Guillermo Areas [email protected]
Aún no entiendo la decisión del Partido Conservador de quitarse su traje verde, ponerse uno multicolores e ir a las elecciones municipales bajo el nombre de Apre, acompañado en su liderazgo por una mayoría de ex funcionarios del gobierno PLC del doctor Alemán y sandinistas arrepentidos de su militancia rojinegra durante los ochenta.
En el año 2000, el Partido Conservador, de un universo de 1,459,531 electores a nivel nacional obtuvo 203,843 votos para un total del 14 por ciento. Para el 2004 con mayor número de electores concurriendo a las urnas a nivel nacional, bajo la famosa alianza Apre, sólo obtuvieron 155,252 votos para un 9.14 por ciento. Quizás les hubiera ido mejor a los conservadores con el color de su uniforme original e irse solos al estadio.
En número de votos a nivel departamental perdieron en los bastiones históricos del conservatismo, como Granada, Boaco y Chontales. En ningún departamento de la República obtuvieron más votos que el PLC.
De alguna manera la junta directiva del PC pensó que ganarían cambiando el color del uniforme, disfrazando el nombre del partido, gastando millones en propaganda, apoyándose en un par de medios de comunicación privados, hoy día tildados de oficialistas, el Gobierno y el proselitismo político del Presidente de la República.
La mayoría de los directivos del Apre, unos son empresarios, otros políticos con agenda propia, otros funcionarios gubernamentales de profesión, pero todos ellos carentes del carisma o liderazgo para motivar a un pueblo cansado de engaños y promesas incumplidas.
La propaganda misma del Apre, la cual fue eminentemente anti PLC, FSLN, los caudillos y sus candidatos a ediles municipales, denunciando todo lo anterior como un sistema existente de corrupción, se tornó en contra de ellos, ya que no pudieron diferenciarse de ese universo el cual nunca denunciaron mientras estuvieron dentro del mismo y recibían sus respectivos beneficios.
El demasiado involucramiento del Presidente de la República con el Apre vendió la percepción de que éste es un partido de gobierno convirtiéndose el Apre en receptor de la poca confianza y credibilidad que en las encuestas ha demostrado el pueblo para con el actual régimen.
Las bases conservadoras nunca fueron consultadas si querían esa unión. No se sabe si los escasos votos conseguidos fueron votos conservadores, votos PLC disidentes, votos sandinistas arrepentidos o una mezcla de todos ellos. El PC perdió la oportunidad de contarse e ir al diálogo como la tercera fuerza política del país. Muy a la nica, ahora no son ni chicha, ni limonada.
El sentido político aconsejaba que el PC fuera como partido, cobijando bajo la sombra de su bandera verde a todas aquellas microcélulas políticas que desearan ser sus aliados y no confundirse en una mezcolanza de colores, letras e intereses personales de otros por obtener la relevancia política que nunca tuvieron en sus partidos y lograr de alguna manera estar en el juego.
Los partidos políticos no se forman por decisiones colegiadas de juntas directivas a la sombra de capital y voluntad gubernamental. La tercera vía saldrá del pueblo, cuando éstos vean a las personas que desean asumir liderazgos dispuestas a efectuar los sacrificios necesarios en aras al bienestar del pueblo. La historia así nos lo dice y así fue como nació el FSLN, terminando con las paralelas históricas de verdes y rojos.
A estas alturas del juego ya no podemos hablar de ofrendar la vida y guerras que sólo dejan muerte y desolación, pero sí, el pueblo quiere ver una relación directa entre el hablar y el actuar de quienes desean ser líderes y crear una tercera fuerza.
El PC es como un velero varado en la arena. De nada sirven los vientos si nadie lo echa a la mar. Se necesita liderazgo para echar al PC a la mar y el viento del pueblo lo pueda llevar a su destino.
El autor es Abogado y Notario