Celebración de fervor popular

Martín Loredo

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Celebración de fervor popular


Martín Loredo




La Virgen María siempre ha tenido un lugar especial en el corazón del pueblo nicaragüense. No en vano hemos acuñado el eslogan de “María de Nicaragua, Nicaragua de María”, puesto que sentimos en su persona a la protectora, aquélla que con amor maternal nos infunde la seguridad de estar siempre a nuestro lado.

Hoy, cuando el olor a pólvora e incienso de las purísimas nos sumerge en celebraciones devotas y pletóricas de amor a la Madre del Señor es importante hacer un alto en nuestro caminar y pensar en ese ser como parte importante de nuestra redención, ya que por su positiva y humilde respuesta del Sí Dios inicia su obra de redención para toda la humanidad.

El Sí de María, además de ser una respuesta valiente y de fe, puesto que no sabía lo que venía pero sí estaba segura de que podía confiar plenamente en el Señor, es además un ejemplo de humildad y de estar siempre disponible a la voluntad Dios a sabiendas incluso que “una espada le traspasaría el corazón”.

El ángel saludó a María diciendo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”, recibiendo así plenamente la bendición con que Dios ha colmado a Cristo para que fuéramos santos e irreprochables ante él por el amor. Desde el principio, el libro de Génesis anuncia la victoria de la descendencia de la Virgen (es decir Cristo) sobre Satanás.

María señala SS Juan Pablo II en su encíclica Evangelium Vitae, es “la mujer gloriosa en la que el designio de Dios se pudo llevar a cabo con total perfección” como la Iglesia, “María tuvo que vivir su maternidad bajo el signo del sufrimiento”. El Sí de la Anunciación madura plenamente en la cruz, cuando llega para María el tiempo de acoger y engendrar como hijo a cada hombre que discípulo derramando el amor redentor de hijo: “Jesús, viendo a su madre y junto a ella a su discípulo a quien amaba dice: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26)

María llevó a Jesús en su seno, lo alimentó y lo crió, le enseñó las primeras palabras, lo amó como la más tierna de las madres, ella le conoció mejor que nadie. Formó parte importante de la vida de Jesús, no sólo como madre sino también como amiga, participando en su vida pública, guardando en su corazón todas su palabras, intercediendo en sus milagros, y acompañándole por vía dolorosa hacia el calvario para decirle junto a Él, el último Sí al Padre. Por lo tanto es importante señalar que es imposible hablar de Jesús sin mencionar a su Madre. Ella es la primera cristiana.

Los padres de la Iglesia enseñan que María fue libre de toda mancha de pecado. Es por lo cual con el parecer positivo de los obispos de todo el mundo el 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX proclamó como dogma de fe la Concepción Inmaculada de María, con estas palabras:

“Por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y la nuestra proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción… en atención a los méritos de Jesucristo… es una doctrina revelada por Dios y debe ser, por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles” (Bula “ineffabilis Deus”. Ver Lg 53-59)

La Iglesia Católica nos enseña pues, a venerar a la Virgen María con un amor filial especial. Es decir, alabarla y honrarla, rendirle homenaje como Madre de Dios y suya pero sin adorarla porque esto está reservado únicamente a Dios.

No es en vano que en nuestro país dediquemos esta celebración de La Gritería con tanta alegría y fervor popular, ya que a nosotros también nos ha acompañado en todo momento como Madre, ha intercedido incluso en los momentos que los ataques a nuestra fe fueron más recios, ella siempre nos animó e intercedió ante su hijo por este pueblo consagrado a su corazón fortaleciéndonos y llevándonos a un nuevo camino de esperanza.

Los nicaragüenses siempre descubriremos en María Inmaculada, llena de gracia desde el comienzo de su existencia, aquello que ya somos y estamos llamados a ser más plenamente; “hombres nuevos”, especialmente cada vez que entonemos con verdadera devoción mariana que ella es y será por siempre “la causa de nuestra alegría”.

El autor es estudiante de periodismo

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