Reforma de la ONU es inevitable

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Reforma de la ONU es inevitable





Terminada la Guerra Fría el órgano ejecutivo de la ONU, que es el Consejo de Seguridad, se mantuvo incólume en forma y funciones. Pero las condiciones geopolíticas cambiaron. Después del desmoronamiento de la URSS y la caída del Muro de Berlín el equilibrio mundial se modificó. Por de pronto, dos naciones importantes, Japón y Alemania, que fueron derrotadas en la última guerra mundial, emergieron como indiscutibles potencias y fueron integradas al G8 (grupo de las naciones más desarrolladas). Captando su nuevo status, Japón fue el primero en demandar, en 1992, la reforma del Consejo de Seguridad. No obstante, pasaron dos años para que la Asamblea General de la ONU nombrase una comisión ad hoc que estudiase el problema y presentase alternativas. Después de una década no hubo avance, pero como consecuencia del atentado del 11 de septiembre del 2001, sin autorización del Consejo de Seguridad EE. UU. invadió Irak contra la voluntad de Francia, Alemania y otras naciones. Como consecuencia la ONU se dividió en dos pedazos que seguían conceptos geopolíticos diferentes.

Esta vez el factor divisivo no fue la ideología (conflicto Este-Oeste) ni razones de riqueza (Norte-Sur), sino diferencias de criterio sobre la unilateralidad y la multilateralidad. El primero, sostenido por Estados Unidos, Italia, España y los países de la “nueva Europa”; y el segundo, integrado por Francia, Alemania, China, Rusia y la “vieja Europa”; y un tercero, en posición intermedia, formado por Gran Bretaña y Japón. En Latinoamérica también se formaron dos bloques similares.

¿Cómo puede, en esta situación, funcionar la ONU? Cuando el asunto específico afecta los intereses de algunas naciones de Consejo, aquéllas asumen la posición más conveniente a sus intereses, como frente al Protocolo de Kyoto en la que China y Estados Unidos acuerdan rechazarlo mientras Europa en su mayoría lo acepta. Por otro lado, en Irak divergen. A su vez, frente a las guerras de África o la lucha contra el sida, todas cooperan. Este entrampamiento impide que Alemania y Japón, que podrían desempeñar un papel importante en la solución de conflictos mundiales, se frustren. En el fondo el dilema es: ¿cómo hacer coincidir intereses particulares con los globales?

Al final los afectados por esta incertidumbre son los cuatro miembros permanentes del Consejo, porque para mantener la unidad se alinean con Estados Unidos. De otra manera justificarían modificar al Consejo de Seguridad tanto en el monopolio como en el veto. Esta debilidad estructural dificulta encarar problemas de manifestación global, como el terrorismo, que lo mismo ataca en América como a Europa y Asia

De todas maneras, la reforma del Consejo implica nueva repartición de puestos en base a realidades. Así, por ejemplo, se propone que los miembros permanentes deben escogerse de aquellos países con población mayor de cien millones o que tengan una economía igual al diez por ciento o más del PB mundial. La cantidad de armamento es desaconsejable, porque estimularía el armamentismo.

También se considera el peso regional. Brasil por América Latina, India y Pakistán por Asia, serían miembros permanentes. El caso del Japón es especial porque al manifestar una destacada presencia mundial, su presencia fija en el Consejo de Seguridad es indiscutible, como que es el segundo en aportar a la ONU. También es importante Japón por su elevado apoyo al Tercer Mundo y su comportamiento pacifista. Europa ofrece problemas por su sobrerrepresentación en el Consejo. Por otra parte, su alianza con EE.UU. le obliga a ser duro y flexible a la vez, pues para Japón el control de armas atómicas en Corea del Norte e Irán es fundamental, aunque sin la cooperación norteamericana es imposible.

El otro conflicto es sobre el veto. Se sugiere, por ejemplo, que sólo lo ejerzan en determinado asunto o en compañía de otro miembro del Consejo de Seguridad. Y cuando sólo sea uno el que lo invoque, podría revocarse con dos tercios de los miembros. Pero, ¿es unánime la opinión de que un mundo unipolar manejado por EE.UU. invalida las Naciones Unidas? Y además, en la actual situación: ¿el Consejo de Seguridad es inoperante o puede reformarse? Nadie se atreve a responder tajantemente, pues hay más preguntas que respuestas. Sin embargo la reforma del Consejo de Seguridad es inevitable.

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