Sobre la desobediencia civil

José Adán Rodríguez Castillo

En el Diario LA PRENSA del sábado 4 de diciembre corriente, en página 3A, alguien sugirió al presidente Bolaños la desobediencia civil. Al respecto es interesante historiar un poco las causas y efectos que esto conlleva.

El escritor y filósofo estadounidense Henry Thoreau eligió ir a la cárcel, aunque sólo por una noche, en lugar de pagar los impuestos a un Gobierno que admitía la esclavitud. Su postura en este aspecto quedó clara en su ensayo más célebre Desobediencia civil (1849), en el cual sentó las bases teóricas de la resistencia pasiva, un método de protesta que más adelante adoptaría el político indio Mahatma Gandhi como táctica contra los británicos.

Desobediencia civil es una negativa a prestar obediencia a las leyes y reformas a las mismas. Esta clase de oposición suele ejercerse mediante formas de resistencia pasiva, es una forma de protesta que pretende llamar la atención sobre una o varias leyes que se consideran injustas e inconsultas, para que se revoquen o se enmienden. En estos casos, las personas que practican la desobediencia civil asumen la posibilidad de ser sancionadas por su actuación, incluso la prisión cuando se vive bajo un régimen anárquico, donde tienen bajo control el poder armado y judicial.

Según este ensayo doctrinario de Thoreau, “el ciudadano tiene el poder más alto y es independiente del que ostenta el Estado, que sólo obtiene el suyo por delegación del ciudadano”. El Estado se debe al ciudadano y no éste al Estado.

La desobediencia civil ha sido un recurso utilizado con frecuencia por numerosos movimientos sociales, como los pacifistas y los partidarios del sufragio femenino. Hay dos notables ejemplos en el siglo XX que ilustran el éxito que pueden alcanzar esta protesta. El primero de ellos es la independencia de la India, cuya lucha se basó en la verdad y firmeza y que se desarrolló a través de programas de resistencia no violenta encabezada por Mahatma Gandhi. La segunda versa sobre la defensa de los derechos civiles en Estados Unidos, causa en la que destacó por su lucha pacífica Martín Luther King.

Hasta campeones mundiales del deporte han recurrido a la desobediencia civil, como lo hizo el antes llamado Cassius Clay, campeón mundial de peso pesado, un ídolo del deporte, uno de los campeones más completos en la historia, quien se resistió a ir a pelear a Vietnam. Por eso fue descalificado y suspendido de la práctica profesional del boxeo. Después de pagar el castigo volvió al cuadrilátero con el nombre de Mohamed Alí y reconquistó el campeonato mundial que retuvo por varios años, demostrando un alto grado de civismo, respetando sus principios morales.

Los miembros de las directivas de los dos partidos mayoritarios que conforman todos los poderes que han arrinconado al Poder Ejecutivo, reduciéndole a su más mínima expresión; ellos que han tenido la oportunidad de tener un alto grado de instrucción, muchos lo han logrado a costas del pueblo, por medio de sus padres que fueron servidores públicos eternos, esto se nota más en los departamentos y creen que es una obligación de ellos llegar a ser Presidente, para ellos es falta de respeto no ser el actor principal del quehacer político de Nicaragua.

Esta época de Navidad es oportuna para que estos señores reflexionen, que no jueguen con la vida, la tranquilidad mínima que goza el pueblo. A la hora de la violencia estaremos seguros que son los primeros que saldrán del país a buscar buen resguardo. ¿Cuántos diputados actuales no salieron del país, anteriormente, cuando la situación se puso peligrosa? Cuando se quisieron postular para cargos de elección popular resultó que el doctor Rizo era nacionalizado chileno, no sufrió racionamiento; el doctor José Antonio Alvarado era estadounidense. Pero para echar más carbón al fuego sobran los “nicaragüense valientes”, posiblemente hay muchos funcionarios con doble nacionalidad que se irían, dejando encendido al pueblo.

En la cultura política nicaragüense la desobediencia civil no funciona. En 1978 se intentó pidiendo la renuncia del dictador Somoza, por medio de la FAO, pero la intervención violenta del FSLN hizo que se convirtiera en una insurrección armada. Hay que pensar bien antes de dar un paso que traería consecuencias dolorosas a la nación.

El autor es abogado

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