Nicaragua, dos países en uno

Marco A. Mayorga L.

Se observa y escucha cómo en Nicaragua como si se tratara de dos países. Una Nicaragua política impredecible, de corto plazo, alterando reglas e implantando desconfianza a la inversión —como lo confirmó el señor Poma en la inauguración de Metrocentro—. Y otra Nicaragua económica, activa, ansiosa de progreso, tomando riesgos, invirtiendo y empleando —aún en un sector muy reducido—.

He asistido a muchas inauguraciones de empresas pequeñas, medianas y grandes. He notado optimismo, progreso, trabajo y dinamismo. Casi todos expresaron que el optimismo se mantiene ignorando o minimizando las noticias políticas.

Pienso: una clase política operando en un escenario democrático práctico y objetivo. Proyecto de nación. Alternabilidad y flexibilidad. Respetando el gobernar que permite actuar, ejecutar y progresar. Compitiendo en época eleccionaria. Ganador y en cada ciclo querer y aportar por administrar Nicaragua con eficiencia. Leyes y acciones políticas facilitando el ambiente de negocio. Una sola Nicaragua.

Nicaragua progresaría económicamente a ritmo impredecible. Atrayendo a miles de inversionistas y más de un millón de turistas. Con muchas empresas y trabajadores contribuyendo con impuestos, nos beneficiaríamos con un presupuesto varias veces superior y dejaremos de mendigar para educación, salud y obras. El desempleo casi no existiría y no emigrarían miles de compatriotas. La dependencia de instituciones financieras internacionales sería mínima.

Conversando con políticos de los partidos, todos piensan igual y tienen buenos sentimientos por Nicaragua; pero en la práctica se logra lo contrario. Algunos piensan que son representantes y dueños de la verdad. Mantienen diferentes estándares de opinión y conversación del mismo tema. Opinan según con quien conversan. No se tienen confianza en el mismo partido, mucho menos entre diferentes partidos. Algunos no permiten el éxito del contrario y se esfuerzan que fracase. Otros tienen la mentalidad de vivir por vida del Estado y sus acciones son impredecibles.

El dinamismo económico significa recursos que las áreas sociales demandan. Para prolongar el dinamismo, más que continuar insistiendo sobre lo que deben hacer los políticos —han significado muchos años perdidos—, podría ser más conveniente y fácil, el que eviten acciones y expresiones. Que dejen hacer y trabajar. Que dejen ser noticias de primeras planas.

Miles de graduados universitarios y los que no han tenido oportunidad de formarse —año a año— demandan trabajo. Ante esta presión social y el dinamismo económico regional, los políticos de Nicaragua deben responder. Es momento que la política se enmarque en un ambiente competitivo orientado a la eficiencia y el progreso.

El autor es empresario.

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