Mario Ruiz Castillo
En un país en donde la Ley se acomoda según la circunstancias, es curioso que a todas nuestras actuaciones pretendamos darle un visto de legalidad. Así, si es necesario restar atribuciones a un Vicepresidente se reforma la Constitución para que al momento de ausencia del mandatario del Ejecutivo, no quede en funciones su segundo.
Si un jurista estudiase la legislación nacional, llegaría a la conclusión de que somos un país estrictamente legalista y que la ley rige como suprema norma en todas nuestras actuaciones de la vida diaria.
La deforestación ha sido una plaga por muchos años y por mucho tiempo se dijo que era por falta de legislación, después de aprobarse la ley correspondiente todo siguió igual o peor que antes; la veda de la caza y pesca de recursos naturales igual.
Se dice que no existe buena educación y salud por falta de leyes en esta materia; sin embargo en muchos países no existe una ley general de educación o salud y éstas son excelentes. Parece que hay una falla en el factor humano, no se precisa que exista un Ministerio de Deportes para que éste sea difundido y sea practicado; los ministerios de Cultura más que para promocionarla, tienen un sentido político, una simple dirección cultural podría hacer mucho. No se garantiza la salud únicamente con la compra masiva de medicinas y grandes centros hospitalarios, la salud implica limpieza, buenos hábitos alimenticios y de vida ¿Cómo estar sanos, si convivimos con la basura, las moscas y los charcos? Su eliminación no requiere grandes inversiones, pero sí voluntad y educación. La mayor causante de muertes son enfermedades cardiovasculares, que más que medicamentos se requiere dieta baja en grasas y ejercicio. Otra causante de grandes egresos en el sistema hospitalario es la violencia, la falta de educación y convivencia humana obliga a la curación y gastos que no deberían existir, lo que cabe es un plan de acción conjunto entre distintos ministerios y la sociedad civil. ¿Cómo hacerlo, si los propios “padres de la patria”, se arman para promocionar la violencia?
Nuevamente las fuerzas políticas ajenas a toda voluntad popular, desean reformar la Constitución para según ellos, garantizar la actividad y eficiencia del Poder Ejecutivo. ¿O será para repartirse como lo han hecho con todo, también los puestos del Ejecutivo? ¿Acaso no tienen facultades actuales para llamar a los ministros e incluso al Presidente y pedirle que rinda cuentas de su actuación? La verdad es que está más que claro: los nuevos ministros, embajadores y presidentes de entes autónomos, se repartirán entre los partidos pactitas o no serán ratificados. ¿Será esto democracia?
Contradiciendo la actual Constitución los diputados aprueban apresuradamente supuestamente la primera fase (primera legislatura), cuando la interpretación correcta es que se apruebe no en dos sesiones en distinta legislatura, sino que se tenga el tiempo suficiente para la reflexión y consulta popular. Sin embargo aprueban una reforma más velozmente que una ley ordinaria.
Más que reformas a la Constitución y leyes, precisamos del factor humano: hombres y mujeres que deseen trabajar por la nación, independientes en su pensar de caudillos, de corrupción y búsqueda de prebendas. Funcionarios que no necesiten escudarse en inmunidad y realmente se entreguen por la patria y no continúen siendo especímenes raros y extraños a la población, a su vivir y a su sentir.
El autor es abogado y notario.