Concordia

Luis Sánchez Sancho

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Concordia


Luis Sánchez Sancho




A juzgar por la situación política actual de Nicaragua, es sobre la discordia que debería escribir, no sobre la concordia. Pero la concordia es, precisamente, la superación de la discordia y, además, en un día como hoy, víspera de Navidad, sería un pecado hablar de los pleitos políticos. Lo que cabe, más bien, es hacer votos por la concordia.

Para los antiguos romanos, la Concordia era una diosa, hija de Júpiter, el más importante de todos los dioses, y de Temis, la diosa de la Justicia. A Concordia se le representaba como una mujer de mediana edad, muy hermosa y de aspecto respetable; con la cabeza cubierta por un velo y llevando en sus manos una rama de olivo, símbolo de la paz, y una fruta de granada que simboliza la unión. En otras representaciones la Concordia tenía en una de sus manos un Caduceo (una vara con dos serpientes entrelazadas que tiene en la parte superior dos alitas o un yelmo con alas. Es atributo de Mercurio, dios de los negocios y los acuerdos, y simboliza la paz y la prosperidad), y en la otra mano cargaba dos palomas blancas.

La Concordia auspiciaba la tolerancia y la armonía entre los miembros de una misma familia o nación, y por eso su culto era doble: privado, en el seno del hogar, y público en las plazas y los templos a ella consagrados.

(Los griegos tenían una divinidad equivalente a la que llamaban Homonoia, cuyo templo principal estaba en Olimpia y fue construido por los Argonautas, agradecidos por la ayuda que ella les prestó durante su largo y aventurado viaje en busca del Vellocino de Oro).

En Roma, el más importante de los templos consagrados a la Concordia estaba en la colina del Capitolio. Allí se reunía el Senado, para que la diosa inspirara de armonía a los senadores y éstos no pelearan por los asuntos políticos, que tanto apasionan y envenenan el alma de los hombres. Dentro del templo había una capilla de bronce construida y mantenida con el producto de un impuesto que pagaban los publicanos, o sea los que cobraban los impuestos a la población. Y al lado de la capilla se erguía una gran estatua de la Concordia, la cabeza coronada con una guirnalda, sosteniendo en una mano la Cornucopia (Cuerno de la Abundancia) y en la otra un manojo de varillas y una granada. Pero cuando se había logrado una paz como fruto de negociaciones, en una de las manos de la Concordia se ponía el Caduceo.

Las fiestas en honor a la Concordia se llamaban Caristias o Carestias (de Caridad > amor, afecto) y se celebraban en febrero. Eran organizadas por las mujeres casadas y se hacían banquetes para que las familias se reconciliaran. Los griegos hacían iguales fiestas (llamadas Syngenikon: Reconciliación) en honor de la diosa Homonoia.

Los romanos también acuñaban medallas con la imagen de la Concordia en las que aparecía con las manos entrelazadas. Algunas de esas monedas tenían una insignia militar con la inscripción: Concordia Exercituum, con lo que se aludía a la concordia entre los ejércitos. En otras medallas, a los pies de la Concordia se veía a un gato recostado entre las patas de un perro.

La palabra Concordia viene del vocablo latino cumcordis, que significa unión en el corazón o con el corazón. Algo que sin duda mucha falta hace en Nicaragua, entre los políticos, quienes parece que no tienen corazón, sólo hígado.

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