Douglas Carcache
Roman, Times, serif»>Nada personal
Con ojos de extranjeros
Douglas Carcache
El “descubrimiento” del Cañón de Somoto, la semana pasada, nos confirma que Nicaragua tiene una variedad de recursos naturales y geográficos que los mismos nicaragüenses desconocemos, o ni siquiera imaginamos.
Fueron especialistas checos los que dieron a conocer el hallazgo de los farallones de roca volcánica, de hasta cien metros de altura a lo largo de tres kilómetros, donde nace el río Coco, una de las corrientes más caudalosas del país que después baja desde las montañas de Las Segovias hasta el Mar Caribe.
¿Dónde se escondía ese lugar de Nicaragua que desconocían hasta los funcionarios del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter)? ¿Por qué nadie había hablado de ese sitio que ahora surge con un potencial turístico incalculable? Creo que muchos nos hicimos esas preguntas cuando leímos en LA PRENSA sobre el impresionante Cañón de Somoto.
Resulta que está a menos de 20 kilómetros de la ciudad de Somoto, en el departamento de Madriz, casi a la vista, pero los nicaragüenses no lo mirábamos, al menos los que viven cerca, porque nunca nadie dijo “miren, ése puede ser un destino turístico”.
Para mi sorpresa y sin ir largo, el mismo día que apareció la noticia encontré a dos personas que conocían ese cañón. Una de ellas había estado allí en diferentes ocasiones porque su abuelita vive en la zona, y la otra hasta aprendió a nadar en sus pozas de aguas transparentes; pero ninguna se lo imaginó como un atractivo turístico de importancia.
Supongo que cientos o quizás miles de nicaragüenses habrán pasado por ese lugar en distintas épocas y tampoco lo imaginaron turístico, porque a veces los territorios que tenemos más cerca son los que menos exploramos.
Recordé entonces lo que me dijo un periodista estadounidense hace unos quince años: “El problema es que ustedes, los nicaragüenses, no ven a su país con ojos de extranjero”.
Creo que eso pudo haber pasado con el Cañón de Somoto. Quienes lo vieron, una o varias veces, lo hicieron con los ojos abrumados por los problemas cotidianos del país, haya sido durante la guerra de los ochenta, los conflictos de los rearmados en los noventa, las hambrunas posteriores al huracán Mitch o las migraciones del 2000.
Nunca, por supuesto, lo observaron con ojos de extranjero. Los checos sí lo hicieron y aunque no hubieran sido geólogos, igual se habrían sorprendido. “Es uno de los paisajes geológicos más impresionantes que he visto en mi vida”, dijo el científico checo Zdenek Novak. Luego, el director del Ineter, Claudio Gutiérrez, expresó que “es tan impresionante que tiene un gran potencial turístico”.
Vivimos en un país que necesitamos descubrir, porque algunos paisajes se nos han vuelto comunes por la rutina y otros ni siquiera los intentamos conocer, quizás por asociaciones malas con el pasado, como la guerra; pero deberíamos escudriñarlos como lo haría un extranjero e imaginarnos cuánto nos asombrarían y cómo serían ya con una carretera, un mirador o un hotel.