Violencia contra embarazadas

Henry Espinosa Nicaragua

Recientemente en Estados Unidos el caso Peterson ha llamado la atención nacional por tratarse de un hombre que mató a su esposa y a quien el jurado lo ha declarado culpable señalándole además el agravante de haberla matado con pleno conocimiento del estado de embarazada. Todos los gobiernos del mundo, incluido el de Nicaragua, han firmado compromisos internacionales y han incluido en sus constituciones que darán la atención necesaria a las embarazadas y tomarán también las acciones necesarias para prevenir y eliminar todas las formas de violencia contra la mujer. Todas/os las/os ciudadanos tenemos la obligación de vigilar y participar del cumplimiento de esos compromisos, particularmente por tener nuestro país una situación grave sobre el asunto de la violencia durante el embarazo.

La violencia intrafamiliar contra las embarazadas merece especial atención en Nicaragua por ser precisamente un problema muy frecuente y por ser el embarazo una condición de especial vulnerabilidad para las mujeres. Varias encuestas representativas, incluyendo la ENDESA de 1998, han revelado una frecuencia mayor de violencia intrafamiliar entre las mujeres nicaragüenses durante el embarazo. Así es, nuestro país se encuentra entre esas raras excepciones en donde el maltrato parece ser más frecuente durante el embarazo. Este estatus lo tenemos ganado porque así lo demuestran las cifras, con todo y las limitaciones de las encuestas para recabar información sobre un tema tan sensible como la violencia intrafamiliar.

Los asesinatos de mujeres perpetrados por sus parejas (femicidios) y suicidios durante los períodos del embarazo o puerperio han sido reportados por nuestros medios de comunicación, incluyendo LA PRENSA. No obstante, los femicidios no son la única forma en que puede producirse la muerte de una embarazada por violencia intrafamiliar. Las embarazadas pueden morir a causa de las complicaciones obstétricas que el trauma abdominal pudo haber causado. Por ejemplo, los traumas abdominales pueden causar abortos, partos prematuros y/o desprendimiento de la placenta; condiciones todas que puede complicarse letalmente. Por tanto el trauma abdominal puede causar muerte fetal y de la mujer. Por otra parte, numerosos ejemplos han sido expuestos por los medios de comunicación, en donde se han mostrado el estrés sicológico y los mecanismos de control de decisión y movimiento al que son sometidas las mujeres embarazadas. Los victimarios encierran, prohíben salir y niegan el apoyo económico para que las mujeres no puedan buscar ayuda en caso de complicaciones. No obstante, las estadísticas de nuestro país no nos permiten todavía saber con certitud qué proporción de embarazadas muere por violencia intrafamiliar, si hay diferencias entre zonas del país y por qué.

Con un mayor grado de subordinación a los hombres, menos protección legal y policial, menos opciones para prevenir y lidiar con embarazos no deseados, es probable que las mujeres embarazadas en nuestro país tengan un riesgo mayor de morir por violencia intrafamiliar mucho mayor que el de la no embarazada y que el de otras mujeres en otros países. Después de todo, la mujer embarazada es más vulnerable, su misma condición de maternidad le impide correr rápido, capear golpes o incluso responder con violencia para defenderse. Por tanto, la violencia contra la embarazada debería verse con toda la carga de desprecio y repulsión que se merece, y los culpables de esa violencia deberían ser castigados con ese agravante.

El autor es master en salud pública, reside en Washington DC.

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