La danza de los bonos de la banca central

Néstor Avendaño* Roman, Times, serif»>Opinión económica La danza de los bonos de la banca central Néstor Avendaño* El avanzado proceso de dolarización extraoficial que se observa en Nicaragua, que se ejemplifica con el córdoba sin mantenimiento de valor participando apenas con el 18 por de la liquidez global de la economía nacional y con el […]

Néstor Avendaño*

Roman, Times, serif»>Opinión económica

La danza de los bonos de la banca central


Néstor Avendaño*




El avanzado proceso de dolarización extraoficial que se observa en Nicaragua, que se ejemplifica con el córdoba sin mantenimiento de valor participando apenas con el 18 por de la liquidez global de la economía nacional y con el dólar estadounidense dominando el 70 por ciento del total de depósitos y el 85 por ciento del total de préstamos en el sistema financiero nacional, no ayuda a explicar la aceleración de las operaciones de mercado abierto realizadas por la banca central.

La deuda pública interna emitida por colocación de bonos de la banca central ha crecido intempestivamente, al pasar de US$39 millones al concluir el gobierno de la señora Violeta Barrios viuda de Chamorro a US$664 millones al finalizar el gobierno del doctor Arnoldo Alemán Lacayo, y al 16 de diciembre de este año suma US$646 millones equivalentes al 15 por ciento del PIB esperado en los círculos oficiales.

Entonces, ¿por qué la banca central ha endeudado en gran forma a los nicaragüenses? La deuda pública interna emitida por la autoridad monetaria del país, como lo ha dado a entender el presidente de la banca central nicaragüense, no se limita a la emisión de Certificados Negociables de Inversión (CENIs) por las quiebras bancarias, que representa el 43 por ciento de su emisión de deuda y que ha sido reestructurada con un plazo de 10 años en 2003, sino también por la emisión de CENIs subastados, que prácticamente han sido cancelados por la actual administración, pero por otro lado, ha multiplicado por 10 el saldo de la deuda que heredó por emisión de Títulos Especiales de Inversión (TEI) y, además, puso en circulación dos nuevos títulos, Letras y Bonos Estandarizados, que ya participan con el 19 por ciento en el total de su deuda interna.

La deuda pública interna de corto plazo generada por la banca central ha crecido vigorosamente cuando se han cerrado las ventanillas de préstamos concesionales (de divisas líquidas de libre disponibilidad) del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, como resultado del incumplimiento gubernamental de las condicionalidades de ajuste macroeconómico y de reforma estructural, o cuando no un existe un acuerdo formal con el FMI como sucedió en el primer año de gobierno de la actual administración pública.

En ese escenario, la banca central emite directamente bonos en dólares (TEI) o bonos en córdobas (Letras y TEI) para retirar los córdobas que pone a circular cuando se ve forzado a comprar dólares en el sistema financiero nacional con el fin de cumplir las metas de aumento de reservas internacionales y de pago de la deuda externa. En otras palabras, las operaciones de mercado abierto en Nicaragua no han perseguido el objetivo de contraer excesos de demanda de córdobas sin mantenimiento de valor de parte del público no bancario, sino para `fortalecer’ la posición de las reservas internacionales oficiales del país.

Es obvio que existe una gran dependencia entre la emisión de TEIs, Letras y Bonos Estandarizados de la banca central con el saldo de sus reservas internacionales. Y a medida que esta deuda se pague, en esa misma medida disminuirán dichas reservas. Por eso, la banca central ha adoptado una política de ‘roll-over’ en el manejo de su deuda de corto plazo, especialmente con la emisión de TEIs: en 2004, por ejemplo, por un lado ha pagado C$14,456 millones a los tenedores de esos papeles, pero por otro lado ha colocado nuevos TEIs por un monto de C$15,792 millones.

En relación con las Letras y los Bonos Estandarizados de la banca central, se observa claramente un nuevo endeudamiento interno para los nicaragüenses: en 2004, la autoridad monetaria ha pagado C$945 millones a los tenedores de esos papeles, pero ha colocado nuevos papeles por un monto de C$2,115 millones. Y respecto a los CENIs por quiebras bancarias, su saldo ha sido disminuido en C$920 millones en este año, pero sólo se conocieron los términos de reestructuración de esta deuda con uno de los tres bancos compradores de los bancos quebrados.

Así estimado lector, la deuda por CENIs subastados se eliminó, pero apareció la nueva deuda por TEIs y Letras y Bonos Estandarizados, a pesar que desde 2003 se inició el proceso de desendeudamiento de la banca central frente al sistema financiero nacional, cuando se asignaron US$20 millones de la venta de los activos de los bancos intervenidos (que los compradores no pagaron el IVA por la Ley de Equidad Fiscal) para que la banca central pudiese pagar US$70 millones en ese mismo año, adicionándose el desendeudamiento de otros US$46 millones en 2004.

Y otra parte de la deuda pública interna de corto plazo que los contribuyentes debemos pagar a la banca central, mediante la transferencia de impuestos del presupuesto nacional a las arcas de la autoridad monetaria, es la correspondiente a las pérdidas operativas del banco emisor de nuestra moneda, explicadas con el pago de onerosos intereses y el mantenimiento de valor de todos sus bonos redimidos por US$200 millones en los cinco años de administración del doctor Arnoldo Alemán y US$210 millones en los tres primeros años de la administración del ingeniero Enrique Bolaños.

La pesada carga de la deuda pública interna de corto plazo de la banca central, por consiguiente, junto a la de largo plazo asociada con las confiscaciones de la propiedad en los años ochenta y las quiebras bancarias en los años noventa, se convierte en el principal obstáculo presupuestario para la reducción de la pobreza humana de Nicaragua.

Por esa razón, es aconsejable reestructurar soberanamente nuestra deuda pública interna, ya que la comunidad de donantes no financiaría su pago por sus orígenes ilícitos, con el propósito de evitar la creciente repulsa social originada por la escasez de recursos presupuestarios para educación, salud, agua potable, vivienda de interés social y saneamiento ambiental.

El pago de la deuda pública interna, con la autorización del FMI, se ha hecho desde 2001 hasta la fecha con la desviación de los recursos presupuestarios provenientes del alivio interino de la Iniciativa HIPC, que debieron haber sido asignados exclusivamente a proyectos de reducción de la pobreza, pero este mecanismo de financiamiento no puede sostenerse en el largo plazo. Sólo para 2005, el Presidente de la República propuso un pago de la deuda pública, interna y externa, ésta última ya aliviada por la Iniciativa HIPC, de C$4,003 millones que representan el 33 por ciento de los ingresos tributarios y el 22 por ciento del total de gastos gubernamentales.

Los inversionistas financieros podrían contribuir en la solución de la incómoda posición financiera de la banca central y la incapacidad de pago de la deuda pública interna por parte del Estado. Excluyendo la deuda por quiebras bancarias, la banca central tiene una deuda pública interna de corto plazo equivalente a casi el 80 por ciento de sus reservas internacionales netas y, por otro lado, se visualiza una creciente carga del pago de la deuda por las propiedades confiscadas en la proyección presupuestarias de largo plazo.

* El autor es Economista

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