¿En qué quedó la justicia?

Ana María Ch. de Holmann

Toda la trama que se desarrollaba y se dislumbraba desde hace algún tiempo, ya está confirmada con la absolución del ex Presidente y reo Arnoldo Alemán por los tribunales que componen el Poder Judicial que unidos se propusieron alcanzar ese objetivo. La mayoría de los nicaragüenses sabe que este resultado se debe a una “negociación” por el pacto libero-sandinista.

Hay una pregunta que flota en el ambiente y es la incógnita del límite de hasta dónde se llegará.

Eduardo Enríquez en su usual columna sabatina del pasado 4 de diciembre formula unas preguntas al Poder Judicial, que no sólo a él le preocupan, sino que a todos los nicaragüenses, los que nos hacemos esas mismas interrogantes y nos preguntamos al igual que lo hace Eduardo Enríquez: ¿Cómo se siente la juez, ahora magistrada Juana Méndez? ¿Cómo se siente el juez David Rojas? ¿Cómo se sienten el magistrado y las magistradas Enrique Chavarría, Martha Lacayo y Silvia Rosales? ¿Cómo se sienten los magistrados que integran la Corte Suprema que ahora se debería llamar la “Suprema Cortesía o Suprema Cortesana”, ya que a lo largo de estos últimos años se ha venido prostituyendo, disminuyendo, debilitando el término de justicia en Nicaragua entre los poderes que llevan ese adjetivo. Pronto tendremos presente en nuestras mentes acerca de la justicia como un mensaje jocoso de una cerámica artesanal que dice: comamos y bebamos y si nos critican diciéndonos gordo o gorda, hagámonos el sordo o la sorda…

La sordera al clamor del pueblo es el mejor privilegio para los serviles quienes son los que reciben los beneficios que urdieron los pactistas, es una lástima por no decir una vergüenza.

Estamos preparándonos para la venida del Redentor al mundo y este tiempo es de alegría y de profunda reflexión. El profeta Isaías —más de 800 años antes de la venida de Cristo— nos previene: “En aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él se posará el espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de piedad y temor a Dios”.

“No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia al desamparado, con equidad dará sentencia al pobre, herirá al violento con el látigo de su boca, con el soplo de sus labios matará al impío. Será la justicia su ceñidor, la fidelidad apretará su cintura”.

A veces —muchas veces— tenemos o debemos aplicar estas sentencias a nuestras circunstancias actuales de la vida; es muy útil para rectificar nuestros errores, debilidades y para no hundirnos más en ellos y someternos a un castigo irreparable como nos señala Juan Bautista el precursor de Cristo y de su Iglesia: “Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será cortado y arrojado al fuego”.

Y una última pregunta que hace el periodista Eduardo Enríquez a los poderes antes mencionados acerca de la manipulación y ultraje a la justicia a que se prestan: “¿Qué sienten cuando están solos con su conciencia?”

¡Ven Señor, Rey de Justicia y de Paz!

¡Ven Señor aquí a Nicaragua, reina en Nicaragua y tráenos la justicia y la paz!

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí