Inafor y los recursos del Caribe

Gregorio Downs Rocha

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Inafor y los recursos del Caribe


Gregorio Downs Rocha




Nicaragua tiene uno de los recursos naturales más estratégicos, que no es el plutonio ni el uranio ni el oro, mucho menos el petróleo, es sencillamente su rico y variado bosque. Anualmente se pierden miles de hectáreas de este recurso, lo que trae como consecuencia una afectación directa e indirecta a otros recursos de gran valor: suelo, agua, recursos marinos, fauna, entre otros y, todo esto ocurre ante las presiones que el país enfrenta, simplemente por haber decidido enrumbar la construcción de una nación, donde los poderes del Estado trabajen para los nicaragüenses, no para los políticos, y los ministerios sean más efectivos realizando menos consultorías y más acciones por sacar del atraso a nuestra Patria.

A alguien se le ocurrió, para aliviar la carga del gasto público, que el Inafor se sostuviera de lo recaudado en concepto de impuestos, permisos y otros trámites que se hacen antes durante y después de “aprovechar” el bosque. Fácil decisión, pero no calcularon los efectos colaterales. Lo recaudado no ajusta para pagar los salarios de sus técnicos, ni mucho menos para pagar los gastos de operación o inspección en el campo, esa inocente ¿o maquiavélica? disposición sometió a la institución a una fuerte crisis de la cual ha emergido fuerte respaldada con la Ley Forestal, contra todo pronóstico que pudieran haber hecho los madereros obligados pro fin a trabajar con reglas claras del juego y respetando nuestra naturaleza.

Los que conocemos de este sector vamos a rendir el sombrero a un equipo que ha sobrevivido todas estas presiones, donde todos los días sus funcionarios y técnicos luchan contra el flagelo de la corrupción, encontrándose la mayoría firmes y con dignidad soportando las embestidas, burlas y reclamos.

El nuevo Inafor nació a la par de la Ley Forestal y con toda seguridad sobrevivirá a sus detractores y a la indiferencia con que han sido tratados, alguien dijo una máxima: “Los hombres mueren, las instituciones son inmortales”.

El bosque necesita ser manejado, de eso estamos más que convencidos, pero con un Inafor sólido, respaldado con una Ley Forestal, con sus técnicos decorosamente remunerados, adecuadamente dotados de la logística necesaria y por encima de cualquier cosa, un Inafor de todos, que signifique una instancia con la que los ciudadanos se identifiquen con respeto: los estudiantes, las autoridades de las Regiones Autónomas, las alcaldías, los dueños de bosques, los industriales de la maderera, los campesinos, los leñadores, los artesanos de la madera, las autoridades militares y del Estado, en fin toda la Nación, ya que en esa instancia descansa el compromiso de hacer realmente sostenible ese recurso.

Esta institución es la garante de que los recursos forestales no se sigan depredando, que se implementen nuevos proyectos de tecnificación en las comunidades, y que los beneficios sean para mejorar la calidad de vida de nuestros habitantes. He sido partícipe, a través de mi participación en proyectos forestales en el Triángulo Minero, Puerto Cabezas, de cómo se ha disminuido el tráfico ilegal de madera, cómo los agricultores y ganaderos están interesados en invertir en plantaciones forestales dentro de sus fincas. La comisión forestal de cada territorio apoya las disposiciones administrativas de la institución, quienes se están convirtiendo en una institución ágil, puente a los programas y proyectos de fomento y aprovechamiento del bosque y no en un obstáculo burocrático como sucedió en el pasado.

En la Comisión Ambiental del Gobierno Regional Autónomo del Atlántico Norte hemos visto los cambios en el nuevo Inafor, hemos visto a su director y técnicos hacer hasta lo imposible por profesionalizar al Instituto Nacional Forestal, reclamando con hidalguía un presupuesto digno.

Mientras muchos gobiernos de países de la región hacen inyecciones sustanciosas al presupuesto de los entes estatales que regulan la actividad forestal, aquí el Inafor no recibe ni un sólo centavo de asignación presupuestaria. ¡Qué ridículo! Tal parece que los señores diputados tienen algún interés particular en no apoyar las funciones de esta institución.

La ignorancia o el menosprecio al Inafor en el presupuesto nacional pone en peligro el Proyecto de Nación y comprueba que ninguno de esos hombres y mujeres que tienen como custodia el destino de la Patria merecen ser nuestros representantes.

El bosque es el sustento de la vida, el bosque protege los suelos, el bosque guarda con celo el equilibrio en la naturaleza geográfica de nuestro país, y atentar contra ese recurso es atentar contra el desarrollo económico y social de nuestra Nación, sólo recordemos el Casita, Cerro Musún, inundaciones en Prinzapolka, ¡Dios nos ampare!

En la víspera de la próxima generación, salvemos el bosque, fortalezcamos el Inafor.

El autor es asesor de la Secretaría Ambiental de la Región Autónoma del Atlántico Norte.

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