- Habrá un superdirector nacional y un nuevo centro antiterrorismo
Washington/ EFE
El Senado aprobó el miércoles, por 89 votos contra dos, la reforma de los servicios de inteligencia de EE.UU., después de que la Cámara de Representantes le diera el visto bueno la víspera.
Tras la aprobación del Senado, tan sólo falta la firma del presidente George W. Bush para que se convierta en ley la reforma más profunda de los servicios de inteligencia de EE.UU. desde 1947, cuando se creó la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Entre sus principales medidas, la propuesta de ley prevé la creación de la figura de un director nacional de inteligencia, encargado de coordinar a la quincena de agencias de espionaje que existen en el país.
El plan de reforma establece un nuevo Centro Nacional contra el Terrorismo (NCTC), cuya misión será coordinar y consolidar las operaciones contra el terrorismo mundial.
El proyecto de ley protege la cadena de mando militar y deja en manos del Pentágono el control de las operaciones militares sobre el terreno, incluyendo el uso de equipos de alta tecnología como los satélites de espionaje.
Establece una Junta independiente para la protección de los Derechos Civiles y la Vida Privada de las personas, que tendrá acceso pleno a las agencias gubernamentales para vigilar el cumplimiento de esos derechos.
También exige que las agencias gubernamentales compartan “oportunamente” con otras entidades locales, estatales y federales los datos sobre posibles amenazas terroristas.
La reforma ha generado escepticismo sobre su verdadero impacto y eficacia en la seguridad nacional.
Expertos consultados por EFE temen que el plan de reforma, de más de 600 páginas y el más importante en el período posterior a la Guerra Fría, se reduzca a una complicada “reorganización” del organigrama, con poco efecto para evitar más atentados.
La iniciativa establece el cargo de Director de Inteligencia Nacional (DNI) —un “zar” que supervisará a las quince agencias de espionaje—, la creación de un centro nacional contra el terrorismo, más vigilancia fronteriza y más lucha contra la financiación de grupos terroristas.
El proyecto sigue algunas de las 41 recomendaciones que presentó en julio la Comisión que investigó los atentados del 9/11. Esa tragedia dio pie a la creación del Departamento de Seguridad Interior (DHS) el año pasado, lo que también generó un intenso debate.
La crítica de entonces es similar a la que ahora se escucha en Washington sobre los cambios en la jerarquía de los servicios de espionaje: produce un abultamiento de la burocracia que no hará mella en la “cultura” que prevalece en su interior.
Al igual que el DHS —que heredó las lacras de varias agencias de seguridad nacional—, la “comunidad” de los servicios de inteligencia tendrá que bregar, simultáneamente, con una transformación exigida por el Congreso y la constante amenaza de un enemigo muy distinto al de la Guerra Fría, según los analistas.
“El mayor problema es de comunicación y de compartir los datos de inteligencia, y un cambio en el organigrama no cambia el paradigma actual. Tiene que haber un cambio fundamental —algo que toma tiempo— para que todos por igual compartan la información que llega a sus manos”, dijo Charles Peña, un experto en seguridad del Instituto Cato.
“Estamos ante un enemigo muy ágil y adaptable, y cuanta más burocracia, más difícil será combatirlo (…) la mejor tecnología del mundo no nos ha ayudado a pescar a (el terrorista) Osama Bin Laden”, subrayó Peña.