Fernando Centeno Chiong
Basta echar una ojeada a los periódicos de los últimos días, para darse cuenta de la dinamia de la economía, especialmente en las áreas de comercio, construcción, servicios, etc.
Nuevos y modernos centros comerciales han abierto sus puertas. Más urbanizaciones continúan desarrollándose en la periferia de la capital. El Índice Mensual de Actividades (IMAE) llegó al punto más alto de todo el año. Las reservas internacionales, los depósitos en los bancos, tanto en dólares como en córdobas, aumentan, así como las exportaciones, las importaciones y las recaudaciones.
Como producto de la HIPC, ha disminuido la deuda externa y se está negociando con éxito la deuda interna. El próximo año se ejecutará el Presupuesto Nacional más alto de la historia, ha mejorado el PIB per cápita, hay más circulante y el crecimiento económico será mayor al cuatro por ciento, lo cual indica que poco a poco el país está dejando el lastre de la modorra y la holgazanería.
Según organismos internacionales, la pobreza ha disminuido en los últimos años, lo que pudiera significar que económicamente esta Nicaragua va bien.
Sin embargo, la realidad social nos indica que también hay otra Nicaragua, la Nicaragua de los barrios apartados, de La Chureca, de los desempleados, la explotación y violencia intrafamiliar, del hacinamiento y la promiscuidad, de las pandillas y la inseguridad ciudadana, de los niños en los semáforos, los pacientes sin atención médica y sin medicinas, o los miles sin vivienda y sin escuela.
La realidad social dice otra cosa: hay más presupuesto para la educación, priorizando la universitaria, pero menos para la educación preescolar, primaria, secundaria y técnica, que es donde se forja el carácter y los valores como el amor al trabajo y a la familia. El número de nacimientos entre adolescentes sigue en aumento, igual que la violencia intrafamiliar. La desnutrición afecta al 31 por ciento de la población menor de cinco años y cada día incrementan los delitos cometidos en contra de niños y adolescentes.
Las migraciones aumentan y, de los nicas que están fuera, de cada mil, 400 pertenecen al sector más vulnerable.
De 52 mil 58 alumnos que egresan de secundaria este año, 18 mil 51 no lograrán continuar sus estudios superiores, mientras la evolución del gasto en Educación y Salud como porcentaje del PIB, disminuirá de un 8.1 a un 7.3 por ciento en el próximo año. De igual forma sucedió con el gasto social, que pasó de un 10.1 en el 2003 a un 9.4 en el 2004, trayendo como consecuencia menor inversión en los sectores más pobres.
Esta dicotomía persistirá mientras la población continúe creciendo a ritmo preocupante (más de 150 mil niños y niñas nacen cada año en este país, de los cuales las dos terceras partes son pobres), que 90 mil nicaragüenses anualmente demanden empleo y sólo se pueda ofrecer a una tercera parte, que no se produzcan cambios cualitativos en el sistema educativo, que no se aprueben leyes importantes que garanticen seguridad jurídica que permitan mayores inversiones, y los dirigentes de los poderes del Estado destinen más tiempo a impulsar el desarrollo, la reconciliación y el diálogo, y no a actitudes politiqueras .
Si bien es cierto el PIB per capita ha crecido, no necesariamente significa que haya una mejoría para la población nicaragüense en general, porque también esto pudiera significar que los ricos se están haciendo más ricos y los pobres más pobres.
De continuar con esta situación tendríamos que pasar mucho tiempo para cambiar este esquema negativo de crecimiento económico, sin desarrollo humano, o en otras palabras, que si bien es cierto está disminuyendo la pobreza, pero seguirá aumentado el número de pobres.
El autor es periodista y catedrático universitario.