Mauricio Mendieta Herdocia*
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El fraude electoral enlutó la democracia de las votaciones
Mauricio Mendieta Herdocia*
Los resultados y la experiencia vivida en las pasadas elecciones municipales ha dejado a todos los partidos —excepto al FSLN y al PLC— y en especial a la Alianza por la República y a los votantes que creyeron en nosotros y nos respaldaron, un sentimiento de frustración e impotencia ante la aberrante acción del fraude electoral cometido, que junto con el asesinato de María José Bravo, cubrió de luto a nuestra ya secuestrada democracia.
Como una metástasis más, producto del cáncer político del pacto que se ha diseminado por toda la institucionalidad del país, se dio este fraude electoral. Fraude que fue pensado y premeditado por los padrinos del pacto y cuidadosamente planificado y ejecutado por la maquinaria perversa del mismo pacto, evidenciando de manera palmaria y clara la existencia de la dictadura bicéfala que hemos venido denunciando. Apre obtuvo siete alcaldías comprobables y comprobadas que ganamos, San Jorge, San Pedro de Lóvago, San José de los Remates, El Almendro, Granada, Santo Tomás y Cuapa, siendo que en estas tres últimas, a pesar de haber demostrado con pruebas la evidencia del fraude cometido, el CSE mantuvo al final su resolución a favor del fraude.
Por información recibida de diferentes municipios del país, la manipulación realizada con el padrón electoral por medio del llamado “ratón loco”, cambiando el lugar de votación asignado a miles de votantes, pareciera que fue practicado en todo el territorio nacional.
Tenemos que reconocer que tuvimos deficiencias en la fiscalización y defensa del voto. Ante esa realidad surge la lógica reflexión y pregunta: ¿cuántas alcaldías y más votos también obtuvimos y no podemos probar, como por ejemplo, Cinco Pinos, en donde nos hicieron perder por apenas seis votos?
Es de elemental justicia reconocerle a todos los candidatos de Apre a alcaldes, vicealcaldes y concejales, militantes y activistas de todos los municipios en que participamos su esfuerzo, voluntad política y mística demostrada, cualidades que deben servir de ejemplo para todos, por ser virtudes especialmente importantes para emprender con éxito las próximas etapas estratégicas que nos hemos propuesto.
Este fraude electoral fue realizado con el propósito y claro objetivo de anularnos y descalificarnos como alternativa y opción democrática al bipartidismo a todas las organizaciones políticas en general y en especial a la Alianza por la República.
A pesar de que trataron de excluirnos, no fueron capaces de borrarnos, porque tuvimos una participación apreciable en todo el territorio nacional, a pesar del poco tiempo que dispusimos, cinco meses y medio, para estructurar y desarrollar una alianza con carácter estratégico.
Dicho lo anterior y reforzado por declaraciones de connotados diputados arnoldistas, entre ellos René Herrera, quien expresó públicamente en un programa de televisión que los nicaragüenses debíamos de estar claros e irnos acostumbrando a que el juego y la participación política en este país era únicamente entre dos: el Frente Sandinista y el PLC.
Probablemente el pacto es más profundo y tenebroso de lo que pensamos y es posible que sus padrinos inclusive hayan pactado algo similar al plan Colombia, donde los partidos liberal y conservador se pusieron de acuerdo para alternarse periódicamente en el poder.
Al señor diputado Herrera, sin embargo, así como a los padrinos y ahijados del pacto se les ha olvidado que este pueblo ha sufrido y derramado mucha sangre en nombre de la libertad y la democracia. Que estuvimos sometidos por dos odiosas y sangrientas dictaduras, la somocista y la sandinista, que nos mantuvieron de rodillas durante más de cincuenta años, pero que ya nos levantamos y no estamos dispuestos a volvernos arrodillar. Y si lo hacemos será para dar gracias a Dios, porque por medio de una gran Alianza nacional estructurada y organizada con todas las organizaciones políticas y civiles ajenas al pacto, pudimos hacer realidad la esperanza y la ilusión de lograr una Nicaragua mejor para todos.
Una Nicaragua basada en principios y valores morales renovados y sustentada en un verdadero Estado de Derecho y de justicia, aceptable y compatible con esos principios del necesario cambio que reclama la gente y el país necesita.
* El autor fue vocero electoral de la Alianza por la República