Esas ingratas muletillas

Fernando Centeno Chiong

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Esas ingratas muletillas


Fernando Centeno Chiong




Se ha vuelto común escuchar en expresiones de funcionarios de gobierno, diputados, conferencistas, académicos, periodistas, ejecutivos de empresas y un sinnúmero de personajes del mundo oficial y privado, un continuo uso de las llamadas “muletillas”.

Como la palabra lo dice, muletilla es un derivado de muleta, que de acuerdo al diccionario es “aquello que sirve para sostener algo o a alguien”. El mismo diccionario también define la muletilla “como la expresión que se repite innecesariamente en el lenguaje”, llamando a quienes utilizan esta falla idiomática, “muletilleros”.

Las muletillas más usadas y que casi a diario escuchamos en conversaciones, declaraciones, discursos o parlamentos improvisados de algunos noveles periodistas, especialmente a través de la televisión y la radio, son entre otras: pues, entienden, me comprende, en veces, bueno, verdá (verdad), este, hum, etc., las cuales no son más que producto en algunas ocasiones de la inseguridad en el manejo del tema, la falta de un léxico apropiado o en otros casos querer hablar más rápido con la boca que con el cerebro.

Sin embargo, no es lo mismo escuchar el frecuente uso de muletillas en una prosaica conversación o en los chistes de salón, que en el gerente de una empresa, en un político ofreciendo declaraciones o en un periodista informando a sus radio oyentes o televidentes.

El origen de estos indeseables defectos del idioma, en su mayor parte es producto de la falta de preparación en las escuelas secundarias y universitarias donde se ha descuidado totalmente la importancia de la expresión oral, el conocimiento del lenguaje y la cultura general. Da pena escuchar a profesionales con grados de maestría o doctorado utilizando palabras primitivas, repitiéndolas constantemente y abusando de las muletillas.

Más vergonzoso es para los periodistas que debemos ser guardianes del idioma, hacer improvisaciones como maestros de ceremonia, presentadores de programas de televisión o comentaristas de radio, no sólo pronunciando mal las palabras, sino que repitiéndolas constantemente y haciendo gala de acrobacias de muletilleros.

Las escuelas de periodismo deben ser más cuidadosas en la preparación de sus egresados y no sólo ser estrictos en corregir y supervisar las formas de escribir en las cuales aún existen grandes deficiencias, sino también en la forma de expresarse oralmente.

La ventaja en la redacción es que las nuevas tecnologías cada día son mejores correctoras de los adefesios del idioma, pero aún no se han inventado micrófonos que sustituyan las características de una buena dicción, pronunciación, énfasis y que proscriban el continuo uso de las muletillas .

Basta tener la oportunidad de grabarse, sobre todo los que tienen el privilegio de contactarse con el público, para darse cuenta si estamos utilizando correctamente el idioma o bien lo estamos atropellando, en perjuicio de un público que considera a los periodistas como guardianes del mismo.

La recomendación anterior es válida sobre todo para los que pretenden hacer de la política un oficio o aquéllos que creen que coleccionar títulos profesionales es suficiente, sin darse cuenta que al enfrentarse al público directamente o a través de un medio, sudan, tiemblan y repiten constantemente frases y palabras, sin darse cuenta que su auditorio está pendiente de una excelente retórica o de un desastroso discurso.

El autor es periodista y catedrático universitario

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