Un referendo resuelve esto

Eduardo Enríquez

Estamos perdiendo valioso tiempo y energías en esta discusión de la transformación institucional. Lo que es el Estado está paralizado por esta guerra declarada entre los poderes controlados por el pacto, y el Ejecutivo.

La economía toma un segundo plano, los inversionistas detienen o cancelan sus planes porque se ponen nerviosos al no estar claros de en qué resultará todo esto, y el pueblo está demasiado ocupado sobreviviendo y demasiado hastiado como para dar un bledo de que su voto no sea siquiera tomado en cuenta.

Porque la verdad es que aquí nadie votó por cambiar el sistema. No fue tema de campaña. Si acaso fue el candidato perdedor y perpetuo el que mencionó el parlamentarismo, pero de paso. Además, lo que están haciendo ni siquiera parlamentarismo es.

Ante tanta incertidumbre hay presión para que el Presidente ordene al Ejército tomar por la fuerza la Asamblea, con el argumento de que son los diputados los que rompen el orden constitucional y el Presidente pretende defenderlo.

Pero mientras no se pase de las amenazas a la acción, y mientras no se sepa si los militares obedecerán o no, eso se mantiene como una espada de Damocles, paralizando el curso normal de las cosas. Además que sería la menos “agradable” de las soluciones.

Teniendo entonces un recurso tan democrático como el referendo a mano, ¿por qué no hacerlo? Que los nicaragüenses sean los que digan si quieren las reformas de la Asamblea que han restado poder al Presidente. Y que digan también si se prohíbe totalmente la reelección, y si se reduce el número de diputados y se cambia la manera de elegirlos.

El jueves escuché al diputado arnoldista Noel Ramírez decir que “un referendo no es conveniente porque, ¿cómo se va a limitar al pueblo a sólo algunas preguntas?” Quedé atónito, porque para mí es increíble que un hombre como Ramírez, ex presidente del Banco Central y supuestamente con un amplio bagaje intelectual y académico, puede esgrimir semejante argumento y quedarse tan campante.

Es obvio que argumentos serios contra un referendo no hay. Ya hasta los europeos dijeron que estudiarían la posibilidad de financiarlo, si acaso el cuento es lo que cuesta. Incluso las reformas se podrían quedar congeladas hasta las elecciones del 2006 y hacer el referendo entonces.

¿Cuál es el miedo? ¿no dicen los liberales arnoldistas y los sandinistas que ellos son los “mayoritarios? Que sellen sus desmanes entonces con el respaldo popular. Una manera más democrática, pacífica y definitiva no hay.

Eso sí, esto no es sólo de recoger un millón de firmas y exigir el referendo a los diputados (aunque sólo se necesitan 50 mil para pedirlo), esa es la parte fácil. Lo difícil es que con ese Consejo Supremo Electoral no se puede ir una votación, sobre todo después del fiasco de Granada y del “ratón loco”.

Por suerte, entre febrero y junio del 2005 se le vence el período constitucional a los actuales magistrados electorales, así que la primera tarea es presionar por todos los medios para que al menos dos o tres de los nuevos magistrados sean personas sensatas e independientes.

Esa es la solución. Que demuestren su espíritu democrático. ¿Cuál es el miedo?

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