Purísima, Navidad y Año Nuevo

Migdonio Blandón B.*

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Purísima, Navidad y Año Nuevo


Migdonio Blandón B.*




La Purísima, Navidad y Año Nuevo son las fiestas más populares y relevantes, de manera especial en Nicaragua. Ellas, por tradición cristiana motivan el encuentro y acercamiento de familiares y amigos. Además de la convivencia social se disfruta con quienes vienen de lejanas distancias, que aún en circunstancias difíciles entusiastas adecuan su tiempo y cargados de ilusiones y recuerdos concurren a dichas festividades.

La celebración de las Purísimas, que iniciaron los misioneros franciscanos en el occidente del país a mediados del milenio anterior, no sólo llenan de júbilo y sana alegría el ámbito patrio, sino que también los que han emigrado a distintos países la llevaron consigo, dejándola en muchos casos como legado a su progenie, siendo que la popular devoción mariana en el pueblo católico, que es la mayoría, es ya una tradición ancestral.

Entre las familias que conservan dicha tradición, que es en sí bendición de Dios, algunas tienen como invaluable reliquia la imagen de María, que han venerado y celebrado por sucesivas generaciones, que hacen cada año a medida de sus posibilidades con la mayor pompa posible. Para la Gritería, tener la satisfacción de dar a todos que llegan a cantarle.

Este año estuve con mi familia en una Purísima así. Nos invitaron a entrar y me sorprendió ver la cantidad impresionante de panas, vasos y toda clase de objetos plásticos, frutas y golosinas que indistintamente repartían a los continuos grupos que llegaban a cantar.

Asombrado le pregunté a la joven que nos había invitado: “¿Todo eso es para regalar?” “Sí —me contestó— creo que todavía nos va a hacer falta”.

Lo que en pólvora se gasta en cada celebración su costo es incalculable. Es creíble que hasta los sordos se dan cuenta, no porque puedan oír sino que por la nebulosidad, la que solamente los ciegos no perciben. Esa noche con especialidad los más pobres llevan su costal repleto de la generosidad de los que con alegría saben dar. Me decía una viejita: “Mire señor, con lo que llevo en el saco, tengo para comer toda la semana mis nietos y yo”.

La celebración de Navidad con su hermosa luminosidad pública y domiciliar, los arbolitos, el popular Santa, las cartas al Niño Dios, la desbordante alegría infantil, el intercambio de regalos, todo ello en conjunto y mucho más, da el ambiente festivo que con motivo del nacimiento del Redentor se celebra; y aunque secularmente de distintas maneras se ha diluido la genuina motivación, sus variantes no han hecho que se pierda el sentido familiar.

Y del Año Nuevo mejor ni hablar sobre el augurio, debido a la crisis sociopolítica actual. El desvarío dictatorial legislativo del cambio constitucional para asumir el poder, hace mayor nebulosidad que la pólvora en el ámbito patrio. Al perderse la confiabilidad, incluso los que vinieron ya a quedarse, al enturbiarse la alegría festiva, a los suyos y sus amigos se quieren llevar consigo. Para evitar otra diáspora, sí, ¡es necesario hablar! Dialogar con mesura, con civismo, con altura, como Dios manda, sin soberbia, sin egoísmo y sin apatía. Dios no permita que estas festividades a las que vienen tantos visitantes no sean más tristemente enturbiadas. Cívicamente está en nosotros evitarlo y tener feliz Navidad y Año Nuevo actuando con civismo. Dios nos ayudará a salvar a nuestra patria del caos.

* El autor es miembro del foro educativo Eduquemos

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