Joshy Castillo*
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La tragedia de los niños sin escuelas
Joshy Castillo*
Me decía un amigo norteamericano, el otro día, que en su país cuando un policía ve a un niño o niña en las calles, en horas de escuela, inmediatamente se detiene a averiguar qué razones tiene para no asistir ese día a su centro escolar.
En Nicaragua ya se hizo una costumbre ver niños y niñas deambulando hasta altas horas de la noche por las calles de este maldito país. Casi un millón de niños y niñas fuera del sistema escolar, es una campanada de alerta para todos aquéllos que trabajan por una educación con calidad y calidez en este país.
La justificación de que los niños se retiran del sistema de educación formal por razones económicas, culturales u otras, es la mejor lavada de manos para no asumir nuestra responsabilidad como copartícipes de un mejor desarrollo del país.
Las estadísticas son reveladoras. Una familia pobre de Nicaragua sobrevive con menos de un dólar por día (un poco más de 16 córdobas) lo que alcanza para un libra de arroz, una libra de frijoles y una cuarta de aceite vegetal. El resto de alimentos de la pirámide básica de nutrición, necesarios para que un niño crezca sano y fuerte, es desconocido en la mayoría de las casas de Nicaragua.
Esto trae como consecuencia que los niños dejen de asistir a las escuelas porque los padres prefieren que pidan en los semáforos para llevar algo de dinero a la raquítica economía familiar, a que vayan a la escuela a incurrir en gastos: uniformes, zapatos, mochila, cuadernos, lápices, etc.
En el año escolar 2003 se logró una cobertura de un 28 por ciento (177,450 niños y niñas) en edad preescolar; un 85 por ciento en primaria (922,462 niños y niñas), y un 40 por ciento en secundaria (364,012 niños y niñas), según fuentes del Ministerio de Educación. Sin embargo, otro montón se quedó fuera del sistema escolar por razones meramente económicas.
El nivel de pobreza (46 por ciento pobres y 15 por ciento pobres extremos) y la exclusión social existente en el país, continúan siendo los principales obstáculos para el desarrollo de la niñez y adolescencia. Según fuentes gubernamentales, la situación de pobreza extrema se ha incrementado ligeramente durante el 2002 y 2003 debido a la precaria situación económica del país. El crecimiento económico estimado en el 2003 fue de 1.5 por ciento, muy por debajo del 3.4 por ciento deseado. Esta significativa baja en el crecimiento económico, continúa afectando sobre todo a la familia rural, en especial de campesinos sin tierra, al verse limitada la generación de empleos productivos.
Una reciente encuesta presentada por el Ministerio de Educación en cinco municipios de la zona de Las Segovias reveló que los niños no quieren ir a la escuela por aburrimiento. Sumado a las deplorables condiciones económicas en las que viven, acarrear agua desde largas distancias, maltrato físico, hacinamiento, etc., se suma el desánimo de acudir a una escuela sucia, sin mantenimiento, sin agua potable y con profesores en las mismas condiciones de pobreza, con un nivel de stress mayor por los hijos e hijas en las mismas condiciones que sus estudiantes. Entonces es lógico que nadie quiera asistir a educarse en esos términos.
Recientemente visité una escuela rural en Telpaneca, Hermanos de Fresno. Cuando le pregunté a la directora sobre la retención escolar, me dijo muy orgullosa: “Cien por ciento”. Es decir que los 187 estudiantes entre niñas y niños que se matricularon al inicio de año, decidieron mantenerse en la escuela a pesar de las condiciones adversas de pobreza, pero pensando que de esa manera pueden cambiar su futuro y el de su familia. Igual experiencia tuve en la escuela 15 de Septiembre, también en Telpaneca: Cien por ciento de retención escolar.
Después me pregunté: ¿qué motiva a estos pequeños hombrecitos y mujercitas a asistir puntualmente a clase todos los días? La respuesta me la dio el presidente del gobierno estudiantil, de escasos 10 años. Cuando le pregunté qué quería estudiar cuando terminara la secundaria, me contestó: “Policía”. Y por qué, le pregunté. “Porque me gusta ayudar a la gente”, dijo.
De la escuela primaria y secundaria se quedan muchos de los valores, principios, deseos y sueños que llevamos en nuestra mochila de la vida. Los profesores se convierten en nuestros padres durante las cinco horas que pasamos en la escuela. A mí muchas veces se me salía un “mamá” cuando quería llamar a mi profesora. Estas dos escuelas en mención forman parte de la Iniciativa Escuelas Amigas y Saludables (IEAS) y son ejemplo en la zona de los cambios que puede provocar en los estudiantes un ambiente agradable, seguro, limpio y acogedor.
UNICEF apoya en conjunto con el Ministerio de Educación la Iniciativa de Escuelas Amigas y Saludables. Esta Iniciativa inició en el 2001 como un Convenio Interinstitucional entre el MECD, Enacal, Minsa, Marena y ONG locales, con el objetivo de mejorar la calidad de la educación básica en las escuelas primarias del país. Actualmente participan en la Iniciativa 117 escuelas en las que estudian más de 15 mil niños y niñas de diferentes departamentos del país.
El objetivo es afianzar un nuevo modelo educativo de calidad, que convierta la escuela en un espacio agradable, seguro, donde los aprendizajes sean significativos para la vida del niño y la niña, donde se promueva la participación de toda la comunidad educativa, se fomenten estilos de vida saludables y se fortalezca una cultura democrática, de respeto y de cooperación.
Según los ODM (Objetivos del Milenio) para el 2015 se consideraron tres escenarios con respecto a la proyección de las necesidades financieras para alcanzar las metas. Una de ellas fue mantener las tasas de matrícula constante sin considerar mejoras en la calidad. Yo me pregunto hacia dónde nos lleva esto: una educación sin calidad significa estudiantes mediocres, con los conocimientos básicos pero sin el elemento diferente que lo convertirá en un potencial profesional.
La experiencia de las escuelas de Telpaneca a mí me deja un mensaje: podemos hacer mucho con poco, parafraseando el reciente slogan de una campaña electoral. He visitado muchas de las escuelas que son parte de la IEAS y son escuelas sencillas con gente sencilla. Aulas limpias con muchas cartulinas pintadas reflejando el quehacer de decenas de niños, letrinas recién pintadas bien acondicionadas, lavamanos hasta con espejo para que las niñas, siempre coquetas, mantengan en alto su autoestima. Después de ver esto, yo me pregunto: ¿Por qué no podemos “diseminar” estos ejemplos y hacemos de nuestras escuelas un lugar al que nuestros niños y niñas deseen y anhelen llegar para quedarse?
Creo que en nuestras manos está, como ciudadanos responsables y preocupados por el futuro de miles de niños, los que son nuestro futuro ahora, que este futuro tenga un presente.
* La autora es periodista