Acariciando el mecate de la horca

José Leopoldo Decamilli

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Acariciando el mecate de la horca


José Leopoldo Decamilli




Visto desde fuera y desde lejos, el panorama de la vida política de Nicaragua presenta presagios de graves conmociones. Alentados posiblemente por la pervivencia casi putrefacta del carcamal cubano y por el desarrollo de los acontecimientos en Venezuela, el sandinismo marxista reagrupa sus bases y proyecta, en alianza con la facción más corrupta del Partido Liberal Constitucionalista, la reconquista del poder.

En ocasiones se tiene la impresión de que algunos pueblos cultivan sentimientos masoquistas de amor hacia sus atormentadores y verdugos. De otro modo no puede explicarse que una parte considerable de la población nicaragüense siga apoyando o apoye de nuevo a quienes no hace mucho tiempo integraron uno de los gobiernos más opresores y corruptos de la historia del país.

Cediendo a la presión internacional, merced también a la eficaz intermediación de la comunidad de países hispanoamericanos y, sobre todo, porque los dirigentes sandino-marxistas estaban firmemente convencidos de que (gracias al control casi completo de la vida social) era imposible perder el poder, consintieron llevar a cabo elecciones libres. Y las perdieron.

Los nicaragüenses deben tener la absoluta seguridad de que aquel fiasco político del sandinismo marxista no volverá a repetirse. Si los sandino-marxistas consiguen llegar de nuevo al poder, por el camino que sea, no volverá a abandonarlo, porque su convicción más profunda es en realidad que “nunca el poder del pueblo (léase: el poder de los sandino-marxistas) podrá ser derrotado ni con las balas ni con los votos” (Daniel Ortega, LA PRENSA, 5 diciembre 1983).

La pesadilla pasada cobrará nueva vida. Se implantará de nuevo el orden socialista que mantendrá su dominio por el terror, para permitir que los poderosos del partido acumulen todavía más riquezas a costa del pueblo escarnecido y explotado.

Y en Nicaragua volveremos a escuchar frases parecidas a las que Castro sigue repitiendo desde hace casi medio siglo: “Dentro de la revolución todo. Fuera de ella nada”. Así, patéticamente, Jaime Wheelock decía el 28 de noviembre de 1983: “O hay Nicaragua sandinista y revolucionaria o no habrá Nicaragua”. En los albores de la revolución Humberto Ortega expresaba: “Nuestro pueblo ya votó el 19 de julio de 1979 con las armas en la mano (…) votó por sí mismo, por el sandinismo”. Y el 24 de agosto del mismo año explicaba que las elecciones son “para mejorar el poder, porque el poder lo tiene el pueblo, a través de su vanguardia, el Frente Sandinista de Liberación Nacional”.

¿Seguirán acariciando los nicaragüenses la cuerda que los llevará al patíbulo?

El autor fue profesor de laUniversidad Técnica de Berlín

Editorial
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