emplea indiscriminadamente; cuando se lo utiliza de manera constante y progresiva, de modo que se pasa fácilmente a la sustitución de los vocablos de nuestro idioma. Muchas veces nuestros hablantes, por mero esnobismo, prefieren un extranjerismo —y especialmente si es anglicismo—, aún cuando el español cuente con un equivalente mucho más expresivo y preciso. El mejor ejemplo que se me viene a la mente en este momento es el horroroso “bay” (del ing. bye) que está remplazando a nuestro “adiós”. Pero se pueden citar muchos, como los anglicismos fans (admiradores); look (aspecto, imagen o apariencia); hall (vestíbulo); locker (casillero); superstar (superestrella); container (contenedor); marketing (comercialización o mercadotecnia), etc. Nuestros jóvenes de la “high life” se sienten mejor comprando en un shopping center, un automarket o un minimarket, porque centro comercial, automercado y minimercado —aun cuando son términos españoles perfectamente adecuados— los sienten de poca categoría.

EL ESPAÑOL, UNA LENGUA POBRE EN TERMINOLOGÍA CIENTÍFICO-TÉCNICA Y TECNOLÓGICA

El español de Nicaragua, como en todo el mundo hispánico, es una lengua pobre en terminología científica y tecnológica, precisamente porque vamos a la zaga en estos campos. ¿Por qué se han impuesto finanzas, drenaje, yersey o yersi, jaz, yip, yet, robot, filme, clipe, casete y muchas más? Por ser voces propias de la ciencia o de la técnica internacional, de claro signo universalista. En verdad, muchos anglicismos figuran en el habla de nuestro país para designar en otro idioma nuevas realidades introducidas por la vida moderna. Veamos.

Piezas de un carro (cloutch), partes de un hotel (lobby), electrodomésticos y otros aparatos en un hogar (freezer, betamax, etc.); tipos de transporte (container), vías de la ciudad (bye pass), comidas (beefsteak), bebidas (seven-up), equipos y materiales de oficina (off-set, fax, clip); y sobre todo la sorprendente computadora, cuya terminología inglesa permanece intacta todavía, porque no se ha hecho ningún esfuerzo por crear o emplear las voces necesarias para evitar anglicismos innecesarios como salvar, display, accesar, y muchos más. Y es que el progreso técnico va de la mano con la penetración cultural. Una cosa distinta es, por ejemplo, cuando se dice faxear (enviar un fax), porque es forma verbal que los hablantes han derivado del nombre de este instrumento tecnológico propio de una ciencia de la que estamos aún en pañales, y no tenemos tampoco el equivalente en nuestro idioma. (El verbo biperear, “enviar un mensaje por medio del beeper”, ya es de poca difusión, porque el aparato está restringiéndose al uso de unos pocos, pues la mayoría prefiere el teléfono celular).

¿ENRIQUECE NUESTRO IDIOMA UN EXTRANJERISMO?

Pero es oportuno aclarar que no siempre un anglicismo —como todo extranjerismo— empobrece nuestro idioma, sino todo lo contrario: lo enriquece. Y es que un idioma no es autosuficiente, ni existe una lengua que tenga todas las palabras para denominar todos los objetos, o para referirse a todos los conceptos, las acciones, los estados de ánimo, las realidades… Siempre estaremos recurriendo al préstamo lingüístico, producto de una relación sociocultural de los pueblos. Toda comunidad lingüística enriquece su idioma a través de la incorporación de voces de otros idiomas con los cuales establece, directa o indirectamente, relaciones de comunicación. Un claro ejemplo es la palabra anglosajona manhole, que debe hispanizarse (manjol) e incorporarse a nuestra lengua. Aquí cabe la frase de don Fernando Lázaro Carreter, ex Director de la Real Academia Española: “El extranjerismo no es nunca un invasor; acude porque se le llama”.

El autor es Miembro de la Academia de la Lengua

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