2004: Año bueno y malo

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2004: Año bueno y malo





El año que termina fue en parte bastante bueno para Nicaragua: creció la economía nacional; por primera vez desde que los sandinistas destruyeron, con su revolución socializante, la base productiva del país, las exportaciones volvieron al nivel de la época prerrevolucionaria e inclusive lo superaron; se incrementó significativamente el ingreso por el turismo receptivo; aumentaron las inversiones extranjeras; el comercio se mostró más animoso, etc.

En realidad, si comparamos la situación actual de Nicaragua con la “noche oscura” —como calificó Su Santidad Juan Pablo II al período revolucionario sandinista de 1979 a 1990—, el país se ha transformado de manera impresionante. Los extranjeros que vienen por primera vez ni siquiera pueden imaginar la tétrica situación que había en Nicaragua hace apenas quince años. Y quienes tenían varios años de no venir se asombran al ver los cambios positivos que han ocurrido en estos últimos años.

Pero, desgraciadamente, no todo fue bueno en este año que está llegando a su fin. En primer lugar, a pesar del dinamismo económico de la nueva Nicaragua, ésta sigue siendo una de las naciones más pobres del hemisferio occidental y del mundo. No obstante que se obtuvo la condonación de gran parte de su deuda externa, Nicaragua sigue dependiendo en gran medida de la cooperación internacional. El país enseña cifras deleznables en los índices de ingreso por habitante, alimentación, salud, educación, desarrollo tecnológico, participación social en la toma de decisiones, etc.

Y en el ámbito político e institucional el 2004 no pudo ser peor. Nos referimos, por supuesto, a la nación y a los ciudadanos en términos generales, pues para quienes forman parte de las cúpulas corruptas de los partidos FSLN y PLC este año ha sido sin duda el mejor y más lucrativo de todos los anteriores.

Como dijimos en esta misma columna editorial al comenzar el último mes del año (Caminando en dos direcciones, LA PRENSA, 1 de diciembre del 2004), Nicaragua se asemeja a un vehículo que anda al mismo tiempo en dos direcciones opuestas: va por la ruta acertada en materia económica pero camina por la vía incorrecta en el campo político. Esto indica que los nicaragüenses estarían mucho mejor que ahora, y que el país se hubiera recuperado con más rapidez y éxito de no haber sido por la labor de zapa de los políticos corruptos que dominan el FSLN y el PLC y la mayoría de las instituciones estatales. Pero además es necesario considerar que esa gran contradicción entre la economía y la política no se puede mantener indefinidamente; más temprano que tarde el país tendrá que sacudirse de encima a la claque política corrupta o la economía colapsará irremediablemente.

Por otro lado, lo peor que ocurrió en Nicaragua este año que termina es que regresaron los asesinatos políticos y el fraude electoral. En efecto, desde que un fanático sandinista asesinó en 1992 al líder empresarial agropecuario y de los nicaragüenses confiscados por el FSLN, Arges Sequeira Mangas, no había ocurrido otro asesinato político hasta que en marzo de este año asesinaron desde la “izquierda” al periodista Carlos José Guadamuz, y en noviembre recién pasado asesinaron, desde la “derecha”, a la periodista María José Bravo Sánchez. Al mismo tiempo, en cumplimiento del pacto libero-sandinista para la repartición de todos los eslabones del poder público, las camarillas corruptas del FSLN y el PLC perpetraron un descarado fraude en las recién pasadas elecciones municipales, para arrebatarle a sus competidores políticos democráticos los gobiernos locales que con mucha dificultad lograron ganar mediante el voto popular.

En resumen, el FSLN y el PLC renovaron y extendieron su pacto corrupto en perjuicio de la institucionalidad democrática del país, al que ahora han colocado en grave peligro de perder el respaldo económico internacional y de malograr su recuperación material.

Sin embargo los éxitos que los corruptos obtuvieron este año y los reveses que por eso mismo sufrieron la nación y las instituciones democráticas, no deben ser considerados como irreversibles. En estos casos en la misma crisis radica la solución. Existen magníficas condiciones para que se despierte y alce a la lucha la Nicaragua decente, y para el reagrupamiento de las fuerzas democráticas inclusive dentro del FSLN y el PLC, lo cual podría crear en el 2005 un escenario político completamente distinto. Hacemos votos porque así sea, por el bien de Nicaragua.

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