Los diálogos políticos

Mauricio Díaz D.

El diálogo se define como una conversación entre dos o más personas. Ante los dos últimos años de la administración gubernamental del presidente Enrique Bolaños, con gran habilidad el FSLN levanta la demanda de otro diálogo nacional. Táctica correcta, pues nadie se puede oponer al mismo a costas de ser tildado de intransigente y falto de sensatez. Táctica, pues el Frente no tiene un interés teleológico, finalista, estratégico, en derredor de los intereses fundamentales de la nación:

En 1979 cayó Somoza. En 1981 se planteó la necesidad de un encuentro de reflexión nacional partiendo de que la revolución se estaba desviando de las aspiraciones de los nicaragüenses. La respuesta fue que “ya el pueblo había dialogado con las armas en las manos en julio del 79”.

Luego de las elecciones de 1984 levantamos nuevamente la bandera del diálogo nacional, pues las condiciones socioeconómicas y políticas se habían agravado producto de la guerra y sus consecuencias a lo interno del país. Esa vez la respuesta fue que el pueblo ya había dialogado en las urnas electorales y que por tanto, el diálogo se estaba dando en la Asamblea Nacional.

Tras la derrota electoral del noventa ya no hubo necesidad de hablar de diálogo, pues los métodos del Frente cambiaron para pasar a “gobernar desde abajo” mediante huelgas y asonadas. El gobierno de doña Violeta sufrió los embates de tales acciones que pretendían doblegarla en prosecución de la preservación de sus intereses materiales. Con el gobierno Alemán cambiaron de métodos y se inició la época de pactos y repactos por todos conocidos.

Para el sandinismo los diálogos han sido aceptados bajo un esquema de “poder real”. Recuérdese las expresiones de Daniel Ortega cuando afirmaba que ellos sólo dialogarían con el dueño del circo, para hacer referencia a la Resistencia o contra armada. Esa posición le produjo un enorme daño al país, pues postergó una temprana solución al conflicto armado, ya que hasta que los actores beligerantes se sentaron a la mesa de negociaciones en Sapoá se inició un proceso de negociaciones que debió arrancar con determinación desde 1987 con Esquipulas II.

Gracias a esto se logró que algunos aspectos sustantivos para el funcionamiento de un sistema democrático se llevaran a la mesa de negociación. El ahora cardenal Miguel Obando y Bravo conoció muy de cerca los métodos de trabajo en la mesa de negociación del FSLN, razón por la que, aunada a su historia personal, soy de los convencidos que su acercamiento al orteguismo es simplemente táctica, pues es su deber estar más allá de las ambiciones de retorno al poder de Ortega y Murillo. Su Eminencia es demasiado inteligente para dejarse manipular por uno u otro partido político. La “crucialidad” de nuestro país así se lo exige hasta que logremos asumir el proyecto de nación que está claramente delineado en el Plan Nacional de Desarrollo.

Los nicaragüenses no podemos seguir viviendo al ritmo de los intereses personales de dos caudillos. Lo que está en juego aquí, además de la posibilidad de que rompamos ese nudo gordiano que ejerce un control nefasto sobre las instituciones, es la modernización del Estado, el respeto a nosotros mismos, la recuperación del autoestima nacional pues, paradójicamente tenemos un Presidente con un gran prestigio internacional no correspondido por las percepciones internas hábilmente manipuladas por el “joint venture” ortegalemanista.

Los dos últimos años del gobierno del presidente Bolaños deben servir para afianzar lo avanzado en el campo de las libertades democráticas, pero fundamentalmente en la recuperación de la credibilidad ante la comunidad donante internacional. Aspecto determinante para escoger a nuestros gobernantes pues la primera credencial exigida ahora es la honestidad, la capacidad y la transparencia en el ejercicio de la cosa pública.

Ahora se da un estrecho vínculo entre el buen gobierno y la cooperación internacional. Sólo como ejemplo analicemos lo que ha costado acceder a fondos de la Cuenta del Milenio y el riesgo que estamos corriendo de perder cerca de doscientos millones de dólares por el temor de que dicha ayuda sea instrumentalizada partidariamente: la construcción del socialismo con los dólares del capitalismo como una vez sostuvo el ex miembro de la Dirección Nacional del FSLN, Bayardo Arce.

Hablar de diálogo nacional implica una actitud responsable, seria y abierta, pues se trata de los intereses del pueblo entero no de cúpulas dirigenciales, ni si este debe ser otro ejercicio parlamentario más, inscrito en una estrategia de desgaste para perder el tiempo mientras llegamos a las próximas elecciones generales.

El autor es miembro del Consejo Político de la Alianza por la República (Apre)

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí