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BUGALAGRANDE, COLOMBIA.- Cansados de la guerra, un nuevo grupo de combatientes ilegales de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), iniciaron ayer sábado su ruta hacia la vida civil bajo la protección inicial del Estado.
Los 553 integrantes de las AUC, Bloque Calima, que entregaron sus armas al comisionado presidencial para la paz Luis Carlos Restrepo, se suman a otros 2,400 que ya están inmersos en el proceso de reinserción a la sociedad colombiana. La verificación estuvo a cargo del comisionado de la OEA, Sergio Caramagna.
Antes de finalizar este año, el Gobierno y los paramilitares tienen programado desmovilizar 3,000 combatientes de los más de 13,000 miembros de esta organización al margen de la ley, que se espera esté totalmente desmantelada antes de concluir el 2006.
El Bloque Calima, al mando de Hernán Hernández, de 37 años, es acusado de ser el autor de más de 400 homicidios en el departamento del Valle del Cauca, región donde existen extensas propiedades de narcotraficantes.
Hernández, sin embargo, ha dicho que su grupo no ha estado al servicio del narcotráfico y contrario a lo que se cree —dijo— sus hombres han debido enfrentar las huestes del tráfico de drogas en el área.
La ceremonia de entrega de armas se inició con hora y media de retraso en medio de la ansiedad de las tropas ilegales que debieron soportar la incandescencia del sol en esta zona rural, a unos 230 kilómetros al suroeste de Bogotá.
El jefe del Bloque Calima pidió perdón a todos los colombianos por los errores que se pudieron cometer. De todas maneras hay muchas viudas y muchos huérfanos que quedaron de esta guerra inútil, dijo.
Al acto asistieron los dos principales comandantes de las AUC, Salvatore Mancuso y Ernesto Báez, el primero vestido con una elegante guayabera (una camisa de uso tropical) y jean azul, mientras que Báez se presentó en camuflado y con la visera de su gorra hacia atrás.
Los desmovilizados estaban divididos en dos grupos: unos 120 hombres vestidos con playera blanca y portando armas cortas, quienes pertenecían a las denominadas milicias urbanas, mientras que el resto, incluidas 20 mujeres y 27 menores que portaban traje de uso militar y armas largas.