Alberto L. Alemán
Con certeza, la mayoría de los nicaragüenses cree que nuestro país estableció relaciones diplomáticas con Rusia en 1979, poco después del triunfo de la revolución sandinista.
En ese entonces existía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), cuya heredera en el derecho internacional es hoy la Federación Rusa. Pero esa noción es totalmente errónea.
En verdad, el establecimiento de relaciones diplomáticas y consulares se remonta al 12 de diciembre de 1944, cuando se libraba la Segunda Guerra Mundial.
La URSS era aliada de Estados Unidos en la coalición antihitleriana, y solamente así, probablemente, se explica que el dictador Anastasio Somoza García se haya decidido a hacer semejante tipo de contacto.
Corrupto y oportunista, Somoza García se había valido del pretexto del conflicto para robarse propiedades de los ricos inmigrantes alemanes de Nicaragua. Declaró la guerra al Tercer Reich y expropió a los alemanes. De paso, trataba de mostrar su absoluta lealtad a Washington, su protector.
Ahora, el son of a bitch de los estadounidenses en Nicaragua, como le llamara el presidente Franklin D. Roosevelt, se decidía a establecer relaciones con la URSS del dictador José Stalin.
La expresión de las voluntades de ambos Estados se plasmó en cartas oficiales intercambiadas por los embajadores nicaragüense y soviético en México. El representante de Nicaragua en ese país era el doctor Lorenzo Guerrero, quien respondió a una iniciativa del embajador soviético.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial y el advenimiento de la guerra fría, las relaciones se deterioraron, y quienes viajaban a la URSS tenían que hacerlo en secreto y las autoridades somocistas perseguían a quienes lo hacían.
El comunismo era el peor enemigo de EE.UU. a escala planetaria y, desde luego, en América Latina.
El período de mayor intensidad en las relaciones bilaterales tuvo lugar entre 1979 y 1990. La superpotencia soviética sostuvo activamente al régimen sandinista con armas, dinero y otro tipo de ayuda. Nicaragua entró a formar parte de la clientela tercermundista de Moscú. Fue entonces que se originó la gran deuda bilateral de Nicaragua, recientemente perdonada por el gobierno del presidente Vladimir Putin.
El flujo de ayuda disminuyó abruptamente con el inicio de la perestroika del secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, el deshielo en las relaciones Este-Oeste, los acuerdos de desarme nuclear con EE.UU. y el clima general de entendimiento mundial.
En 1989 cae el Muro de Berlín, la cortina de hierro y en 1991, la URSS deja de existir.
En los años noventa, si bien los intercambios se redujeron sensiblemente y Rusia cambió sus prioridades mundiales, la potencia euroasiática conserva una representación diplomática a nivel de embajada. Asimismo, tiene una misión militar que asiste en el mantenimiento de la pequeña flotilla de helicópteros MI-17 que constituye nuestra escuálida Fuerza Aérea.
“Nuestra amistad ha resistido la prueba del tiempo”, declaró esta semana el embajador de la Federación Rusa Igor Diyakonov, en un acto oficial por los 60 años del establecimiento de relaciones, organizado en la Cancillería.
La cooperación rusa en la última década abarca inversiones, intercambios comerciales, donaciones, asistencia en desastres y la condonación de la deuda bilateral.
Rusia y Nicaragua poseen 25 documentos en común, por lo que el nuestro es el país “con que Rusia posee la más sólida base legal de cooperación en Centroamérica”, según Diyakonov.
El diplomático abogó por un mayor fortalecimiento de las relaciones.
SIN DEUDA
“Hasta hoy, Rusia continúa siendo el país que en los últimos 25 años ha prestado a Nicaragua el mayor volumen de asistencia económica en el marco bilateral. Los 3.5 mil millones de dólares concedidos anteriormente a Nicaragua son ahora totalmente condonados, de modo que el problema de la deuda nicaragüense a Rusia dejó de existir”, sostuvo Igor Diyakonov, embajador ruso.